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Noviembre 09, 2004

Reencuentros

Ultimamente me encuentro demasiado con una persona a la que conozco de vista por habérmelo cruzado varias veces por la calle y a la que no saludo nunca.

Estas cosas son normales en mí: hace ya mucho tiempo que decidí no tener reparos morales en no saludar a alguien a quien nunca he saludado y que, además, no se haría eco del saludo aunque se lo diera. Pero el problema es que sobre esta persona flota la ominosa sombra de un recuerdo extraño. A ese chaval me lo presentaron hace mucho, en un recreo del colegio, dos días antes de que lo trasladaran a otro por culpa de sus malas notas. Sin embargo, se ve que sigue viviendo por el barrio, y el otro día descubrí que no sólo me lo encuentro con demasiada asiduidad, sino que además vive a dos puertas de mi casa.

Este descubrimiento, hecho hace cosa de un mes, me hizo pensar que a lo mejor el chaval sí me recordaba pero pensaba de mí que era un gilipollas por no saludarle. Dispuesto a mejorar una relación que nunca había existido, un día que nos cruzamos alcé las cejas y le dije un "hasta luego" en tono conciliador. El tío puso cara de haberse sorprendido y me devolvió el saludo sin mucha seguridad.

Ahí me di cuenta del chasco. El muy desmemoriado no se acordaba de mí, y eso que de nuestra presentación formal sólo distaban dieciseis años. Y para mejorarlo, yo había decidido saludarle como símbolo de buena voluntad y él me respondía como si fuera un loco callejero al que hay que seguirle la corriente. Lívido de ira, resolví que le podían ir dando. Aquella había sido la primera y última vez que le dirigía la palabra. Por desconsiderado.

Ahora que trabajo y mis idas y venidas son más frecuentes, me lo encuentro mucho, y sigo sin saludarlo. El problema ahora es que cada vez que no lo hago el tío me mira como sorprendido de que no lo recuerde. Claro, esto me pasa por saludarlo una vez. A lo mejor un par de días después consiguió ubicarme en su memoria y ahora le entristece que cada vez que me cruzo con él mire distraídamente hacia otra parte.

En resumen, que debe pensar que soy un gilipollas. Como al principio, vamos. Lo que pasa es que ahora paso de saludarlo de nuevo, no sea que me devuelva la pelota o peor, se convierta en una persona de la que ni recuerdo el nombre y con la que tengo que detenerme para la charla insustancial de dos minutos que siempre me trago cuando me encuentro con alguien por la calle. En fin, que ahora la cosa está de la siguiente manera: Yo giro una esquina, él viene calle abajo, yo busco desesperado algo donde fijar mi atención, él me mira esperando el saludo, nos cruzamos, él sigue calle abajo, y yo me muero de la vergüenza por el feo que acabo de hacer.

Hace una semana estaba en la cola del supermercado y adivinen quién apareció tras de mí: sí señores, él. Al principio yo hice como que no le había visto, pero de tanto mirar al frente acabó por poderme la presión y tuve que girarme y sonreír.

-Hola.
-Hola, qué tal.

Cojonudo, otra vez en las mismas. Ahora tendré que saludarlo cada vez que me lo encuentre por la calle. Y el caso es que no quiero, porque ni conozco su nombre ni su vida ni nada de nada. Lo único que sé es que tiene que ser un cabrón con pintas. Hay que serlo para traer tanto de cabeza a una persona completamente desconocida, vamos. Ni con mis peores enemigos tuve tantos problemas.

(Adrián) | (#) | Opiniones (9)

Comentarios: Reencuentros

Sobre el tema de los saludos quería escribir yo y llevo un par de semanas que me trae de cabeza. Yo tenía la vaga idea de que era normal no saludar a nadie cuyo nombre no conociera. Y así iba yo feliz por mi vida

Pero, de vez en cuando, te encuentras por la calle con alguien que conoces "de vista", ya sea porque sois compañeros de facultad, de trabajo, mismo gimnasio... bueno, está claro que no lo vas a saludar. El problema viene cuando descubres que viviís por la misma zona y los encuentros son cada vez más frecuentes.

Comprendo tu problema. Todos los días al salir de casa a las ocho y media me encuentro con las mismas 3 personas que un día decidí no saludar. Día tras día tengo que bajar la mirada al suelo haciéndome el loco. Es realmente incómodo

La otra solución (lo que tú hiciste) me gusta aún menos. En mi caso, al menos, sería como decir "sí, sabía quiénes érais y no, no os saludaba". Y después le sumas la posibilidad de tener que pararte a hablar sin tener nada que decir

Abe | Noviembre 9, 2004 04:15 PM

Igual para él solo eres "el tipo que me saludó un día porque me confundiría con otro"

Urui | Noviembre 9, 2004 05:11 PM

Acabo de recordar el comienzo de "Divorcio en Buda"... Por lo demás, yo saludo o no, y ni me quita el sueño ni naranjas. Es que me da igual, vaya.

Soy un desagradable. Yupi.

efe | Noviembre 9, 2004 05:15 PM

Yo no saludo a nadie, pero no por antisocial, sino por miope. Lo que pasa es que como tengo fama de lo primero, nadie se cree lo segundo. Pero juro que es cierto.

Andrés | Noviembre 9, 2004 05:20 PM

Esto confirma mi teorí de que eres un poco gilipollas...pero lo digo de buen rollo ¿eh?

Kurtz | Noviembre 9, 2004 09:55 PM

A mi también me pasa muchas veces. En mi camino hacia la universidad me encuentro gente que conozco de vista o que, incluso, me han presentado.

Pero a las siete de la mañana no me interesa hablar con nadie, así que sudo de la gente. Es más, ya es automático: ni siquiera los veo.

En cambio, cuando alguien se cruza (literalmente, en dirección opuesta) conmigo, entonces sí saludo; pero lo hago justo cuando la persona en cuestión ya ha pasado de largo, es decir, cuando esa persona ya ha decidido no saludar.

De esta forma quedo bien y hago quedar al otro como un gilipollas, y son estos pequeños detalles los que le alegran la vida a uno. :D

saludos

PaRaP | Noviembre 10, 2004 12:04 AM

Mira que te complicas la vida con cada tontería... eso debe de ser cool, supongo.

Chache | Noviembre 10, 2004 12:38 AM

Pues a mi me ha parecido encantador, esas cosas que nos pasan, nuestras pequeñas inseguridades y absurdas complicaciones.

hadit | Noviembre 10, 2004 01:21 AM

Leyéndote, me han llamado mucho la atención las veces en que te metes con el pobre hombre, como si reflejaras en su persona la frustración que te crea el tener que encontrártelo. Y no lo digo de mala manera, al revés, lo que pasa es que a mí me ocurre eso mismo muy a menudo y tiendo a pensar que el "otro" es un descastado por aparecerme al lado y no saludarme, cuando soy yo misma la que no le saluda a él. Y a todo esto yo quería comentar otra cosa, pero se me ha ido el santo al cielo...

Irene | Noviembre 11, 2004 12:31 AM
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