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Noviembre 11, 2004

Viva la gente

La gente. Desde que estoy trabajando, he podido observar que una de sus desventajas es que tengo que ampliar mi trato con la gente. Es inevitable. Yo que pensaba que había cumplido mi cupo de relaciones sociales hace cosa de medio año (y me esforzaba por crearme enemigos que compensaran un poco la cosa), me veo ahora en la obligación de rebajar mi poco talante con la masa de personas en general. Y es difícil, porque si mis impresiones sobre ellos ya resultaban "poco favorecedoras", dicho de una manera sencilla, la posibilidad de atender a todo tipo de pelajes no es que me brinde una oportunidad de oro para mejorar dichas impresiones.

Creo que ya he explicado más de una vez que tengo más de un Adrián en mi interior. Somos muchos, somos multitud, y todo ese rollo. El caso es que después de mucho tiempo de meditación, contemplación, y tiempo libre suficiente para todas las pajas mentales que se le ocurran a uno, he logrado diferenciar todo mi barullo interno en dos subcarpetas: Mi Adrián Jekyll y mi Adrián Hyde.

Adrián Jekyll es un tipo sencillo, humilde, quizás demasiado afectado por su falta de autoestima, con una necesidad casi agobiante de estar a buenas con toda persona que conforme su entorno laboral, social o familiar. No le cuesta nada hacer favores o sacrificarse en pos de esos objetivos. Es raro verlo de mal humor.

Adrián Hyde es un cabronazo. Es intratable, gusta de estar solo, y no deja de ser un quejica rencoroso que moriría si no pudiera ponerle pegas a algo. Es un tipo nervioso, irritable, prejuicioso y con poca paciencia. Odia que lo hagan esperar, o que le hagan bromas (pese a lo mucho que le gusta hacerlas a él), y es un irresponsable despistado que va a lo suyo sin contar con los demás. En lo que concierne a las relaciones con otras personas, es un témpano de hielo o un cacho de carne cruda, según se dé el caso.

Una vez delimitadas las dos consciencias que habitan en mi interior, pensaba que me sería mucho más fácil controlarlas y saber utilizarlas para el bien de mi karma. Lo que hacen los ninjas, pero sin poses raras. Lo que pasa es que no hay manera de hacerlo. Mis dos personalidades son unas hijas de puta cada una en lo suyo, y en vez de poseerme por turnos prefieren hacerlo al barullo, dejando relucir algún rasgo de uno mezclado con el de otro. Y la verdad es que así no hay manera.

Cuando entré a trabajar, pensaba que mi obligación de tratar a la gente con educación y respeto, pero sin dejarme avasallar, atemperaría ambos filos de mi navaja. Pero ni por esas. La gente -y de eso quería hablar yo- es gilipollas. Acude a un bar a destilar con alcohol las penas que no puede superar, y de paso dan por saco a un humilde servidor que le atiende. Otros parece que van a quejarse por todo, desde el momento en que toman asiento hasta en el que te piden la cuenta. Alguno quiere hacerse el gracioso y te toma por el pito del sereno o por el mayordomo que nunca tuvo.

Y luego está el que llega cuando todos estos han pasado y se encuentra a un Adrián hasta los huevos, harto de tener gente alrededor y con ganas de ir a su casa a encerrarse en sí mismo y poder cagarse en la madre de toda la humanidad, y claro, por mucho que uno fuerce la sonrisa y sepa tratar al cliente por encima de todas sus propias neuras (que uno sigue siendo un profesional, señora) , siempre se le escapa la frase de "ea, ya nos ha tocado el camarero amargado". ¿No es encantador?

Lamentablemente, todavía se encuentran algunos especímenes que se comportan con el respeto y la educación que se le deben a todo buen cliente, y que joden la oportunidad de generalizar con todo derecho. Bienvenidos a mi pequeño Hyde. Viva la gente. Bastardos hijos de la gran puta.

(Adrián) | (#) | Opiniones (3)

Comentarios: Viva la gente

Más que atemperar rasgos de tu personalidad, cada vez vas a ser más intratable para ese tipo de personas. Pero da igual. A veces mola ser borde. A mí me parece de lo más edificante, vaya.

Irene | Noviembre 11, 2004 06:11 PM

Ostras, qué suerte. A tí te dejan ser borde.

No sabes la suerte que tienes. Yo no puedo ser borde ni con la gente desagradable, ni con la que me grita, ni con la que me carga.

angua | Noviembre 11, 2004 06:19 PM

Es que, amigo Adrián, como dicen Faemino y Cansado "¡la gente es burra, burra, burra, buuuuuurrra!"

Que grandes filósofos!!

Spaulding | Noviembre 12, 2004 08:12 AM
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