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Noviembre 20, 2004

El Lobo, un mal turrón

Apoyado por la policía, un joven vasco se infiltra en la cúpula de ETA con el objetivo de desmantelarla gradualmente. Al principio todo funciona, pero una serie de hechos aceleran un final anunciado desde el primer minuto de la película: el infiltrado ve descubierta su posición y pierde su cobertura, teniendo que escapar y verse condenado a vivir en el anonimato.

En el pretendido (y muy acertado, a mi ver) afán de contar la historia desde un punto de vista objetivamente histórico, alejándose de los conocidos y polémicos debates sobre ETA y el independentismo vasco, la película se desarrolla en la línea del más puro thriller. Existe hasta una femme fatale que desequilibra en ciertos momentos las decisiones del resto de protagonistas.

Sin embargo, ya se sabe que la historia nunca es como la cuentan vencidos ni vencedores. La película encuentra su fallo más grande en un guión forzado que al no quererse mojar, pierde toda su miga en mitad de un mar de actuaciones justas en los mejores casos y penosas en el resto. Todo se sostiene muy bien hasta la mitad de la película en la que -supuestamente- se nos empieza a desvelar que ni los buenos son tan buenos ni los malos tanto (a este respecto, me resulta muy gracioso que en esta película, coproducida con Francia y dirigida por un francés, no haya levantado revuelos por el enfoque romántico y casi justificante que se hace de la banda terrorista en la primera parte; esto lo dirigen otros en este país, y el pollo está servido), dejando al protagonista en un estado de inseguridad del que tendrá que salir por su propia cuenta, sin el respaldo de nadie. El problema reside en que uno no puede jugar a la ambigüedad con unos personajes troquelados de principio a fin, que ni se molestan en participar del punto de inflexión: el policía seguirá siendo un fascista, el infiltrado no dejará de ser un santito cuyas motivaciones quedan diluidas o directamente ignotas, y así hasta el final.

La película se afloja, pues, en mitad del nudo, dejándose llevar por un guiño conspiratorio falso -reconocido por el propio director- que se carga la propia intención meramente histórica y veraz de la que presumía. Asumiendo que las decisiones finales son directamente inciertas, uno no puede creerse las motivaciones iniciales. Ni que el personaje de Noriega sea tan bueno, ni que el de Coronado sea tan malo, ni que el de todos los dirigentes etarras sean en el fondo unos idealistas de buen corazón menos el de uno que es malo maloso. Si a esto encima se le une que la mitad de las actuaciones rozan el ridículo -a saber: Santiago Ramos, Jorge Sanz, Silvia Abascal, José Coronado-, la iniciativa se hunde por completo.

Eso sí, a su favor queda una ambientación magnífica y unas escenas de acción muy bien conseguidas. Como siempre, una buena forma no hace un mal fondo, ni aunque este tenga potencial.

(Adrián) | (#) | Opiniones (2)

Comentarios: El Lobo, un mal turrón

La verdad es que, habiendo vivido esa época como yo, encontré la película falsa y demasiado políticamente correcta en muchos aspectos. Estoy con usted en que lo único que funciona son sus cuidadas escenas de acción.

Spaulding | Noviembre 20, 2004 06:50 PM

Me contaron que El Lobo tuvo hasta 3 oportunidades de oro para terminar con la banda y no dejar ni las miguitas. Pero en todas las ocasiones se encontró con que los mandos no querían colaborar entre ellos y buscaban quedarse cada uno la medalla y todo el mérito.

También me contaron que El Lobo, viendo eso, se hartó de estar infiltrado y correr riesgos y lo mandó todo a la mierda. Con razón, diría yo.

Urui | Noviembre 21, 2004 02:47 PM
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