Cosas que uno aprende trabajando en un bar
1) La gente es sucia. Guarra. Puerca con ganas. Generamos una cantidad de mierda apasionante. El mito del camarero super-cool que se pasa el día en la barra haciendo virguerías con las botellas y preparando cócteles es una burda patraña. El camarero medio se pasa el 80% del tiempo fregando y limpiando la mugre que el cliente normal crea en el espacio de media hora. Desde ceniceros en los que parece que han aprovechado para tirar la basura del mes, hasta posavasos hechos pedacitos minúsculos, o servilletas empapadas por doquier, o una bonita y asquerosa pota en la barra.
2) La gente está loca. Ida de la olla. Cuando un tipo llega, pide bebida para dos, comida para dos, y mientras se lo come y bebe todo no para de hablarle a una silla vacía, es que algo no funciona. Y eso es sólo un ejemplo.
3) La gente se aburre. O eso, o no tiene vida. Pase que la mitad de los habituales suelan ser personas que llegan, piden cerveza, y se quedan seis horas leyendo el mismo periódico, sin comer, sin hablar, sin pedir más cervezas, es raro. Ahora, que se vayan cinco minutos y vuelvan cambiados de ropa, pidan un copazo, y se líen a leer otro periódico durante otras cuatro horas, ya es para ir plantearse una vida nueva. O una de verdad.
4) La gente es gilipollas. O lo parece. A mí que no me jodan, llegar y pedir un descafeinado de sobre con unas gotitas de anís, servido en vaso bajo, con un cubito de hielo, son ganas de dar por saco, y no otra cosa. O eso, o se aburre demasiado, como en el punto 3.
5) A la gente le encanta poner pegas. Es un vicio extraño. Si el guacamole está frío, porque está frío. Si se lo calentamos, porque ahora quema demasiado. Que si quiero el plato más pequeño, que si esto está demasiado hecho (enseñando un entrecot que casi mugía), que si a mí el pan me gusta un pelín más tostado... Todo se entiende una primera vez. El cliente siempre tiene la razón. Estamos aquí para servirle. Pero si tengo que cambiarle el puto guacamole seis veces, el que se está pasando de rosca es usted, no yo.
6) La gente es muy lista. Pero lista, oiga. Yo pido una ensalada de atún, me llega una jardinera, me como la mitad y luego exijo que me traigan lo que yo pedí. O si no, cuando una camarera me derrama sin querer un poco de cerveza en el pantalón, digo que no pasa nada y sonrío amablemente, pero en cuanto se va le exijo a otro camarero que me de un postre gratis porque una compañera suya me ha derramado la bebida y ni siquiera se ha disculpado.
A todo esto hay que ponerle una sonrisa, claro. Que no se diga que no somos profesionales.
(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
Eso más que un bar parece una macedonia de Benny Hill, Mr Bean, y una peli de espias de los 70.
Logan-X | Noviembre 25, 2004 05:02 PMLo de hacer pedacitos los posavasos me ha dolido, snifs.
Snifs.
Ya no me quieres como antes...
efe | Noviembre 26, 2004 10:46 AMLo de que el cliente siempre tiene la razón es demasiado anglosajón. Los seres humanos saben que el profesional es el que tiene la razón. Con perdón, claro :D
Germán | Noviembre 27, 2004 04:42 AM