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Enero 02, 2005

Delirios (y no de grandeza)

La virguería de pasarme Nochevieja trabajando me ha traído de regalo un gripazo del copón. La casualidad de no haber comido absolutamente nada en cerca ya de treinta y seis horas, amén del desbarajuste horario que el trabajo ha provocado en mi sueño, han hecho que me pasara toda una noche despierto, tirado en la cama, expulsando mi cerebro derretido por los orificios nasales. Y delirando, por supuesto.

La primera gripe que recuerdo fue a los ocho o nueve años, y la recuerdo porque me pasé casi una semana a más de treinta y ocho grados, arrebujado en mi cama sin saber distinguir lo que era realidad de lo que era demencia infantil. Durante mi convalecencia, mi mente me jugaba la alegre pasada de hacerme ver a un tigre que aparecía en el pie de la cama y avanzaba sigilosamente hacia mi rostro con la sana intención de devorarme. Yo, inmediatamente, me ocultaba bajo las sábanas y cuando volvía a mirar, el tigre ya se había ido. Disfrutaba de unos segundos de alivio, y el tigre reaparecía de nuevo. Un sinvivir.

Recuerdo también que a veces el tigre no desaparecía, y entonces el puro terror me animaba las extremidades debilitadas por la fiebre y salía corriendo de la cama, aullando de miedo y despertando a toda la familia, hasta que me volvían a introducir en la cama y me obligaban a dormir.

Ayer noche la gripe volvió a deleitarme con delirios a cual más cruento. Entre semisueños que parecían ser realidad, y las extrañas sombras que invadían mi habitación, estuve a punto de volver a despertar a mi familia con gritos fantasmales y aterrados. El desfallecimiento que me poseía la consciencia de no haber comido nada y, además, de no tener hambre, me impedían levantarme a tomar alguna medicación que aliviara mi estado.

En resumen, que fue una bonita manera de recibir al Año Nuevo. Ahora me encuentro mucho mejor, y puedo contarlo. La epopeya febril de anoche contará entre las pocas veces que recuerdo haber temido realmente por mi salud a largo plazo. Supera incluso aquella vez que me dio un cólico y creí, sin vacilación ni incertidumbre alguna, que me iba a morir.

Lo que más me frustra de todo esto es que me haya ocurrido, principalmente, por cuestiones laborales. Estas cosas son las que suceden cuando has estado hasta las cejas de alcohol y de juerga, no cuando cumples con tu horario. Esta podría ser otra batallita que contar cuando mi estricto régimen carnívoro y mi poca preocupación por lo que la salsa picante o la cerveza puedan hacer a mi organismo (por no hablar de mi cada vez más alarmante adicción a la cocacola) me obliguen a recluirme en una clínica de desintoxicación-por-cualquier-cosa. Pero como no es resultado ni de una miserable resaca, pues nada.

Hay que joderse.

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Comentarios: Delirios (y no de grandeza)

Joder con la gripe. Yo hace tiempo que no tengo fiebre con delirios. Mucho tiempo. Tenía cierta tendencia a escuchar rodar cantidades industriales de canicas en el piso de arriba. Iban de un lado a otro , sin parar.

absence | Enero 3, 2005 01:58 PM

Yo cogí una gripe con 12 años que me tuvo 15 días dormitando en la cama con 39 de fiebre. No podía ni leer ni ver la televisión, sólo oír música, y para más inri tenía que venir alguien a cambiarme el disco cada equis tiempo. Por desgracia no recuerdo ninguno de mis delirios febriles, aunque sí sé que eran más auditivos que visuales (creo recordar retazos de Sabina cantando "Mi amigo Satán" con la voz de Darth Vader).

Santo | Enero 5, 2005 10:42 PM
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