Viejas glorias
Yo antes era un experto en ser un puto vago. Me venía de nacimiento. Mi extrema capacidad para quedarme quieto frente a un televisor asombraba hasta a los más holgazanes de mi círculo social. Lo veía todo. No tenía ni puñetera idea de cuál era el rey al que ajusticiaron en la Revolución Francesa, pero en menos de treinta segundos te recitaba el orden de partidos que habia tenido el New Team hasta llegar a la final. Y el resultado. Y los goleadores. Todo. Y ni siquiera me gustaba la maldita serie.
Con el tiempo, fui perfilando mi estilo. Amplié el repertorio. Lo mismo daba estar tumbado en el sofá viendo la tele que en la cama leyendo un tebeo o un libro (esto último me daba una especie de salvoconducto con mis padres, pero tampoco me libraba de las broncas cuando llegaban las notas). Ahora, lo mismo da lo uno que lo otro que estarme diez horas frente al ordenador. Un maestro, lo que yo les diga.
Los tiempos cambiaron. Descubrí que hacer el vago el cien por cien de mi tiempo no era tan rentable como dedicar un cinco por ciento a las responsabilidades para poder disfrutar del resto. En pocas palabras, tuve que ceder un poco para poder seguir estando en la cima.
Pero eso fue el principio del fin. No es que empezara a gustarme no ser vago, pero mi elección me dejaba en desventaja frente a mis competidores. Casi sin quererlo, empecé a aprobar demasiadas asignaturas. Los profesores me iban cogiendo cada vez más buen ojo. Pude sobrevivir un tiempo gracias a mi impecable pasado de holgazanería, pero todo el mundo sabía que no podía durar mucho. Estaba empezando a dejar de ser el mejor.
Para recuperarme, cambié de colegio. No empecé con mal pie, pero siendo un instituto público la competencia era más dura. Además eran los últimos años, y yo llegaba de nuevas. Todo el mundo estaba más que entrenado en lo de aprobar lo justo para haraganear lo indecible.
Finalmente, tuve que aceptar que había perdido la chispa. Era una vieja gloria, un espectro de otro mundo que no había sabido adaptarse al cambio. Una reliquia.
Ahora, en el trabajo, han venido malos tiempos (la cuesta de enero, ya saben), y los de tiempo parcial tenemos menos horas, ergo, más tiempo libre. Y no saben ustedes lo que es tener que ocupar tanta cantidad de minutos y segundos en algo que no parezca mínimamente productivo. Un suplicio. El trabajo me ha alienado tanto que ya no aguanto nada frente a la tele, o con un tebeo, o con el ordenador. ¿Recuerdan al viejo de Cadena Perpetua que sale de la cárcel y tiene que adaptarse a la vida moderna? Pues lo mismo. Atroz. Me horroriza saber que voy a pasar la tarde en mi casa, con tiempo libre.
Con lo que yo he sido. Hay que joderse.
(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
Más q tiempo libre... es tiempo que no cobras!!
Jamfris | Enero 21, 2005 12:20 AMAy, qué pena que no queden ya recreos ajenos como excusa para el ocio... Ahí sí que fuiste un héroe mítico. :P
La Conciencia de Jack | Enero 21, 2005 01:40 PM
Chache | Enero 22, 2005 01:05 PM¿Y ya está? ¿Te vas a rendir así como así? ¿Tiras la toalla? ¿De qué te han servido todos esos relatos de héroes que has leído todos estos años? ¡Aprende de ellos, maldición! ¡Puedes volver a ser el mejor! ¡¡No te rindas ahora!!