Nervios
Total, que entramos a cenar. Y pasando la vacía zona de espera, torciendo en la columna, me doy de bruces con mi jefe. El tipo que me paga las habichuelas, cenando con unos amiguetes. Y a mí, de repente, se me quita el hambre.
Situación incómoda. Rocío va a buscar mesa (allí, allí, lo más lejos posible, le digo), yo me quedo saludando. A él, a la esposa, a los amigos. A todos los conozco del bar.
Total, que me siento. Hecho un manojo de nervios. ¿Por qué? No es que odie a mi jefe, pero así como que me siento nervioso. Para arreglar el tema, salen unos mariachis y se me arrancan por corridos y rancheras. Y además, mesa por mesa.
Pedimos. Cuando me llegan los nachos de entrante, veo que por la puerta aparece la pokemon-china-te-vendo-una-losa. No es que compartir espacio con ella me incomode, pero es que a esta también la conozco. Es de las que nos tienen dicho una y mil veces en el bar que no las dejemos entrar, que dan mala imagen, pero a mí es que se me revuelve algo dentro cada vez que tengo que hacerme el duro e impedirles el paso. Total, que me saluda. En plan "yo a ti te conozco, tú eres el cabrón que nunca me deja pasar". Empiezo a tamborilear los dedos en la mesa. Los nachos se me atragantan, aunque puede ser que tengan mucho pique. La china se acerca a nuestra mesa y ya estoy temiendo que me diga algo. Miro a mi izquierda y los mariachis también se acercan. Alerta. Ya sólo falta que por el flanco que me queda libre aparezca mi jefe con una carta de despido o algo. Pero no, todos pasan al final, como si no existiéramos. Sin querer, me meto en la bca un nacho demasiado grande y me clavo las esquinas en el paladar. Rocío me mira, pensando que voy a estallar, seguro.
Total, que mis jefes se van. Nos despedimos y tal. Uno de los amiguetes me dice en spanglish "Hasta luego, gracias". La coletilla que nos suelta a los camareros cada vez que se va del bar. Hay que joderse.
Un respiro de tranquilidad. Los mariachis se toman un descanso. La china se va. Ea, a comer. Conversación distendida, chistes, todo eso. Las venas de mi cuello se relajan.
Entonces pido la cuenta. El camarero cambia de alegre a serio, y se nos acerca solemnemente a la mesa. Ya la hemos cagado. Algo habremos hecho. Siento el aneurisma en mi cabeza crecer y crecer, las gotas de sudor resbalándome con la frente, clavo las pocas uñas que me quedan en la silla.
"La cuenta... esto...". Parece que me vaya a decir que mi madre se ha muerto. Mi mente se reorganiza por escasos segundos y pienso que es una broma. Ahora salen los mariachis y nos cantan feliz aniversario, o algo, porque llevamos bolsas con regalos envueltos y lo mismo se creen que celebramos algo. El ojo izquiero me palpita. Me duele el brazo. Ahí viene el infarto.
"El caballero que se ha ido hace poco les ha pagado los postres."
Ahí va. Mi jefe. Papelón. O sea, no. Que muy agradecido. Pero yo con el buen hombre no he tenido más relación que un holaquetal, puesaquíestamos. Relajación porque lo de la cuenta no es grave y embarazo porque yo esto no me lo esperaba, joder. Que en estas cosas uno no sabe si agradecerlo es educado o no, así que ya me veo balbuceando un graciasjefe mañana. rediós.
El postre, mu güeno. Tartita de chocolate. O debería decir "atorador de arterias con sabor a chocolate", porque aquello tiene la textura de la arcilla blanda en vez de la espumosa que se le supone a una tarta. La reconcentran más y explota por fusión fría, la hijaputa. Vamos, que viene muy bien para el estado de mi ritmo cardíaco, que a estas alturas debe parecer un solo de batería.
Total, que pagamos. Por Dios, vámonos ya de este infierno. Aquí no vuelvo más, proclamo. Y si vuelvo, envío alguien que me allane el terreno. Que uno no está para estos sustos.
De vuelta a casa, frío polar. Mezclado con la humedad del río. Mis pulmones, encharcaditos, mi nariz, soltando lastre.
Así es imposible conseguir un poquito de descanso, hombre.
(Adrián) | (#) | Opiniones (5)
No se queje de un jefe que le paga los postres... Yo tenía uno que, en una cena de esas falsas de Navidad con compañeros de trabajo, el tipo invitó a toda la mesa a una (¡¡¡¡una!!!!) botella de cava. Y éramos 15 (¡¡¡¡quince!!!!) personas.
Spaulding | Enero 27, 2005 08:20 AMPues le dices a tu jefe de mi parte que es un cutre de cojones. O paga la cena entera, o la copa de después en otro sitio, pero eso de pagar sólo los postres es un quiero y no puedo lamentable, hombre.
Somófrates | Enero 27, 2005 10:08 AMHombre, Somófrates, déjalo, que a caballo regalado, etcétera. :P
Mañana te tocará quedar bien, sí. Un "hombre, gracias por el detalle de ayer" nunca está de más. ;)
Por cierto, en Sevilla hace el mismo frío acojonante que aquí en Málaga, ¿no? Y encima la humedad... Puto río / mar...
Santo | Enero 27, 2005 01:43 PMPeor hubiera sido que mandase a la china con una rosa de regalo para tu acompañante, acompañada de los mariachis atacando con "Clavelitos" (las cosas o se hacen bien o no se hacen). Ahí si que te habría dado el síncope fijo, o un ataque de enajenación homicida por culpa del nacho atravesado (el aperitivo, no tu jefe).
Logan-X | Enero 27, 2005 10:33 PMViniendo de un "jefe" sólo me puedo tomar su invitación como un cargo de conciencia. Los "Jefes" siempre han hecho algo malo y lo saben, por eso invitan cuando pueden, porque no pueden soportar el cargo de conciencia. Pero hay algunos que no tienen ni conciencia, así que no se molesten si algunos no les invitan cuando pueden.
Woed | Febrero 8, 2005 02:48 PM