Sigo siendo más cool que tú

(Adrián) | (#) | Opiniones (9)
Mi patito radiactivo

Continuando la enumeración de mis mascotas que empecé en este post, les presento a mi patito radiactivo. Es pequeñito, tiene un muelle por cuerpo y le sale una cadena del cráneo unida a una ventosa. En definitiva, es más feo que Picio, el pobre, pero tiene su encanto. Lo adquirí de un tratante de esclavos ambulante que los iba vendiendo de bar en bar, y como todo el mundo sabe, yo compro cualquier cosa que huela a pato, y más si llevo tres o cuatro cervezas en el cuerpo.
Mi patito radiactivo no tiene poderes ni nada que se le parezca, salvo ese halo a lo Chernobyl que lo acompaña a todas partes. Es quizá el más tímido de todas las mascotas inanimadas que pueblan mis aposentos, pero se lleva bien con todo el mundo y estorba poco.
(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
El clásico ocio de matar gente indiscriminadamente
A mí los videojuegos nunca me tiraron demasiado. Ya de enano me conformaba con el Spectrum 48K de mi padre para jugar a un Arkanoid de cassette que me devoraba las tardes entre que se cargaba y que no. Mi padre se esforzaba en comprarme más juegos, pero a mí lo que me iba era reventar ladrillos con la pelota. El instinto de la edad, supongo.
Luego llegaron las consolas, pero como por aquella época mis padres abogaban por negarle caprichos al niño para que le curtiera el duro mundo del preadolescente aburrido de ver C.O.P.S en la tele, lo único que conseguí rascar fue una Gameboy y un par de cartuchos que duraron hasta que un niñato al que desconozco me la robó con sutileza y mala leche en el patio del colegio. Así se le haya podrido el pene de por vida.
Mi existencia transcurrió plácida sin videojuegos, entre otras cosas porque un amiguete tenía la Mega Drive y nos pasábamos tardes enteras jugando a Marble Madness y demás historias. Todo hasta que dicho amiguete se aficionó a los juegos de combates y tuve que desintoxicarme. Y es que a mí los juegos en los que dos tipos se pegan de toñas hasta que uno encuentra la combinación adecuada que de el golpe mortal me parece demasiado repetitivo, incluso para un videojuego (y además, era muy malo).
Hasta ahí parecía que mi affaire con el mundo del pixel se había acabado, pero el auge de las recreativas junto con mi ingreso en un instituto público me reconciliaron, entre otras cosas, con el Cadillacs Y Dinosaurios. También lo hicieron con el futbolín, ya puestos.
Después llegaría el ordenador. Me hice el amo de las aventuras gráficas LucasArts, desarrollando un elitismo informático que me llevó a despreciar injustamente el Sam & Max Hit The Road. A cambio, me convertí en el maestro del Day Of The Tentacle
y del Monkey Island. Pero claro, es que si en aquella época no te gustaba Monkey Island, o eras tonto o eras gilipollas.
Ahora ya no juego ni al ordenador ni a las consolas. Está todo demasiado hiperdesarrollado, demasiado real. Y a mí qué quieren que les diga, para una cada vez mayor imitación de la realidad tengo la propia vida. No necesito a los Sims para jugar a las familias nucleares. Yo necesito el pixel, los sonidos cutres, lo artificioso de un videojuego para ponerme a tono. El único juego que me mola de GTA es el primero, porque es tan basto que tienes que jugar.
Y, por supuesto, está el Carmaggedon. Aquí quería llegar yo. Un videojuego destinado a no ganar la carrera sino a destrozar todos los coches y, mientras tanto, reventar alguna ancianita. Le pillé tal vicio al juego que creo recordar que pude hasta destrozar un coche policial. Mi padre lo odiaba, la sociedad lo denunciaba, y mientras tanto yo satisfacía mis ansias psicópatas con un juego que era puro entretenimiento pixelado. Porque la segunda parte es una bazofia poligonal. Pero el primero... El primero olía a talento.
No sé dónde estará el juego. Probablemente descansará junto al Spectrum que guardamos cuidadosamente como pìeza de coleccionista (confío en que algún día pueda vender la tecla con la que hacíamos LOAD "" y dar de comer a mis hijos), no lo sé. Hoy he estado viendo una peli de persecuciones y me he acordado del jueguito. Y me han entrado hasta ganas de jugar.
Y de ahí he sacado este post nostálgico. Hay que estar aburrido, coño. Creo que me voy a echar una partidilla.
(Adrián) | (#) | Opiniones (7)
Daily News
Hoy es domingo, y como en domingo el botón izquierdo del ratón se sustituye por la pelusilla del ombligo, toca poner un post-de-relleno. Ahora es cuando ustedes dicen "Ah, ¿pero el resto no eran de relleno?" y yo les baneo a todos. De nada.
Este hombre que ven a su izquierda se llama Jon Stewart, y presenta un espacio semanal en los USA llamado Daily News. El programa, emitido en ese formato raro de los norteamericanos donde hay pausas cada cinco minutos, sería un especie de CQC si no fuera porque el extinto programa de Wyoming nunca tuvo tanta mala hostia.
Porque, señores, lo que destila este programa es mala hostia de la que ya no se ve en estas teles asimiladas por la corrección política. El señor Stewart, un showman en toda regla capaz de dominar toda suerte de gestos y tonos de voz para hacer más evidente que se ríe de todos, presenta una serie de secciones que muestran a próceres de la política y la sociedad haciendo y diciendo cosas estúpidas. No necesita un doblaje ni una entrevista perfilada a reirse del objetivo: le basta mostrar sus declaraciones en pantalla y después hacer el chiste.
El programa tiene más secciones, que suelen ser reportajes especiales y entrevistas. Y la gente no se corta. Dicen de todo, se meten con todo, y no respetan a nada. Incluso sueltan un fuck cuando tienen que soltarlo, porque saben que la cadena los censurará con un pitido y que éste resulta aún más hilarante que el propio taco.
Desde aquí recomendamos absolutamente el visionado de este programa. Desgraciadamente sólo se emite en la CNN (raro, ¿verdad?), pero aquí en España la emite Paramount Comedy, canal que sólo podrán ver los pequeñoburgueses como yo que se suscriben a cincuenta canales para que el zapeo sea más ameno.
Se estarán preguntando por qué dedico un post a una cosa que sólo pueden ver cuatro gatos en este país. Pero oiga, es que este es un post dominical. No digan que no lo avisé.
(Adrián) | (#) | Opiniones (4)
Basado en hechos reales
En estos momentos la afamada Antena 3 nos está deleitando con Pánico en la red, filme de sobremesa basado en hechos reales (suponemos), que como podemos ver se titula en el original Every Mother's Worst Fear, o sea, "el peor miedo de toda madre", en una traducción más literal y menos imaginativa que la que ya lleva.
La película narra las vivencias de una madre desesperada porque a su hija la han secuestrado, trama clásica de las películas de sobremesa antenatresianas que, como hemos dicho, bien podrían estar basadas en hechos reales y servir de aleccionamiento para todos los televidentes. En esta ocasión a la niña la raptan porque, ojo al dato, conoce a un chaval por chat, queda con él, y resulta que es un psicópata a las órdenes de otro (con quien también se comunica vía internet), que la rapta contra su voluntad.
La madre, desconociendo todo esto, pide ayuda a su mejor amiga, y en sus pesquisas descubren que la hija de la amiga también tiene ordenador, internet, y además chat. El acabóse, vamos. La policía investiga pero como esto no va de policías sino de amor madre-hija, se declara incapaz. La madre, entonces, recurre a un último recurso que le chiva un compañero de trabajo: recibir un curso intensivo de internet de manos de un tipo con gafas y jersey que nunca sale de su casa ni deja que nadie vaya a visitarlo. Un friki, vamos.
La trama se desarrolla más tarde hacia los insospechados límites de la pornografía infantil y el trauma de la madre, que ya sólo confía en su mentor de internet para encontrar a su hija. Pero eso ya no importa, porque el mensaje ha quedado claro: la culpa de todo esto no es de la madre, que ha traido el internet a casa sin informarse siquiera para poder desentenderse de su hija mimada e irresponsable, sino de los usuarios de internet que son o psicópatas en acto y potencia, o frikis purulentos cargados de estigmas sociales e higiénicos. La hez, vamos.
Así que ya saben: vayan desconectando el módem, que es un invento del diablo.
(Adrián) | (#) | Opiniones (10)
Superpoderes para todos
Hace pocos días estaba en el curro y hasta las narices de atender mesas. En esto que veo a un par de guiris (h)ojeando el menú, coqueteando con sentarse en una de las más lejanas y fastidiarme las ganas de quedarme en la barra un ratito más. Así que los miré fijamente, entrecerré los ojos con pose enigmática, y empecé a concentrarme, murmurando suavemente las palabras: "No quereis sentaros, no quereis sentaros."
Los guiris aún dudaron unos segundos, pero al final, como obedeciendo a una orden sobrenatural, dejaron el menú sobre la mesa y se largaron con viento fresco. La orden era la mía, claro.
Cuando se lo comenté a mi encargado pensó que demasiadas horas al sol me habían producido un grave problema mental. Pero estaba clarísimo que mi voluntad había interferido en su deseo de sentarse, y había vencido.
Hace dos días, entré en una cafetería y mis ojos se posaron sobre la tarta de queso. No tenía demasiada hambre, pero cualquiera que me conozca sabe que a mí la tarta de queso me pierde. Estuve así medio minuto, pensando que si sí, que si no, que si me pedía una porción. Al final elevé mi mirada y ésta se cruzó con la del camarero, apoyado comodamente sobre la barra, observándome fijamente. Y ahí se me quitaron las ganas de pedir tarta de queso.
Ahora piensen en todas las veces que han estado dudando si comprar algo o no, y piensen en las veces que han elegido lo último (o lo primero, que sería más terrorífico). La próxima vez que les ocurra, fíjense rapidamente en los dependientes. Si alguno les está observando con fijación, ya saben que no están actuando por cuenta propia.
Ahora ya sé por qué compré muchas cosas que compré...
(Adrián) | (#) | Opiniones (2)
Coleccionismo
Yo antes coleccionaba postales. Hacerme con ellas y apilarlas en una repisa de mi estantería calmaba gran parte de mis neurosis y me permitía comportarme como una persona humana.
El problema llegó cuando me di cuenta de que a cincuenta céntimos la postalita, mi neurosis comportaba más gastos que pagarme un psicólogo que me las curara. Sólo quedaba ceñirme a los expositores de Postalfree, cuyas postales o son feas, o publicitarias, o directamente no hay. Y para coleccionar postales sin tratar de conseguir TODAS las de Los Simpsons, pues casi que lo dejaba.
Lo dejé. Me redimí. Un par de meses después, estaba con los bolis. Los bolis estaba chulo coleccionarlos, porque tenían utilidad, y si se gastaban siempre podría sustituirlos. En resumen: un coleccionismo autoregulado y funcional.
Problema (cómo no): Tengo un irresistible aprecio por la tinta líquida de color negro. Me incomoda sobremanera (y empieza a guiñarme el ojo, a temblarme el pulso...) escribir en algo que no sea eso, así que tengo cerca de veinte bolígrafos de tinta líquida de color negro que, para más inri, no uso. Y los bolis son más caros que las postales, así que...
Ahora colecciono frases. En vez de buscar citas de famosos, que es algo que hace cualquiera con Google y un poco de tiempo libre, me dedico a escuchar a los que me rodean y vampirizar sus palabras cuando combinan a mi gusto. Luego las utilizo en mis propios círculos y las hago mías.
Lo gracioso es que no las apunto. Mi cabeza las absorbe y me las devuelve a la lengua en momentos precisos. Así no me saturo ni provoco sospechas por estar anotando con minuciosidad conversaciones ajenas en una libretita. El problema vendrá cuando alguien reclame la legitimidad de sus frases. Ahí es cuando deberé pasar a otro objeto de neurosis que no sea la matanza indiscriminada de jóvenes infantes.
¿Ustedes qué sugieren?
(Adrián) | (#) | Opiniones (1)
Los bloggers somos la hostia
-¡Hola!
-Hola.
-¿Te has enterado?
-¿Qué ha pasado?
-¡Hemos conseguido retirar la campaña publicitaria del 11s en El País!
-¿"Hemos"?
-Bueno, ya sabes... los bloggers.
-Pero tú no has participado.
-No, pero le he puesto un enlace a uno que sí se quejó, que ha enlazado a uno que envió una protesta y...
-O sea que fue uno.
-No, bueno, en el fondo fueron unos cuantos.
-¿Cuantos?
-Ehm... Yo conozco a seis...
-Ajá.
-¡Pero lo importante es que hemos conseguido retirarla!
-Deja de decir "hemos", por favor, que yo no quiero que me mezcleis con eso... Además ¿Qué pasa con eso? ¿Os han dado un premio o algo?
-No, pero hemos conseguido que se sepa que los blogs son importantes.
-¿Sí?
-Exacto, ahora dejarán de tomarnos como simples personas que llevan un diario en la red... ¡Ahora somos una herramienta periodística!
-¿Seguro?
-¡Segurísimo! ¡Si hemos tumbado a un gigante como El País, podemos hacerlo todo!
-Esto... ¿Pero no te das cuenta de que al año se retiran miles de anuncios por la presión de los consumidores?
-Sí, pero...
-¿Y que El País tiene miles de lectores?
-Ya, claro, por eso es tan importante nuestra victoria...
-¿Y no se te ha ocurrido pensar que la retirada de la campaña puede deberse más a que muchas asociaciones y muchos lectores hayan escrito a la dirección del periódico para quejarse?
-Ya, pero es que...
-O sea, que cuatro bloggers escriben una carta al director, y ya nos creemos que somos una herramienta de poder mediático y que encima podemos creernos capaces de hacer la labor de un periodista, ¿no?
-Hombre, la verdad es que visto así...
-¿Y ahora que estás haciendo?
-Estoy actualizando mi blog, a ver si me suben de una vez el Page Rank...
(Nota: La conversación y sus autores son elementos totalmente ficticios; si alguien se ve representado aquí, es que está demasiado afectado por la locura blogueril. Desde Pause, le recomendamos que salga un poco a la calle y haga amigos. Gracias.)
(Adrián) | (#) | Opiniones (6)
Estar muerto es tonto
La gente no entiende que me guste Dario Adanti. Cada vez que me compro El Jueves (pocas, la verdad, que cada vez hay más paja y menos chicha), siempre me lo gorronean para reirse con Forges o con Ortega y Pacheco (Monteys no les hace ni fu ni fa, tampoco sé por qué), pero cuando llegan al bueno de Adanti tengo que sacar las garras para que no pasen página y me dejen sin leerlo. Y cuando me ven descojonarme se quedan lo mismo que mi familia la vez que me vio reirme a mandíbula batiente con La Hora Chanante (¡Chanante!), boquiabiertos.
Ignoro si existirá algún otro comic de este tipo que hayan editado en España y que no sea del Jueves, pero hasta el momento puedo contentarme con esto. Vale que cuesta 14 euros, vale que la rotulación es nefasta, vale que las dos o tres primeras historietas son malas de cojones. Pero en cuanto empiezan a darle salsa al asunto (sale el Hombre Gato y todo), es cuando ves al mejor Adanti. Igual es que es un trabajo primerizo, pero mola igualmente. A comprarlo todos a la voz de ya.
Anexo: Hoy ha entrado mi jefe al bar con un muñecote de Alien vs. Predator. La acalorada discusión que hemos tenido sobre su manifiesta estulticia al no reconocer que Alien 3 es una mierda pinchada en un palo (y eso que es de Fincher) ha degenerado en que mañana le voy a dejar mi DVD de Amanecer de los Muertos, porque estaba deseando verla. Comienza mi escalada en la empresa.
(Adrián) | (#) | Opiniones (10)
Historia verídica. De verdad de la buena.
Una de la mañana. El bar hasta arriba. Los ánimos hundidos. Entran tres o cuatro canis acompañados de sus respectivas consortes, pavoneándose y haciendo el gilipollas. Lo que me faltaba. Uno de ellos pasa junto a mí y me dice "¡Alegra esa cara, quillo!". Los hay subnormales.
Terminan su desfile idiota en una de las mesas. Ahí es cuando llego yo y convierto su socarronería en agua de borrajas. Fantas de naranja y cocacolas. No hay nada tan estúpido como hacerse el chulo con una fanta limón en la mano.
Uno se me acerca en plan colega y me dice "Cacique cola" a lo que yo respondo con la frase de rigor: El carné, por favor. El colegueo desaparece y lo sustituye un dni cuya foto no se corresponde en absoluto con el portador. Debe ser el hermano o algo. Pese a la fealdad congénita, al de la foto se le intuye un poso de dignidad que el otro no tiene.
En fin. Yo no quiero líos, el bar está abarrotado y estoy hasta las narices. Lo último que quiero es al niñato dándome la murga por un cubata roñoso, así que se lo pongo para que se pueda hacer el mayor delante de sus amiguitos.
Elipsis. Pasan las horas. Echamos a los remolones, limpiamos, cogemos propinas y nos largamos. Buscando el taxi, caigo en un callejón oscuro. No sé cómo lo hago que siempre me meto en los marrones por propio pie. No pasan ni cinco minutos y ya tengo sombras detrás. Y además ruidosas. Lo que más jode de esto es que te lo hagan lactantes.
Empiezan a llamarme. Quieren que les preste la mochila un rato. Pienso instantaneamente en si la ley de probabilidades habrá querido que algún incauto acepte. Me cortan los pensamientos con una manaza en el hombro y una voz que quiere ser grave: "Que te vuelvas, coño".
Me vuelvo. A estas alturas, ni correr ni defenderse ni pollas. Hay un pequeño segundo de reconocimiento. Entonces uno dice: "Quillo, que es el camarero."
La manaza opresora se convierte en palmadita amistosa. Las voces pierden la impostura. Las sombras se largan.
Y es que cuando uno es un profesional de lo suyo...
(Adrián) | (#) | Opiniones (6)
Tom Waits
Necesitaría recomendaciones sobre algún disco imprescindible de Tom Waits.
Lo digo antes de comprarme cualquiera y cagarla.
Gracias.
(Adrián) | (#) | Opiniones (7)
El consejo de la semana
Decía hace unos días el Hombrecillo Verde que se había aficionado al café con coca-cola para ponerse a tono con el día a día. Servidor, que vive ultimamente a diez segundos de retraso del mundo entero, probó el otro día la receta. Basicamente, pedí un café solo, una coca-cola y un vaso de pinta con hielo; eché el café, eché la coca-cola, tapé la boca del vaso con un posavasos y mezclé, no agité. Inmediatamente después, ante la atónita mirada de mi compañero, me lo eché al coleto.
Bueno no está, dicho sea de paso. Hay que pedir mucha agua después para eliminar la sensación de haberte tomado una tostada quemada. Eso sí, el hijoputa funciona. La única pega es que si en tu trabajo es esencial que no te pases las horas con el intestino como si fuera una tubería oxidada, la cosa pierde puntos.
Sin embargo, la tentativa ha dado pie a otro experimento mucho más efectivo. Y este es el consejo de la semana: si tienes un día tonto o soñoliento, toma café y coca-cola, pero de manera separada. Parece una chorrada, pero diversas pruebas con diversos compañeros (nos aburrimos mucho, sí) dan un margen alto de efectividad (excepto el que se cagó por la pata abajo, pero bueno). El truco está en que te tomas primero la coca-cola (con rapidez, para que el gas te haga llorar los ojos y tengas que despertarte por cojones) y diez minutos después, te tomas el café, para poner el cuerpo a tono.
En esto último hay variantes. Si tienes el día muy tonto, te puedes tomar uno solo y además doble, pero luego no te quejes si dejas el baño como lo dejas, so guarro. Lo suyo sería un café con leche, pero en este país no hay dos personas que tomen el café igual, así que tú mismo. Yo, que soy un sibarita de mierda, me tomo un capuccino, que me deja el cuerpo fetén para aguantar el tute diario.
Esta experimentación ha dado pie a otros experimentos. El más popular, el que aúna la Mangaroca con el Legendario y además le añade zumo de piña. Dicen las malas lenguas que si sobrevives a eso tienes aguante para lo que sea. Pruébenlo y ya me cuentan.
(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
Como ya dijera Lou Reed...
...Such a perfect day.
He llegado tarde al trabajo porque había una manifestación de taxistas y la tres veces maldita empresa de autobuses, por alguna razón, "no tenía conocimiento del evento", pese a que lleva anunciado en los periódicos locales más de una semana. La manifestación, claro, pasaba por Constitución, a dos metros de mi trabajo, y nos la hemos encontrado de frente. Bronca con el conductor, caminata a pie en contra de los manifestantes, bronca del jefe.
A las cuatro, todo tranquilo. Pero la manifestación convocada a las 15:30 por alguien (profesores, creo) arrastra a mi bar (Constitución, dos metros, ya saben) una marea de manifestantes hambrientos de tanto gritar. Doble curro. Mitad de tiempo para almorzar. Yujú.
Salgo a las siete treinta y las calles vacías. Mola. No más turba enfurecida y pancartera. ¡Ja! en la parada, "servicio cortado por manifestación". Miro hacia atrás y allí están, agazapados frente al ayuntamiento, a la espera del pistoletazo de salida. Conclusión: vuelta a casa a pie. Cansancio. Tráfico de mierda. Calor.
¿No podrían hacer como en Inglaterra, que entran directamente a las Cámaras para agredir a los responsables, y si no, se disfrazan de Batman y se cuelgan de palacio? Redios...
(Escribo esto cuando ni siquiera sé bien las condiciones del servidor. Ole mis huevos.)
(Adrián) | (#) | Opiniones (1)
Cuestión de (pocas) pelotas
Ya lo dijo Homer Simpson: "Un balonazo en la entrepierna es un balonazo en la entrepierna". Sin embargo, en esta peli no funciona.
Los primeros veinte minutos son malísimos. Lo son tanto, que estuvimos más de una vez tentados de levantarnos y largarnos con viento fresco. Luego aparece el entrenador y la cosa se viene arriba, no tanto como para que la opinión mejore, pero sí para reirte. Algo es algo.
Y es que cuando aparece el entrenador (después del cameo de Hank Azaria, poco reconocible porque aquí no se le conoce mucho, y a mí particularmente nunca me ha hecho gracia), empieza la canela fina: entrenamientos a lo bestia, Ben Stiller se desata como malo maloso... Y los partidos. Se hubiera agradecido un poquito más de enjundia cómica en los partidos, pero vaya, se dejan ver gracias al tono paródico de esas pelis de equipos humildes que consiguen lo imposible que nos ponían a mediados de los noventa.
Aún así, la peli es un fiasco. Te ríes con la gran mayoría de chistes bestias (como dijo un amiguete, "si le das al de la silla de ruedas, la gente siempre se ríe" ), y sobre todo con los cameos: los de David Hasselhoff y Chuck Norris son para aplaudirlos, vaya.
Y Ben Stiller... Bueno, para ser francos, Ben Stiller fue la razón por la que fuimos a verla, así que la atención iba un poco orientada hacia él. Y hace un papel gracioso, pero a la mitad ya empieza a repetirse y acaba hartando. Ni siquiera el chiste de final de créditos es bueno. Sigh.
En fin, que no. Que cojan su DVD de Zoolander y vuelvan a echarle un vistazo, que esa sí que mola. Y además, sale Owen Wilson. En Cuestión de pelotas no sale Owen Wilson, y quizás es por eso por lo que no mola tanto. Este tío ha salido siempre en la mayoría de pelis de Stiller, y siempre lo borda.
Menos en los Tenembaums, claro. Pero es que esa no hay Dios que la salve.
(Adrián) | (#) | Opiniones (6)
Noticias breves
Mi cartera ha reaparecido. Ahora que tenía echado el ojo a una cosita preciosa con el nombre "Gucci" en ella, vuelve como el hijo pródigo. En fin. Después de un día entero cargado de miradas aviesas hacia mis compañeros, me han avisado del Starbucks de al lado que un cliente había encontrado mi cartera en un contenedor de basuras cercano. Cojonudo. Como era de esperar, no había dinero alguno en ella, y estaban todas las tarjetas (excepto aquella tarjetita de masajes orientales que me había traido Fer de Boston). Curiosamente, no olía a basura, por lo que me ha dado la venilla CSI y he reconstruido una escena en la que el supuesto ladrón me robaba, salía del bar, sacaba el dinero y la tarjeta de masajes y lanzaba la cartera al contenedor de basuras, para luego ser descubierta por un desconocido benefactor. La otra opción de mis compañeros es que fue el mismo ladrón el que entró en el Starbucks a decir que se la había encontrado, librándose así de las sospechas.
Hum. Otro caso sin resolver. En cualquier caso, la moraleja es que el Starbucks mola. Me han entrado ganas de un Frapuccino y todo.
(Adrián) | (#) | Opiniones (6)
Being Cool #2: El modernito
Bienvenidos una vez más a la lección cool de la semana. En el artículo de hoy nos saltaremos momentaneamente el temario previsto para hablarles del que está considerado el enemigo natural del cool, esto es, el modernito.
Desde la noche de los tiempos se sabe que donde hay gente auténtica siempre habrá una miríada de imitadores o de farsantes que deforman o directamente aniquilan la autenticidad de dicha gente. Ahí tienen a Bunbury, por ejemplo, un tipo que probablemente será un músico cojonudo, pero que con su manía de parecerse a Jim Morrison o a Calamaro (aún no lo sabemos bien, pero lo seguro es que está haciendo el idiota intentándolo), se está cargando su preciada imagen.
En el caso del cool, el antagonista principal es el modernito. Y es que aunque muchos sean incapaces de ver diferencias entre uno y toro, esas diferencias existen, y son notables. No hay más que ser un espectador avezado para notarlas.
Ya dijimos el otro día que el cool no necesita aparentar nada mientras que el modernito sí. Este axioma se debe a que el cool tiende a buscar una estética personal que se acople a su manera de ser, tendencia que suele verse malinterpretada por la gente en el sentido de que el cool busca activamente una estética a fin de no tener personalidad que resalte por sí misma.
Pues no, señora, eso no lo hace el cool, sino el modernito. Y he aquí la diferencia radical entre una especie y otra. El modernito viste lo que viste, escucha lo que escucha y piensa lo que piensa porque, sinceramente, tiene el mismo nivel de integridad personal que un ladrillo. Por tanto, es su labor labrarse un entorno visual y formal que rellene los huecos. El cool, por el contrario, es consciente de que tiene huecos, pero eso no le incita a cubrirlos. Antes bien, toda la estética que deja traslucir no es más que un añadido a la propia esencia, en vez de un sustitutivo. Un modernito asqueroso viste zapatillas de Adidas porque sabe que a la gente le mola dicha marca y que, además, es identificativa de un determinado tipo de tribu urbana. El cool podría llevar hasta un reloj Casio de cuando los ochenta, y seguiría siendo más auténtico que el modernito.
Así que, señores, no se dejen confundir por las apariencias. Ser cool es algo más que ponerse una camiseta de Marco. Ser modernito, no.
Ayuda mucho, de todas formas, saber que Bunbury lleva años cantando la misma canción, y que Von Trier es un peñazo de hombre.
(Adrián) | (#) | Opiniones (2)
Mal día
Hoy me han robado la cartera. Viva y bravo. Siendo el escenario del crimen la sala donde nos cambiamos los trabajadores, las sospechas van empatadas hacia alguno de mis compañeros o hacia algún cliente listo, que no sería la primera vez que alguien se cuela "buscando el baño". Ha sido fantástico andar sirviendo mesas mientras pensaba en quién de los que vestían el mismo uniforme que el mío me había pegado la puñalada. Deberían probarlo algún día en su lugar de trabajo, refuerza el sentimiento de compañerismo que no veas. Considerando la otra opción, la del cliente "despistado", lo que me daba era la risa. De hecho, no sé bien cuál de las dos opciones es más hilarante, pero en un momento determinado me ha dado la risa floja sólo de pensar en que alguno de los guiris que andaban por ahí, cerveza en mano, pensaba pagarme con mi propio dinero. En cocina ha hecho mucha gracia que contara eso. A mí me sigue haciendo gracia, pero supongo que el lunes, cuando tenga que pelearme en la Seguridad Social por una tarjeta nueva, seguro que se me quitan las ganas de reirme.
En fin, que me lo he tomado con filosofía, y con una cerveza extra al final por el mal rato, cortesía de mis jefes. Qué buenos son. Solventan la falta de responsabilidad por la seguridad de su establecimiento a base de alcohol gratis. Si algún día regento un garito del estilo, les copiaré la idea.
Resignado y medio contento porque las propinas han sido buenas, vuelvo en el autobus y un niñato hace amago de pegarme un tirón de la mochila haciendo como que se tropezaba. O igual no, igual se ha tropezado de verdad, pero a esas alturas yo no tenía ganas de seguir de buenas, así que le he mirado con la peor cara de que dispongo (las ojeras ayudan) y al chaval se le han quitado las ganas de hacer lo que quisiera hacer, si disculparse por el tropiezo o seguir con el burdo intento de atraco disimulado.
Ha rematado el día descubrir que me voy a tener que comprar otra cartera. Mierda.
(Adrián) | (#) | Opiniones (1)
Yum!
Teneis que ver este trailer.
De nada.
(Adrián) | (#) | Opiniones (2)
Mi patito satánico
Con ustedes, mi patito satánico. No puedo decirles el nombre porque odia que le pongan un nombre distinto al suyo, el cual es de esos impronunciables por la lengua humana. Se siente.
El patito me fue entregado en el momento adecuado por la persona adecuada y en el lugar adecuado, así que puedo considerarlo mi espíritu familiar. O, al menos, es lo que ponía en la etiquetita del fabricante. Tiene costumbres raras como permanecer eternamente callado, mirando al frente, y provocando muertes lentas, agónicas y sangrientas al incauto que le aprieta los costados para ver si emerge de él algún sonido. Suele ponerse encima del monitor de mi ordenador, y por las noches se cobija en las sombras para guardar mi sueño. No me produce beneficio alguno en el sentido material del término, y la verdad es que tiende a coger mucho polvo, pero siempre que lo llevo conmigo me siento protegido del Mal, lo cual ya es algo. Búsquense uno en cuanto puedan.
(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
Charla ebria
-¿Cuáles son los católicos, los de Irlanda del norte o los del sur?
-Ni idea, pero unos son católicos y otros no.
-De hecho, unos son "herejes ateos de mierda" y otros "católicos bienpensantes".
-Sí, esos tienen al Papa, vestidito de blanco...
-Cierto.
-Pero el Papa no folla.
-No, pero tiene un pollón.
-¿Sí?
-Segurísimo. Es al menos tan grande como el de Rasputín. Tú fíjate en las misas, que a veces se le nota.
-Pero el Papa no tiene...
-¿Erecciones? No, no puede.
-Qué putada.
-Desde el mismo momento en que sale la fumata blanca, el Papa queda completamente incapacitado para tener erecciones.
-Pues menudo desperdicio. Dios es un hijo de puta.
-Puede.
(Adrián) | (#) | Opiniones (2)
Spam que mola
(Post eliminado por el autor. Este post ha sido eliminado por haber hecho mofa y befa de una serie de conceptos que, merced a la desinformación del autor, no merecían esa hilaridad. Por tanto, borro este post para evitar males mayores, pidiendo disculpas a los posibles ofendidos. Sigan leyendo, por favor.)
(Adrián) | (#) | Opiniones (5)
Más cool que tú

(Adrián) | (#) | Opiniones (6)
Va de citas
En el trabajo, borrachos españoles tratando de enamorar a las adolescentes extranjeras. Fuera, una pareja follando en los escalones de la catedral; un coche pasa a toda velocidad y le falta poco para estamparse contra el semáforo; en el puente, un borracho se dedica a gritar Vaspaña! mientras levanta el brazo derecho en un extraño ademán; más extranjeros, estos cantando algo initeligible. Una pareja de niñatos pasa junto a mí con la moto a poca velocidad y sin quitarme ojo de encima. En la pared de la calle hay pintadas de "Andalusia Is Not Spain". Son las tres de la mañana.
(Adrián) | (#) | Opiniones (0)
Adrián Contesta
Decía Somófrates en el post anterior:
"¿Habría posibilidades de hacer un test tipo Ragazza? Sé que hay un gran cool dentro de mí y necesito descubrirlo."
Por supuesto, mi querido Somófrates. Sin ir más lejos, tenemos aquí uno en el cual puedes medir tu nivel cool. He de admitir que el test es poco completo, pero para el caso...
(En este otro, sin embargo, recibirán un bonito dato porcentual; disfruten).
Ahora les dejo, que me informan que ha llegado el nuevo catálogo de Ikea...
(Adrián) | (#) | Opiniones (10)
Being Cool #1: Ser cool
Desvelamos por fin uno de los (muchos) oscuros propósitos de este weblog. Se suponía que estas sesiones didácticas para descubrir al pequeño cool que llevas dentro estaban programadas para cuando la capacidad mediática de este blog me permitiera decirles cómo se hacen de verdad las cosas, pero el repentino estreno del nuevo Gran Hermano me obliga a acelerar el proceso.
Como primera lección para ser cool, no estaría de más explicar que el cool nace y no se hace. Lo siento, nenas, pero lo cool no consiste en una serie de reglas básicas sobre estética y vestimenta, como si fuerais jevis o (Dios no lo quiera) hippies, sino que va por lo genético.
Para no deprimir a las masas, también estaría bien puntualizar que esto de ser cool es un poco como ser alérgico: no te enteras de que lo tienes hasta que te acercas al catalizador, así que no sería de extrañar que más de uno por aquí tuviera las condiciones genéticas necesarias para ser cool. Por el contrario, hay muchas personas por ahí creyéndo serlo sin tener un ápice de posibilidades. Ahí tienen a Andy Warhol, por ejemplo.
Ya hemos dicho que debido a su condición innata, lo cool no exige una serie de requisitos mínimos para ajustarse al modelo. No hay modelo. No es necesario ser transgresor, ni poseer conocimientos arcanos de algo ni, por supuesto, de ser capaz de hablar en la jerga adecuada. En absoluto.
Lo de ser cool reside más bien en la capacidad de ejercer un justo elitismo sobre el resto de las personas que no lo son. Hacemos especial hincapié en esto porque la línea que separa al cool genuino del asqueroso modernito es muy fina: este último necesita predisponerse por encima de los demás para que no se le note que es un imbécil. Los cool de verdad saben desde el primer momento que molan mucho más que el 90% de las personas a su alrededor.
Por supuesto, huelga decir que esta amplitud de posibilidades dada la ausencia de mandamientos estrictos tiene sus matices, todos ellos atenuados por el sentido común: nunca podrás decir que eres cool si admites que te gusta Manu Chao, por ejemplo.
Nos vemos en la siguiente lección. Buenas tardes.
(Adrián) | (#) | Opiniones (9)
Mr. Chick

Aquí va otro enlace que deberíamos todos visitar. Contiene La Verdad en la forma de alegres y didácticos monigotes.
Apabullante.
(Adrián) | (#) | Opiniones (2)
Redrum! Redrum!
Igual alguien ya conoce esta página, pero como es domingo y no soy lo suficientemente original (o idiota) como para decir que me he muerto, la publicito igualmente.
Angry Alien es una página donde podemos encontrar revisiones en treinta segundos de nuestras películas favoritas, sólo que protagonizadas por conjeos. Por más que miro y remiro, no encuentro nada referente a alienígenas enfadados, pero da igual. Aunque también tiene otra serie de animaciones y hasta una tienda on-line donde venden camisetas y gorras, lo que mola es lo de las pelis.
No se inventan nada ni añaden textos. La parodia está en conseguirlo en treinta segundos con voces agudísimas y conejos. Punto. Si hace unos años me hubieran dicho que esa era una mezcla consistente para el éxito, otro gallo me hubiera cantado.
De momento, tienen unas cuatro o cinco películas, y aunque a algunas no le sacan todo el jugo que se merecen, hay alguna que es antológica, a saber: la de El Exorcista y la de El Resplandor.
No se la pierdan. Al menos son una alternativa digna a los Happy Tree Friends, que están ya de un cansino que...
(Adrián) | (#) | Opiniones (0)
Al mal tiempo buena cara

Las nubes se ciernen sobre la ciudad. En la calle huele a asfalto mojado. Hay algo eléctrico en el aire.
El mal tiempo ha llegado, señores, y ya era hora. Demasiado sol habíamos tenido.
(Adrián) | (#) | Opiniones (4)
El arte a hostias
Firma esto uno que alquiló Pitch Black y flipó colorines cuando sólo se esperaba una simple historia muy manida sobre aliens y humanos. Y el caso es que era eso, pero la mezcla variopinta de personajes, girando todos en torno a Riddick, con los filtros y tal, me fliparon. Porque la peli iba de eso. De Riddick. Y el resto de las cosas sólo servían para darle juego al personaje.
Ayer fui al cine para ver si al director (David Twohy) le había vuelto a sonar la flauta, y... Bueno, las Crónicas de Riddick siguen el mismo esquema: toda la historia y los personajes giran alrededor de Riddick. No sé quién es el guionista o el dialoguista de esto, pero no he visto tantas frases pasadas de rosca desde, por lo menos, El Último Boy-Scout. Esto no va ni de mundos futuristas ni de razas conquistadoras ni de pollas en vinagre. Esto va de Riddick dando hostias, soltando perlas y poniendo poses. Lo demás es, de nuevo, juego de lucecitas para que mole un poco más.
Y bueno, el señor Twohy debe ser un frikazo de los que ya no quedan, porque en poco menos de dos horas fusila media docena de hitos subculturales (no me gusta esta palabra, no pienso usarla más) y los transforma en un argumento al que el espíritu de Dune parece haber inspirado desde el principio (por decirlo de una manera suave), y que acaba en una debacle épica a lo Conan que debería hacerte saltar de la butaca, ávido de más.
Pues eso, que la peli mola. Es una macarrada gordísima pero, como dice éste, si la escena de la taza de té no te la pone dura, es que no tienes sangre en las venas.
(Adrián) | (#) | Opiniones (2)
Inspiración
Mis grandes momentos de inspiración llegan cuando me aburro. No necesito amores platónicos ni vidas de mierda ni sobredosis de drogas. Me basta con ejercer alguna tarea lo suficientemente plomiza como para que mi cerebro se separe de ella y empiece a divagar por cuenta propia.
El problema viene, claro, a la hora de sacar las ideas de allí y contenerlas en algún otro sitio, aunque sea una servilleta sucia. Como suelo aburrirme en sitios en los que no tengo medios para aprovecharlo (si no, no me aburriría), tengo que esforzarme en mantener el chispazo de inspiración dentro de la memoria para que cuando llegue a casa no se me haya olvidado. Mi memoria de pez no suele ayudar, así que cuando toca pasar a papel el pequeño relato o la frase perfecta para empezar esa novela (todos tenemos alguna vez esa frase entre los labios, y luego se pierde), ya todo ha cambiado. Relleno lo que no recuerdo con trozos improvisados, o pervierto la idea a medida que la transcribo. Da igual. Cuando he terminado, el resultado es siempre una pieza bastarda del original, así que le doy a Supr y lo condeno al olvido.
El problema viene cuando el aburrimiento me conduce a lo inverso: me entran unas ganas enormes de escribir algo, pero no tengo qué escribir. En esos casos, y si puedo, me arranco a improvisar con lo primero que me viene a la mente, con lo que el resultado no puede ser más nefasto: ayer mismo, en el descanso de la comida, me dio por relatar el día anterior, fumigando la barra, con Declam, el irlandés loco, que iba echando tabasco a las cucarachas que escapaban de los productos químicos. Era enternecedor ver a Declam rociando a las cucarachas con aquella botellita, como un obispo echando agua bendita a los fieles, y cómo las cucarachas se daban la vuelta, agitaban las patitas y fallecían. Luego a mí me tocaba barrerlas.
Escribí eso en la libretita, y luego arranqué la cuartilla, la arrugué y la tiré a la basura. Hoy por la mañana he intentado reproducir la anécdota y ha sido imposible.
Este maldito trabajo me está cortando las alas.
(Adrián) | (#) | Opiniones (1)