Truco o trato
Yo esto debería ponerlo el domingo, o incluso mañana, pero como soy consciente de que más de uno de ustedes anda nervioso pensando en el disfraz que se va a poner en Halloween (si hay por aquí alguno de esos advenedizos que aún celebra la Noche de Todos Los Santos puede ir largándose, ¡anticuado!), creo que lo mejor es que les revele la existencia de esta página, a ver si se les enciende la lucecilla y logran ser los más originales de la fiesta.
A mí me encandila especialmente el de Nancy Reagan.
(Adrián) | (#) | Opiniones (2)
Como la vida misma
Él: ¡Ponme un cubata!
Yo: ¿Perdona?
Él: ¡Que me pongas un cubata!
Yo: ¿Ron con cola?
Él: ¡No, hombre, un cubata!
Yo: Pues si no me dice de qué se lo pongo, no sé yo...
Él: ¡Coño, un cubata! ¡Ron y cocacola!
Yo: ...
***
Ella: Perdona, ¿De qué tamaño teneis lo nachos?
Yo: Los servimos en plato grande, ideal para comer una persona o para picar entre unos cuantos.
Ella: Ajá. Pero es que estoy yo sola, y va a ser mucho. ¿No los servís más pequeños?
Yo: No, lo siento mucho.
Ella: Bueno, pues entonces me pones una cerveza y... una tapa de nachos con guacamole.
Yo: Lo siento, ya le he dicho que los nachos sólo los servimos en ración.
Ella: Pero están en la sección de tapas, ¿no?
Yo: Están en la sección de tapas y raciones. Los precios de la izquierda son para las tapas y los de la derecha para raciones.
Ella: ¿Y si no viene nada a la izquierda?
Yo: Eso es que no lo servimos en tapas.
Ella: Ah...
Yo: Entonces, ¿Una cerveza y...?
Ella: Pues ponme una de nachos con guacamole.
(Diez minutos después)
Otro Camarero: Adrián, en la 25 hay una señora que dice que le hemos traido unos nachos demasiado grandes, que ella los quería en tapa, y que tú le dijiste que sí los había. ¿Tú le has dicho eso?
Yo: ...
(Es cojonudo recuperarse de la gripe y reincorporarse al trabajo...)
(Adrián) | (#) | Opiniones (5)
Amanecer de los Muertos
Me he levantado hoy con las piernas flojas. Los ojos hinchados y la cabeza embotada. A duras penas conseguía articular palabra, profiriendo sonidos guturales y roncos. Tenía que pasar, me he dicho. Tanto exceso, tanto cachondeo, y me he convertido en un muerto viviente. Es la última vez que ceno nachos con chili, coño.
Asumiendo mi nuevo status, he trastabillado hacia mi padre con la agradable intención de devorar su cerebro y convertirlo en uno de los míos. Pero le ha bastado verme para repelerme con un termómetro y enviarme de nuevo a la cama.
Ahora el que les cuenta la jugada es otro tipo de zombi. Mareado por estar todo el día sudando la fiebre y sin comer; con el cuerpo atiborrado a medicamentos; ustedes no lo ven, pero tengo que detenerme cada tres palabras para corregir la mecanografía.
Si ven esto muy parado, es que estoy en proceso de fermentación gripal. Lo mismo deliro de fiebre y puedo contarles algo psicodélico a la vuelta. Chi lo sa.
(Adrián) | (#) | Opiniones (4)
Roma
Que yo recuerde, no he visto en mi vida una película de Aristarain. De Juan Diego Botto sí, pero la verdad es que este no me da a mí mucho feeling. No sabía de qué iba, y además sólo una persona me ha hablado bien de ella, y ni siquiera la ha puesto por las nubes.
Me he negado a ver películas con mejores referentes. Pero aun así he ido.
No empieza bien; parece una película sobre un escritor veterano que enseña a uno novel lo que es la vida, y así el novato logra escribir un gran libro y además arregla sus problemas. Pero a medida que transcurre el filme nos vamos enterando que la película es una biografía sobre una madre y un hijo, sobre sus vivencias, su relación, su existencia en una Argentina que poco a poco se va viniendo abajo. Ella, por lo visto actriz de telenovelas, está impresionante. Él, Botto, aprueba con nota. También sale Marcos Mundstock, uno de Les Luthiers, y triunfa.
La película no va de libros, ni de jazz, ni de Argentina, pero todo aparece perfilado como un añadido, un mero detalle, y acaba perteneciendo a la historia como un pequeño pilar sin el cual la historia pierde lógica.
Roma, además, representa el ejemplo perfecto de lo que es mi particular Síndrome de Stendhal: saber que ese es el tipo de historias que uno quiere contar, y saber además que nunca en la vida va a tener uno talento para hacerlo.
Reconforta, sin embargo, saber reconocer el noventa por ciento de las referencias literarias que salen en la película. Del jazz no, pero es que siempre he sido negado para la música.
Ya están tardando en verla.
(Adrián) | (#) | Opiniones (6)
Lo retro ya no es lo que era
Leí el lunes en el periódico que alguien ha tenido una idea magnífica (o un golpe tremendo en la cabeza, vaya usted a saber) y a resultas de ella van a sacar un disco recopilatorio de los grandes éxitos (greites jits) de los años 80.
Sin entrar a discutir la calidad del contenido, esto ya se está pasando de castaño oscuro. Hacen una serie que supuestamente "revive" los ochenta "en toda su gloria". Sacan los deuvedés de Martes y Trece. Y los de Historias Para No Dormir. Mecano vuelve (otra vez). A Radio Futura le van a sacar un disco homenaje. El PSOE vuelve al Gobierno. Antonio Mercero sigue haciendo cine.
Vale, ya está bien. Ha quedado claro que algunas personas (demasiadas) están deseando hacerle un homenaje a los años ochenta. ¿Las razones? Lo único que puedo leer es que es algo "retro". Y que mola. Y por tanto, a saco con ello.
Yo no quiero ser muy cabrón, pero que yo recuerde lo retro es algo que cogías de una época pasada (y cuando decimos "pasada" no nos referimos a una década de la que todavía quedan personas con menos de veinte años) y lo reproducías en la forma actual. Lo que es un homenaje, vamos. Demostrar que algunas cosas no han muerto, que se reinventan. Pero esto es que es la leche, porque aquí de reinventar nada. Todo lo más, se hace lo más cutre posible (en este caso, a lo mejor es que quieren que vuelva el cutrelux...) y además cansino. Porque la serie es mala. Mecano era dificilmente aguantable ya en su época, no digo ahora. Y como la cosa siga así, este junio nos vuelven a reponer Verano Azul. Y si no, al tiempo.
En fin, que los ochenta vuelven. Creíamos habernos desembarazado de ellos, pero ahí están. Mañana mismo saco las hombreras y las mallas. Y me voy de movida.
(Adrián) | (#) | Opiniones (8)
Canciones que marcan
Lo que me jode (o encanta, según se mire) de la música que escucho es que me es imposible descontextualizarla y escucharla sin el entorno que la rodeaba en el momento de escucharla. Es el problema de la nostalgia, que unas veces te endulza el día y otras te apuñala por la espalda. Un ejemplo de esto es no poder escuchar nada de Simon & Garfunkel por culpa de los curas de mi colegio que adaptaban sus canciones en los himnos religiosos de la misa de niños. Lo juro. No podré ver El Graduado en la vida sin que me invada un infantil sentimiento de estar pecando.
Otro caso es ponerme a escuchar Blind Guardian o Stratovarius o cualquiera de esas cosas de guitarrones y voz en falsete por las que me dio en la época más perra de instituto. O escuchar los Beatles y sentirme como los domingos por la noche en que mis padres ponían el vinilo de turno y yo me quedaba en babia leyendo las letras al ritmo de las canciones.
En suma, que soy un Adrián diferente según la canción que me toque escuchar. Y este post viene a cuento de que ultimamente en el curro ponen mucho Beetlebum, aquella canción de Blur que abría el disco cuya portada ven en la imagen. No voy a ponerme a justificarme acerca de mis gustos musicales con Blur, ni con este disco en concreto. Baste decir que me lo compré en un arrebato consumista porque me molaba la canción aquella tan tonta, titulada Song 2. Yo pensaba que el resto de las canciones serían igual de marchosas que aquella, y resultó que no, que era un disco más bien lento. Lo mismo dio. Coincidía que en aquellos tiempos yo pasaba una época chunga en todos los frentes, y para despegarme un rato de tanta mierda salía a pasear el perro con Blur en el walkman para poder llorar las penas con una banda sonora decente. Yo es que siempre he sido así, muy melodramático.
Decía antes que ultimamente me la ponen (la canción) mucho en el curro. Hoy la han puesto justo en mi hora de descanso, y se me ha hecho un nudo en el estómago y casi me he podido recordar a mí mismo, hace diez años, mirando por la barandilla de un puente a las dos de la mañana mientras mi perro le ladraba a las motos y yo trataba de recomponerme entre lágrimas del último despecho amoroso. Qué tiempos aquellos, coño. Ya volverán, como las golondrinas. Siempre lo hacen, los muy hijos de puta.
She's a gun, now what you've done
Beetlebum, get nothing done
You beetlebum, just get numb
Now what you've done, beetlebum
And when she lets me slip away
She turns me on and all my violence's gone
Nothing is wrong, I just slip away and I am gone
Nothing is wrong, she turns me on
I just slip away and I am gone
Beetlebum, because you're young
She's a gun, now what you've done
Beetlebum, she'll suck your thumb
She'll make you come, cause she's your gun
Now what you've done, beetlebum
And when she lets me slip away
She turns me on and all my violence's gone
Nothing is wrong, I just slip away and I am gone
Nothing is wrong, she turns me on
I just slip away and I am gone
He's on, he's on, he's on it
He's on, he's on, he's on it
He's on, he's on, he's on it
He's on, he's on, he's on it
He's on, he's on, he's on it
He's on, he's on, he's on it
He's on, he's on, he's on it
He's on, he's on, he's on it
(Adrián) | (#) | Opiniones (9)
Lo que faltaba p'al duro
Al principio fue el footing. Como refrendaría el posterior uso de la palabra jogging, aquello eran pijaditas. El proletario salía al parque a correr, y el clase media-alta hacía jogging. Y luego stepping. Y demás mierdas.
Lo siguiente que conocimos fue el zapping, y aquí en España empezaron a surgir las variantes de chiste en plan tumbing (sin saber que ya por tierras anglófonas el coaching estaba cerca de ser nombrado deporte olímpico). Los palabros terminados en -ing fueron creciendo como setas: puenting, skating, tuning, snowboarding, surfing. Si tú ejercitabas algo merecedor de entrar en en esa categoría, es que molabas. Si no, más te valía quedarte en casa como el inadaptado que eras.
Un buen día, a un iluminado se le ocurrió que ese tipo de terminología era ideal, ideal de la muerte para definir las cosas feas que pasan en la vida y que no nos molan nada. Así que ahora el tipo que se mete en el cuerpo tantos esteroides como para hacer que un elefante baile claqué no es un yonki de mierda, sino que es víctima del doping. Y la empleada que recibe cada día emails guarretes por parte de sus superiores y que se ve sobeteada cada vez que el jefe se pone tierno, no es que esté siendo acosada sexualmente, no, es que le están haciendo mobbing. Manda los huevos.
Ahora se han montado otra película para poder mirar hacia otro lado y encima quedar como comprometidos. Desde que han saltado a los medios dos noticias simultáneas de unos niños que han maltratado a un compañero de clase, la sociedad está conmocionada: ¡Los niños no son felices! ¡Válgame el cielo! Los padres están ofendidos. Nadie les había dicho que en el colegio había castas sociales, ni que a un niño le pueden amargar la existencia sólo por llevar gafas de dos dioptrías.
Así que claro, se han puesto en movimiento. Antes de fijarse en la educación que están dando a sus hijos (o la que les ofrece el gobierno), prefieren poner el grito en el cielo porque queda feísimo que los niños se peguen entre sí. ¿Es que nadie piensa en los niños?, dicen todos, mientras les compran la Playstation 2 para que se queden quitecitos y calladitos de una vez.
Ya tenemos los primeros resultados. Ahora no hay violencia escolar, sino bullying, y los padres están más tranquilos porque en la reunión del club social no tienen por qué decir cosas tan feas como que su hijo de ocho años ha obligado a uno de primaria a que le haga una felación en los servicios sólo porque tenía ganas de meterse con alguien. No, mi hijo es que hace bullying. Que no es que sea un puñetero delincuente en potencia que acabará preñando a alguien antes de entrrar al instituto. Eso queda muy mal en el expediente, y además es más facil admitir que haces o eres víctima del bullying que llamar las cosas por su nombre y enfrentarse a ellas. Las madres pueden, por fin, respirar aliviadas.
Ayer leía en una revista un reportaje sobre este tema. Ciertos "expertos" recomendaban un sencillo dodecálogo por el que podías saber si a tu hijo le hacían bullying. Basicamente venía a decir que tienes un hijo y que a veces no basta con comprarle los Lacostes y los videojuegos y la moto a los quince, sino que de cuando en cuando hay que escucharle y, en fin, ser consciente de que un niño no es una especie de Pokemon con ropa diminuta. Luego, claro, venía el tema en cuestión: ustedes no se preocupen, señores padres, que la culpa no es suya ni del colegio al que sacramente pagan una millonada cada año. La culpa es de los videojuegos, y de las pelis violentas, y de la cocacola, y muy probablemente de las camisetas de colores y la música rap.
Desde Pause, hemos determinado que la técnica del -ing es novedosa, cojonuda y aporta unos resultados óptimos al objetivo de poder sudártelo todo y seguir creyendo que eres un tipo cojonudo por taparte los oidos y gritar que no oyes nada. Eso es el futuro, señores. Así que recomendamos una serie de palabros que seguramente ayudarían mucho a todos esos problemas que vienen azotando el mundo de hoy: por ejemplo, la violencia de género pasaría a ser llamada wifing, y el abuso de menores de edad podría llamarse, qué sé yo, minoring. El racismo, blacking, y el terrorismo integrista islámico que amenaza nuestro patriótico y democrático status quo de lo políticamente correcto, crashing. Así, en los telediarios, dejaríamos de tener noticias feas y malas y todo sería mucho más bonito, multicultural y optimista. Dónde va a parar.
(Adrián) | (#) | Opiniones (11)
Ahora sí que soy cool
Vosotros sabeis quiénes sois. Muchas gracias por el regalazo, mamones. Me habeis enternecido la semana.
(Adrián) | (#) | Opiniones (5)
Buenas noticias
Ha ocurrido por fin. Llevaba dos meses preocupado con esto, estudiando sus posibles causas, tratando de encontrar solución a un problema del que inicialmente desconocía su origen, y al final, como siempre, dicho problema se ha solucionado de manera casual y hasta lógica.
Yo soy una persona que necesita mucho la aceptación general. Cada cosa que hago debe tener su resultado "positivo" en cuanto a lo que mi entorno se refiere, y si no lo recibe prefiero dejar de hacerlo antes de que la cosa empeore. Incluso si va en contra de mis deseos.
Puedo confesarles ahora que hace una semana el destino de este weblog temblaba sobre una cuerda floja. Flojísima. Varias veces ha vacilado mi mano al pasar el cursor por la opción "Delete Blog", y sólo ahora puedo sentirme afortunado de no haber cedido a la presión.
¿La razón por la que me siguen leyendo? No hace ni un par de días, en este post que sirvió de introducción, aparecieron los primeros mensajes de SPAM en este blog.
No saben ustedes el alivio que sentí. Dos meses con esto lleno de comentarios productivos, y ni uno sólo que lo enviara un programa de publicidad diseñado para abarrotar servidores. En esto de los weblogs se ha llegado a un punto en el que si no tienes varios de estos poblándote los posts atrasados, es que no eres nadie. Imaginen que llevan años con su weblog y no tienen un sólo comentario de spam. ¿No les horroriza pensar que no les leen ni los bots de internet?
La única pega que le veo al asunto es que son todos muy lánguidos. No hay ninguno que me ofrezca un alargamiento de pene, o fotos de niñas rusas practicando felaciones. Es como si mi blog se mantuviera en ese punto medio en el que es merecedor de spamear, pero no con spam decente.
Intrigante. Quizás deba poner más fotos mías...
(Adrián) | (#) | Opiniones (4)
Familias nucleares
Mi romance con la televisión no comenzó hasta sexto de EGB, o sea, hasta los doce años. Va en serio. En aquella época, niños, nuestros padres nos enviaban al patio a jugar con los demás niños en vez de regalarnos videojuegos, así que no teníamos tiempo para ver la tele. De verdad. Todo lo más, le hacíamos caso los fines de semana por la mañana, que ponían algunos dibujines y películas de Snoopy. Y mucho es.
Así pues, yo no descubrí la tele como tal hasta sexto de EGB. La EGB, niños, era el sistema educativo de entonces, y aunque no lo creais, los aprobados había que currárselos. Ahora sacais notables sin necesidad de saber leer o escribir, pero en mi época sacar suficiente en según qué asignatura era todo un logro. Por tanto, mis amigos, los responsables, no tenían tanto tiempo para jugar en el patio. Y mientras ellos se quedaban en sus casas aprendiendo a hacer las reglas de tres y descubriendo el entretenido mundo de las capitales europeas, yo, vago genético, buscaba algún método de entretenimiento viable. Y así descubrí la caja tonta. Y con ella, las teleseries.
En aquellos años, niños, la parrilla de tarde correspondía enteramente al público infantil. Los programas del corazón ni siquiera existían, y las tardes estaban repletas de teleseries. Veíamos Goku. Veíamos Oliver y Benji, y Robotech, y Chicho Terremoto. Algunos nos aburríamos tanto que nos tragábamos los Ropper y Vacaciones en el Mar. En familia veíamos Las Chicas de Oro, y ALF, y hasta Remington Steele (a ver quién tiene cojones de no acordarse de la tonadilla.)
En aquella época los Simpsons se consideraban para adultos y se emitían en La 2 a las once de la noche, un capítulo por semana. Farmacia de Guardia era el éxito nacional por excelencia, y hasta Canal Sur, que no ha tenido una programación decente en toda su historia, ponía el Mundo de Beakman y Parker Lewis nunca pierde.
Aquellos eran años dorados para un vago recurrente como yo. Ahora no hay Dios que se siente delante de la tele y vea algo decente. Entre otras cosas porque Canal Plus codifica las pocas series decentes que posee, y la parrilla se ha visto invadida por teleseries nacionales que dan risa cuando no tienen que darla, y aburren cuando han de divertir.
Por eso uno acogió con vítores la llegada de esta joyita, cuya primera temporada me acabo de comprar en DVD. Ahora podría aburrirles con que si el guión mola, los personajes molan, las tramas molan... Pero prefiero dejarles que vean el episodio piloto y me digan si son capaces de no querer ver más. Además, la serie se centra en las vivencias de una familia nuclear de las que ya no quedan, y todos sabemos que las familias nucleares molan.
Es que hasta la entradilla mola. No he visto una tan buena y que se acople tanto a la serie desde la de Cheers. La cual, de paso, aprovecho para poner en el radioblog, para que dejen de quejarse.
Akoki.
Taking a break from all your worries, sure would help a lot.
Wouldn't you like to get away?
Sometimes you want to go
Where everybody knows your name,
and they're always glad you came.
You wanna be where you can see,
our troubles are all the same
You wanna be where everybody knows
Your name.
You wanna go where people know,
people are all the same,
You wanna go where everybody knows
your name.
(Adrián) | (#) | Opiniones (10)
Gilipollas hay en todas partes
Contaba Angua hace un par de días su experiencia con un camarero que había hecho un extraño comentario acerca de lo que le había pedido ella. Yo le iba a escribir un comentario pero me estaba saliendo tan largo que lo voy a convertir en post.
No me sorprende que ese camarero dijera que le extrañaba que hubiera pedido té y croissant. Y no me sorprende no porque crea que la petición es extraña (cuando un alemán os pida una pinta de cerveza y unas costillas de cordero a las once de la mañana, podréis empezar a hablarme de cosas raras), sino porque en mi propio trabajo puedo ver varios ejemplos de gente que "comenta" las cosas con el propio cliente.
Yo no. Yo soy muy tímido con la gente a la que sé que sólo voy a tratar durante veinte minutos máximos en toda mi vida. Es una rara manía mía. Ellos llegan, yo les pregunto, ellos me piden y yo se lo llevo. La única concesión que me permito es contestarles cuando ellos se quieren hacer los amigables.
Sin embargo, existe una especie de ser en el sector servicios que disfruta opinando sobre algo con respecto al cliente sin que este le haya pedido opinión alguna. Y no sólo entre los camareros. Sin ir más lejos, hoy al ir al peluquero y pedirle mi habitual rapado al tres, me ha puesto mala cara y me ha aburrido durante veinte minutos con unos consejos sobre peinados que yo no quería escuchar. Y en el Springfield de al lado de mi casa hay una dependienta que si te ve probándote algo que cree que no te pega, te lo dice sin ambages: "Oye, eso te hace gordo que no veas. Mejor busca otra cosa".
Pero la palma se la lleva el señor mayor que regenta un establecimiento de fotografía en mi barrio. Debe ser un fotógrafo frustrado, alguien deseando ser alguien, pero conformándose con revelarles las fotos al vulgo, porque cada vez que revela un carrete entrega el sobre con una pequeña anotación de su puño y letra en la que figuran todos los errores que ha cometido el fotógrafo. Una joya de hombre, vamos.
A mí esta clase de cosas me suelen molestar. Para mí un buen servicio no consiste ni en que el que me lo ofrece se pase de listo con sus comentarios, ni en que quiera hacerse mi Amiguete Por Un Día y coja demasiadas confianzas. Sin embargo, cuando me ocurre no hago nada. Sonrío levemente, miro hacia otro lado y pago la cuenta.
Tampoco quiero convertirme en un cliente mamón, claro. El otro día estaba atendiendo a tres personas, dos señoras y un señor, que habían pedido bebidas, entrantes, platos y café. Deduje que no estaría mal ofrecerles un postre, y no me equivocaba. Las dos señoras pidieron tarta. Pero cuando me dirigí al señor y le pregunté por su opción -"¿Y usted querrá algo, caballero?"-, este me dijo, con la sonrisa de buen rollo:
-No, deja, que yo estoy como tú: a régimen.
Conclusión: gilipollas hay entodas partes.
(Adrián) | (#) | Opiniones (8)
Being Cool #3: El macuto
Atentos, niños, que esta es una lección clave para aprobar. El macuto es im-pres-cin-di-ble. Puedes llevar chapitas o no llevarlas, ponerte gafas de pasta o no ponértelas. Pero el macuto es obligatorio.
La primera lección es que no es un bolso, ni una mariconera, ni un "zurrón". Se llama macuto. La segunda lección es que no debe llevar publicidad. A los modernitos les encanta que su macuto lleve bien grande el logo de la marca, o cualquier gilipollez serigrafiada. A nosotros nos basta con que tenga suficientes bolsillos para los bolígragos, carteras, llaveros y tal, y suficiente espacio para un discman o un libro que leer en el autobús.
La tercera lección es la más importante: no llevamos el macuto para hacer bulto y que nos conjunte con las zapatillas. Eso lo hacen los modernitos fumigables. El macuto de un cool ha de ser funcional: si no vas a sacar a la calle algo más grande que un walkman, utiliza un macutito pequeño; si te gusta llevar cuadernos para escribir, o una cámara fotográfica, entonces puedes sacar algo más grande. Hay gente que hasta lleva mochilas. Es una variante un tanto extraña, pero sirve igualmente.
La cuarta lección consiste en aprender a llevarlo. A partir de ahora, el macuto no es esa cosa que te cuelga de un hombro y pesa tanto, sino un elemento más de tu cuerpo. No camines como si lo llevaras cosido a la espalda, ni estés todo el rato ajustando la correa, o sacando cosas por sacarlas. El macuto no está para que la gente sepa lo mucho que molas, sino para ayudarte en tu tarea de molar más por ti mismo. Hasta que no aprendas esto, seguirás siendo un modernito.
Quinta (y última) lección: el velcro murió en los ochenta. Ya entonces era una horterada llevar zapatillas con tiras de velcro, así que actualmente no quiero ni contarte. Un pequeño cierre de velcro no molesta, pero si para sacar la cartera tienes que estar arrancando tiras como si el macuto fuera de papel de lija, mejor no lo uses. Las cremalleras molan. Los cierres imantados molan. Hasta los cierres de apretar y abrir molan, siempre y cuando no tengas tantos que parezca un paracaidas en vez de un macuto.
Esto es todo por hoy. Nos veremos en la próxima lección.
(Adrián) | (#) | Opiniones (5)
Post dominical
He leído cómics mejores. Es más, no me cuesta nada admitir que después de los treinta euros gastados me he sentido insatisfecho con lo que me cuenta el cómic. Sin embargo, me ha tenido absorbido desde la primera página. Puede que sea el dibujo, simplista pero efectivo, o el formato, o un estilo narrativo que en ocasiones me ha parecido genial, pero para ser un cómic "mediocre" en cuanto a lo que se nos está contando, en el resto no puedo sino quitarme el sombrero. Eso sí, lo repito, cuesta treinta euros. No lo compren, róbenlo, pídanlo prestado a un amigo, lo que sea. Pero léanlo.
Bone tampoco es de los mejores tebeos del mundo. Pero engancha. Tiene tópicos a mansalva, cabos sueltos, el dibujo es mejorable en muchas ocasiones... los primeros números tienen viñetas que lo hacen parecer un fanzine, vaya. Pero engancha. La historia es a ratos cómica, a ratos épica, y en algún momento pega bajones (el final es uno de ellos, a menos que te haya enganchado de verdad). Pero engancha. Es cojonudo. Sobre todo cuando te lo lees de pe a pa en un sólo volumen. Aquí lo publica Dude con una periodicidad atípica; a mí me trajeron el recopilatorio de Inglaterra y mola. Además es barato, lo pilles como lo pilles. Háganse con él.
Y creo que con esto ya he cumplido el post del domingo. Aburrido, relajado, olvidable. Como todos los domingos, vamos.
(Adrián) | (#) | Opiniones (0)
El bosque animado
Érase que se era una bonita aldea donde sus habitantes parecían cultivar un gusto extraño y morboso por el color amarillo. Esto se debía a que la aldea colindaba con un bosque en el que, se decía, habitaban unos monstruos feos y malvados que se sentían atraidos por el color rojo y mataban a cualquiera que entrara en el bosque.
Como todos se aburrían, la afición principal de los niños era ir por ahí teniendo taras psicológicas enormes: existía un loco que amaba a los monstruos, un semiautista que escribía todo lo que tenía que decir en público, y un metrosexual a lo amish que se sentía más preocupado por su camisa que por otra cosa. Las mujeres, por contra, habían establecido el pasatiempo de ir por ahí preguntándole a todo Cristo si querían matrimonio con ellas. Y así empieza la peli: una niñata pide matrimonio al tontolaba. El tontolaba dice que no, y la niñata se casa con el metrosexual.
Mientras tanto, el tontolaba tontea con la niña ciega capaz de correr campo a traviesa como si no pasara nada, y entre flirteo y flirteo se preocupa porque en la aldea todo el mundo esconde algo y están todos mu callaos y quiere irse a la ciudad que hay tras el bosque. Pero como la ciudad es sinónimo de pecado, no le dejan.
Total, que al final la niña ciega le dice que más le vale ir pidiéndole en matrimonio, que hay muchos otros psicópatas en potencia esperando para beneficiársela. Al tontolaba no le queda otra que casarse, pero en el último momento el loco amante de los monstruos se pone celoso y lo acuchilla un par de veces.
Hasta ahí la primera hora de la peli. Todo el lío que se monta el director lo hace simplemente para darle a la ciega una excusa con la que ir al bosque y empezar a soltar cada diez minutos un giro de guión que provoque al publico Ohs! y Ahs! de sorpresa.
El caso es que el padre de la niña ciega le confiesa que todo lo de los bichos es un montaje para que nadie entre en el bosque. Que no se preocupe, que en el bosque lo más peligroso que hay es zanjas y rocas puntiagudas y quizá algún depredador de tamaño medio, pero eso no es nada que no pueda manejar una invidente, ¿verdad?
Entonces la niña se mete en el bosque, y ahí tenemos el giro de guión porque, oh sorpresa, resulta que sí existen los bichos. Guau. Yo en ese momento estaba intentando cortarme las venas con la pajita de la cocacola, así que entenderán que no me sorprendiera en absoluto. Máxime cuando se descubre que el bicho en realidad es el loco amante de los bichos. ¿Y cómo se había escapado, y puesto un disfraz, y blablablá? Es decir, ¿cómo resolvemos la gilipollez esta? Pues resulta que el consejo de la aldea, en un alarde de inteligencia, lo habían encerrado en la misma habitación en la que ocultaban uno de los disfraces. Aquí uno se pregunta cómo han mantenido la farsa de los bichos si se van dejando los disfraces por ahí, para que cualquiera los descubra y ate cabos.
Total, que la niña sale del bosque y acaba en... una carretera. Y sale a su encuentro un... guardia de seguridad de la reserva natural en la que viven los aldeanos. Y resulta que... el consejo estaba haciendo una especie de Gran Hermano Amish para perpetuar con las armas de la desinformación y el terror un estilo de vida no pecaminoso donde no exista el mal y blablablá. Y cuando uno cree que la niña ciega va a desenmascararlo todo, resulta que no, que el final de la peli es un "pues vamos a seguir igual, ¿no?" "Pues venga, vale".
En resumen: el señor Shyamalan se ha vuelto tarumba. Está tan desquiciado masturbando su ego en la búsqueda de finales sorpresa que se le ha olvidado que antes del final tiene que rellenar dos horas de metraje con algo que interese, sea coherente, y apoye la traca final.
Menos mal que aún nos queda El Protegido...
(Por supuesto, de más está avisar que esto va cargadito de SPOILERS. Hasta arriba, vaya.)
(Adrián) | (#) | Opiniones (20)
El mito
Agachado al borde del barranco, el hombre contempla lánguidamente el sol, encarnado, desapareciendo con parsimonia tras la perfecta línea del horizonte. Al pie del acantilado, las olas se estrellan contras las rocas. Una y otra vez, la espuma nace y muere entre pequeñas ondulaciones del agua.
Unas gaviotas errantes sobrevuelan el claro sobre el que se encuentra el hombre. Planeando, descienden en círculos cada vez más cerrados hasta posarse gracilmente en el césped húmedo. Junto a la roca.
El hombre se incorpora. Sólo escuchamos el inútil batir del océano contra el acantilado. Un rugido estéril. EL sol se oculta, mudo y rojo como el fuego. Un fuego ya innecesario.
El hombre se acerca a la roca. Es enorme, casi esférica, casi perfecta. Las gaviotas, asustadas, emprenden el vuelo. El hombre las ve alejarse y luego, con la punta de los dedos, impulsa suavemente la roca. En silencio, con suavidad, la roca baja por la pendiente.
El hombre mira al cielo. Algunas estrellas pueden verse ya. El hombre sonríe, respira hondo, y sigue con andar descuidado el camino de la roca.
Otro día más.
(Adrián) | (#) | Opiniones (2)
Causalidades casuales
Hoy por la mañana he visto como de un balcón caía una flor de jazmín flotando en el aire, girando sobre sí misma. La he seguido con la mirada a la par que seguía caminando, y ha querido la suerte que nuestros caminos se hayan encontrado a la altura exacta de mi ojo izquierdo.
Atacado a traición, he reculado y me he detenido un instante por la sorpresa. Tras girar la esquina, he comprobado que un instante es lo que le ha faltado al autobús para olvidarse de mí en la parada. Esperando el siguiente autobús, ha aparecido un antiguo amigo que era lo primero porque yo ya estaba harto de que fuera lo segundo. El reencuentro ha sido glacial, cordial y sobreactuado; ninguno nos hemos creido la afabilidad del otro al contestarnos con puntos suspensivos.
He llegado tarde, porque el autobús ha tardado. Mi jefe, como castigo, me ha puesto a cortar limones. Me he cortado. El jugo de limón ha entrado en el corte. He clamado a mis ancestros. Varias veces.
He almorzado el último, por llegar tarde. Al terminar de comer, y estando todos en sus puestos, me ha tocado sacar los barriles vacíos, y meter los llenos. Uno de estos últimos ha caido en mi pie.
En el autobús de vuelta, una señora me ha mirado mal porque no le he cedido el asiento.
He tenido ensayo. Nos han hecho correr. Gritar. Saltar.
He llegado a casa. Mi padre me mira mal porque estoy otra vez frente al ordenador y mañana me quejaré de que tengo sueño y que duermo poco.
Ahora puedo decirlo: me cago en el puto jazmín de los cojones.
Anexo: Ya que tengo el radioblog, lo aprovecho.
Just a perfect day
drink Sangria in the park
And then later
when it gets dark, we go home
Just a perfect day
feed animals in the zoo
Then later
a movie, too, and then home
Oh, it's such a perfect day
I'm glad I spend it with you
Oh, such a perfect day
You just keep me hanging on
You just keep me hanging on
Just a perfect day
problems all left alone
Weekenders on our own
it's such fun
Just a perfect day
you made me forget myself
I thought I was
someone else, someone good
Oh, it's such a perfect day
I'm glad I spent it with you
Oh, such a perfect day
You just keep me hanging on
You just keep me hanging on
You're going to reap just what you sow (4)
(Adrián) | (#) | Opiniones (4)
Ahora sí
Por fin funciona el radioblog. Debo dar las gracias a la sabia ayuda del Hombrecillo Verde, pues sin él aún tendríamos una ventana vacía de música.
Para estrenarlo, una musiquilla alienante pero hipnótica, y una melodía que refleja muy bien mis últimos días. Les dejo a ustedes que adivinen cuál es cuál.
(Adrián) | (#) | Opiniones (1)
The Official God FAQ

(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
Descelebrando
Ayer fue mi cumpleaños. No lo dije ayer porque no me gusta tener que decir "hoy es mi cumpleaños" para mendigar felicitaciones. Y si lo pongo ahora es para que muchos que leen esto y me conocen sepan que los tengo "en la lista" por no acordarse.
Generalmente, soy de los que adoran los cumpleaños pero no celebrarlos. Me gustan por lo obvio: me dan regalos, la gente se acuerda de mí, en el trabajo me dan de gratis una tarta de queso... No los celebro porque al fin y al cabo cumplir años es una función tan natural y perfectamente pasiva como la rotación y traslación del planeta Tierra durante 365 días, y me parece realmente absurdo festejar algo en lo que no tomamos parte. Es como cuando toca el gordo y la administración que vendió el boleto brinda con champán: una gilipollez.
No entiendo a los que odian su cumpleaños porque "se sienten cada vez más viejos". Es una postura estúpida. Si cumples veinticuatro, como yo por ejemplo, sabes que te quedan como mínimo cincuenta años más de vida, así que preocuparse por la vejez es una chorrada. Si cumples sesenta y cinco y sigues sin superar el hecho de que envejeces, es que eres directamente tonto. Así que me gusta cumplir años. Es guay.
Y claro, están los regalos. En esta ocasión los ha habido funcionales, nostálgicos, graciosos y tremendamente apropiados a mi personalidad. Es que soy tan cool que ni me aguanto, oiga.
(Adrián) | (#) | Opiniones (4)
The Brick Testament

(Adrián) | (#) | Opiniones (2)
Olvídate de mí

Being John Malkovich no la vi en el cine; la alquilé atraido por las buenas críticas que entre mis amigos había suscitado. También tuvo algo que ver que a mí John Cusack y John Malkovich siempre me han gustado. Me encantó, claro. Cómo no. Un par de años después pasaba por el cine y me entraron ganas de ver alguna peli. En la cartelera estaba Adaptation, de la que yo no sabía nada excepto que la guionizaba Charlie Kaufman. Entré un poco escéptico, y salí cantando So Happy Together con los ojos llenos de fascinación.
Ayer noche decidimos de un soplo ir al cine. Yo quería ver El Bosque, pero uno de mis amigos ya la había visto y entramos en esta. Yo sabía que era de Charlie Kaufman, pero ignoraba completamente la sinopsis.
Cuando salí de la sala -encantado, obviamente- me di cuenta de que había visto las tres películas sin poseer conocimiento alguno de su argumento. Y quizás sea mejor así, porque una peli de Charlie Kaufman es imprevisible, excéntrica, al principio desordenada y casi inverosímil, pero llegando al final las piezas empiezan a encajar y te queda una extraña sensación de lógica. Aunque aquí ya se le empiezan a ver las costuras de la técnica que utiliza para sorprender al espectador, la película no deja de ser impagable en todos los sentidos.
Vayan a verla ya. Y no se informen de qué va. Si no, luego el placer es menor.
(Adrián) | (#) | Opiniones (4)
No-estrenando mi radioblog
Pues ahí lo tienen, señores. Después de un par de días trasteando con servidores de esos gratuitos para instalarlo, resulta que mi flamante y nuevecito radioblog (destinado a poner canciones que ustedes puedan criticar y destrozar impunemente) se obstina en no mostrar las canciones que le pongo. Así que esto es un no-estreno en toda regla hasta que resuelva el problema.
Hablando de eso, tengo 6 (seis) cuentas Gmail solitas y desamparadas, así que si alguien puede resolverme el problema sería agradecido con mil megas de webmail vigilado intensamente por Google para enviar spam personalizado. Total, para lo que a mí me sirven...
(Adrián) | (#) | Opiniones (13)
