Amor catódico
Creo haber reconocido alguna vez que en materia de televisión yo me trago cualquier cosa. Me bastan un sofá y unos panchitos para considerar como aceptable cualquier cosa que den por la tele. Esa es la gran consecuencia de las teles por cable y por satélite: en vez de ampliar la calidad y la posibilidad de selección, lo que amplían es la tolerancia a más telebasura.

Uno de mis programas favoritos de anter de almorzar es MTV Dismissed. Dicen que antes la MTV era un espacio musical muy solidario: su eslógan era Free Your Mind (libera tu mente) y había programas de debate juvenil algo más serios que los que presentaba Jesús Vázquez por la época. Dicen. Yo lo único que sé es que ahora hay un programa donde cuatro colgaos se tiran por barrancos en carritos de la compra, otro para convertir la vida de un rockero descerebrado en un reality show, y esto: Dismissed. Mi Lonely Planet particular.
Hablo en serio. Como estudiante de la universidad de la vida que soy, este programa figura en una de mis listas más altas de estudio. Como los animalitos de La 2, pero en versión adolescente norteamericano de principios de milenio.
Dismissed va de rifar a un individuo entre otros dos del sexo contrario (aunque hay en otro horario una versión gay, e incluso una global, pero eso ya es tan franquicial que pierde toda utilidad de estudio). Mediante el que suponemos es un rigurosísimo proceso de selección en base a un perfil estrictamente psicológico (ya saben: tetas grandes, culo prieto, pelo rubio, etcétera), los responsables del programa obligan a una persona a tener una cita doble con dos pretendientes que lucharán por él. Cada uno de ellos organiza una cita a la que irán los tres juntos, y al final del evento la persona en cuestión deberá elegir a un ganador.
¿No es genial? Asistimos a la primera insitucionalización del proceso reproductivo humano: Nos eligen las opciones, nos dan las reglas del juego, nos dan un tiempo límite y a jugar.
Lo más interesante es que, además de mostrarnos como es la juventud norteamericana de clase media-alta a la que todos aspiramos o deberíamos aspirar, el programa nos ayuda a estructurar a las personas en condición de raza o sexo. Así, nunca se busca la interracialidad entre los tres participantes, de la misma manera que el sobrepeso o medidas que no se ajusten al tan ansiado prototipo WASP no entran en el espectro merecedor de una pareja. Las competiciones entre negros SIEMPRE tendrán rap de por medio, y en los blancos siempre habrá algún surfero. Cuando el pretendiente sea hombre, las mujeres siempre serán arpías que lo conquistarán a través del sexo, y si es al revés, el hombre recurrirá a tener un coche molón o un aspecto de persona que abrirá su cartera a tu amor.
Como decía, interesantísimo. La ejecución tran preclara de lo que son los arquetipos y esquemas de algo como la búsqueda de una pareja o la persecución de una estabilidad emocional me fascina tanto o más como el hecho de que esto se emita a nivel nacional y a horario normal, de manera que las futuras generaciones sepan qué es lo que deben buscar, cómo deben hacerlo y a quién deben eliminar para conseguirlo. Es como ver el futuro. Ya sé quienes serán los padres de la próxima generación.
No se extrañen de que hayan vuelto a votar a quien han votado. Teniendo en cuenta cómo se relacionan, podría haber sido peor.
(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
Misticismo hortera
Leo ayer en el periódico que una mujer, en 1994, tenía un pelín de hambre y decidió comerse una tostada. Así que metió el pan en la tostadora, sacó la mantequilla, la untó en el pan, y cuando fue a comérsela descubrió asombrada que en la superficie aparecía esto.
¡La Virgen!, pensaría. Y no le faltaba razón. En la tostada que se iba a comer, manchada parcialmente por mantequilla, se veía claramente el rostro de la Virgen.
Las autoridades eclesiásticas negaron automáticamente la veracidad de ese hecho como milagro. No faltaban razones: al fin y al cabo, se supone que los milagros deben tener cierta clase y decoro. Que estamos hablando de la madre de Dios, hombre, un poquito de respeto. Sin embargo, el hecho de que la tipa conservara la tostada sin ninguna precaución ni cuidado, y que a día de hoy permanezca incorrupta, sólo significa una cosa: Dios se ha adaptado a los tiempos modernos.
Y es que ya no es momento de aparecerse a unos pastorcillos al lado de un árbol, o hacer sangrar las imágenes religiosas. Hoy la plebe quiere cosas grasientas y decadentes. Muy al estilo Gran Hermano o Crónicas Marcianas, vaya. Así que se acabó aparecerse en lugares bucólicos o místicos. Una tostada es un entorno suficiente para que el pueblo de Dios sepa de su existencia.
Pero es que ahí no acaba la cosa. La buena mujer, consciente de que tenía el poder de Dios y la Virgen a un mordisco de distancia, decidió hacer lo que ningún testigo de la divinidad había hecho nunca con esa clase de reliquias: en vez de enseñarlo al mundo o ayudar al desfavorecido, se fue al casino.
El resultado: cerca de 70.000 pavos ganados con la ayuda de la Virgen María. Que se dice pronto. Jódete, Santa Teresa, tu brazo incorrupto nunca sirvió de nada, y la Tostada Santa sí. Ese es el futuro, señores. Dios ya no da esperanzas, sino dinero en efectivo por medio de su madre.
¡Pero es que aquí no acaba la cosa! El Poder de Dios es como el móvil, llega un momento en el que tienes que renovarte o morir. La buena mujer decidió que era el turno de pasar el Sacro Pan Tostado a otra persona. ¿Y qué hizo?, pensareis. ¿Lo donó a su parroquia? ¿Hizo que su hija se la comiera a ver si así nacía otro Hijo de Dios? ¿La hizo miguitas y la repartió entre los pobres?
¡No! ¡La subastó!
Ebay es conocida por tener subastas gilipollas como esta, así que la señora pensaría que lo mejor era hacerle una fotito, ponerle un precio de salida, y esperar a que la gente le pusiera un precio a la Virgen. Como en Tailandia, mismamente. ¿Y que ha ocurrido? Que la ha comprado un casino. Una casa de juegos. Una Sodoma alegórica donde a saber qué harán con la imagen divina de la Virgen. Ahora, eso sí, el poder de Dios ya tiene un precio: 28.000 dólares. Bueno es saberlo.
Y esto es todo, señores. Empieza la hora del misticismo hortera. Tras la tostada hay un mundo entero de apariciones marianas originales: en la portada del Hola, en la plancha, en el mando a distancia, en la bolsa de agua caliente, en la cortina de la ducha estampada en flores... Dios Kitsch ha llegado.
Alabado sea.
(Adrián) | (#) | Opiniones (4)
Cosas que uno aprende trabajando en un bar
1) La gente es sucia. Guarra. Puerca con ganas. Generamos una cantidad de mierda apasionante. El mito del camarero super-cool que se pasa el día en la barra haciendo virguerías con las botellas y preparando cócteles es una burda patraña. El camarero medio se pasa el 80% del tiempo fregando y limpiando la mugre que el cliente normal crea en el espacio de media hora. Desde ceniceros en los que parece que han aprovechado para tirar la basura del mes, hasta posavasos hechos pedacitos minúsculos, o servilletas empapadas por doquier, o una bonita y asquerosa pota en la barra.
2) La gente está loca. Ida de la olla. Cuando un tipo llega, pide bebida para dos, comida para dos, y mientras se lo come y bebe todo no para de hablarle a una silla vacía, es que algo no funciona. Y eso es sólo un ejemplo.
3) La gente se aburre. O eso, o no tiene vida. Pase que la mitad de los habituales suelan ser personas que llegan, piden cerveza, y se quedan seis horas leyendo el mismo periódico, sin comer, sin hablar, sin pedir más cervezas, es raro. Ahora, que se vayan cinco minutos y vuelvan cambiados de ropa, pidan un copazo, y se líen a leer otro periódico durante otras cuatro horas, ya es para ir plantearse una vida nueva. O una de verdad.
4) La gente es gilipollas. O lo parece. A mí que no me jodan, llegar y pedir un descafeinado de sobre con unas gotitas de anís, servido en vaso bajo, con un cubito de hielo, son ganas de dar por saco, y no otra cosa. O eso, o se aburre demasiado, como en el punto 3.
5) A la gente le encanta poner pegas. Es un vicio extraño. Si el guacamole está frío, porque está frío. Si se lo calentamos, porque ahora quema demasiado. Que si quiero el plato más pequeño, que si esto está demasiado hecho (enseñando un entrecot que casi mugía), que si a mí el pan me gusta un pelín más tostado... Todo se entiende una primera vez. El cliente siempre tiene la razón. Estamos aquí para servirle. Pero si tengo que cambiarle el puto guacamole seis veces, el que se está pasando de rosca es usted, no yo.
6) La gente es muy lista. Pero lista, oiga. Yo pido una ensalada de atún, me llega una jardinera, me como la mitad y luego exijo que me traigan lo que yo pedí. O si no, cuando una camarera me derrama sin querer un poco de cerveza en el pantalón, digo que no pasa nada y sonrío amablemente, pero en cuanto se va le exijo a otro camarero que me de un postre gratis porque una compañera suya me ha derramado la bebida y ni siquiera se ha disculpado.
A todo esto hay que ponerle una sonrisa, claro. Que no se diga que no somos profesionales.
(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
¡Apagón!
Ayer noche la ciudad entera petó: durante dos horas hubo un apagón que no molestó demasiado a las personas decentes que en aquel momento dormían el sueño de los justos, y que eran casi todas.
Sin embargo, a los crápulas como yo que trabajaban en el día del Señor nos cayó de lleno. Hubo que cerrar el bar y enfrentanrse a algún que otro guiri que pensaba que era el momento oportuno para el saqueo y la anarquía: luego hubo que volver a casa.
Al principio todo era muy bucólico. La ciudad a oscuras iluminada tenuemente por una luna escondida tras las nubes. Era como estar en una ciudad devastada y vacía, ser el único superviviente, y tal. Faltaba el solitario sonido de una armónica para amenizar el momento.
Después llegaron los chistes y las voces elevadas para disimular lo que vendría después: el acojone. Al principio, acojone de película de terror. Comentarios asustados, con sobresaltos, pero que en los silencios dejaban ver algo mucho más siniestro. Sinceramente, tener que andarte medio barrio a oscuras buscando el coche por los callejones asusta al más pintado.
Ya en el coche llegó la tranquilidad y la filosofía: Que si tanta tecnología y al final no somos nada, que sin electricidad estamos en la Edad Media... todo adornado a veinte kilómetros por hora con las largas puestas y creyendo que cualquier sombra era un cuerpo tirado en la calle.
Lo que le puso la guinda fue llegar a casa. Sin ascensor, sin luz, tuve que subir por las escaleras en plena oscuridad, tanteando las paredes y las barandillas y esperando que en algún momento algo gruñiera o respirara y me descuartizara allí en medio. Tanto es así que nada más llegar a mi habitación me pulsé frenéticamente el interruptor de la luz, del agobio que tenía.
Al final volvió, claro, y no era nada. Todo lo más, un pequeño subidón en la tasa de natalidad dentro de nueve meses. Pero el susto se queda ahí, oiga. No me he sentido más desvalido en mi vida.
(Adrián) | (#) | Opiniones (6)
El Lobo, un mal turrón
Apoyado por la policía, un joven vasco se infiltra en la cúpula de ETA con el objetivo de desmantelarla gradualmente. Al principio todo funciona, pero una serie de hechos aceleran un final anunciado desde el primer minuto de la película: el infiltrado ve descubierta su posición y pierde su cobertura, teniendo que escapar y verse condenado a vivir en el anonimato.
En el pretendido (y muy acertado, a mi ver) afán de contar la historia desde un punto de vista objetivamente histórico, alejándose de los conocidos y polémicos debates sobre ETA y el independentismo vasco, la película se desarrolla en la línea del más puro thriller. Existe hasta una femme fatale que desequilibra en ciertos momentos las decisiones del resto de protagonistas.
Sin embargo, ya se sabe que la historia nunca es como la cuentan vencidos ni vencedores. La película encuentra su fallo más grande en un guión forzado que al no quererse mojar, pierde toda su miga en mitad de un mar de actuaciones justas en los mejores casos y penosas en el resto. Todo se sostiene muy bien hasta la mitad de la película en la que -supuestamente- se nos empieza a desvelar que ni los buenos son tan buenos ni los malos tanto (a este respecto, me resulta muy gracioso que en esta película, coproducida con Francia y dirigida por un francés, no haya levantado revuelos por el enfoque romántico y casi justificante que se hace de la banda terrorista en la primera parte; esto lo dirigen otros en este país, y el pollo está servido), dejando al protagonista en un estado de inseguridad del que tendrá que salir por su propia cuenta, sin el respaldo de nadie. El problema reside en que uno no puede jugar a la ambigüedad con unos personajes troquelados de principio a fin, que ni se molestan en participar del punto de inflexión: el policía seguirá siendo un fascista, el infiltrado no dejará de ser un santito cuyas motivaciones quedan diluidas o directamente ignotas, y así hasta el final.
La película se afloja, pues, en mitad del nudo, dejándose llevar por un guiño conspiratorio falso -reconocido por el propio director- que se carga la propia intención meramente histórica y veraz de la que presumía. Asumiendo que las decisiones finales son directamente inciertas, uno no puede creerse las motivaciones iniciales. Ni que el personaje de Noriega sea tan bueno, ni que el de Coronado sea tan malo, ni que el de todos los dirigentes etarras sean en el fondo unos idealistas de buen corazón menos el de uno que es malo maloso. Si a esto encima se le une que la mitad de las actuaciones rozan el ridículo -a saber: Santiago Ramos, Jorge Sanz, Silvia Abascal, José Coronado-, la iniciativa se hunde por completo.
Eso sí, a su favor queda una ambientación magnífica y unas escenas de acción muy bien conseguidas. Como siempre, una buena forma no hace un mal fondo, ni aunque este tenga potencial.
(Adrián) | (#) | Opiniones (2)
Yo de mayor quiero ser como tú
Este pipiolo al que ven haciendo el baile del pollo no es ni más ni menos que Sergio García, apodado "El Niño", y supuestamente la gran esperanza blanca del golf español, que casualmente se encuentra en Sevilla jugando el Mundial de Golf.
También es el tipo que me encontré ayer en el bar a las dos de la mañana, borracho como un cerdo, entrándole a todo lo que tuviera aparato reproductor femenino. Un crack. Bajito y metrosexual, pero crack al fin y al cabo. El tío tenía partido a las once de la mañana y ahí estaba, entrenando su swing con un par de rubias.
Sergio, yo de mayor quiero ser como tú.
(Todo esto se sitúa temporalmente después del concierto de The Corrs al que asistía de manera gratuita y encima con pase de invitación. Nunca he estado a tan pocos metros de tantos personajes famosos. De aquí a la jet-set rancia y alcoholizada me queda un paso, amigos.)
(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
Qué tiempos aquellos
Un soldado estadounidense entra en una casa con el resto de su equipo. Encuentran varios cadáveres y entonces el soldado dice que uno de los cadáveres sigue vivo, y ni corto ni perezoso le descerraja un tiro.
Alguien graba eso en vídeo y lo envía a su cadena de televisión. El vídeo recorre el mundo entero.
Inmediatamente después, el mundo hace como que despierta y pone el grito en el cielo: ¡Un soldado ha matado a alguien! Las asociaciones por los derechos humanos empiezan a hacer llamadas, los columnistas de los periódicos afilan el lápiz de la reivindicación y los tertulianos televisivos empiezan a ensayar comentarios ácidos frente al espejo.
Y es que es evidente: antes, los seres humanos eran de papel maché y no sangraban, y las guerras -las de los soldados, no las de los políticos- se decidían al escondite. De trinchera amiga a enemiga, los combatientes se lanzaban voces: "¡Por Hassan!", "¡Por Don Pelayo!", y el que asomaba la cabeza y era descubierto, quedaba eliminado y volvía a casa con la deshonra en sus ojos.
Qué tiempos aquellos, en los que en las guerras no moría gente. Por eso me parece normal que de repente la peña se revuelva porque descubra que eso que llevan los soldados en las manos no es una linterna sofisticada, sino una cosa que dispara cosas de plomo que matan a la gente. Gente indefensa, sí. Y mucho peor. Y hay violaciones, torturas, litros de sangre y miembros cercenados. Y niños desfigurados, casas derrumbadas, ancianos incendiados y familias pasadas a cuchillo por nacer a este lado de la línea.
Aunque a lo mejor eso no pasaba en Irak, que eso era "pacificación". Pero nada, al fin alguien nos abre los ojos y nos descubre cómo es la guerra. La guerra no es llegar y decir "consideráos vencidos y conquistados". Ya podemos sentirnos legítimamente indignados.
Qué mundo este.
(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
En el punto de fuga
Los que me conocieran y los que me conocen saben que una de mis pasiones recientemente re-descubierta es la fotografía. Como me fastidia bastante no poder incluir el futuro simple en la oración anterior, he decidido hacer algo al respecto.
No tomo la fotografía como algo vocacional. Mi vocación anda perdida por ahí, esperando que rebusque en un cajón perdido y la encuentre como de casualidad, buscando otra cosa. Aunque haya intentado ejercerla en una faceta académica, sigue siendo algo a lo que me dedico de manera aficionada. Esto es, aprendiendo.
Sin embargo, he preferido crear mi propio espacio para enseñarla. Lo que se dice un futuro proyecto de futuro. No pienso volverme (o creerme) un profesional, pero me agrada la idea de poder enseñar mis fotos, por mucho que no tengan calidad alguna, desde un punto sólido con el que poder contar a medida que el tiempo pase (y que pueda seguir pagándolo, claro).
Así que, adicionalmente a Pause, les presento mi nuevo fotolog: En el punto de fuga.
Espero que les guste.
(Adrián) | (#) | Opiniones (6)
Me cago en el mundo
Hoy ha muerto un viejecito casi a las puertas del bar. Los que estábamos en la terraza lo vimos en el suelo, inconsciente. Había vomitado sangre pero mantenía el pulso. Rapidamente, hemos llamado a una ambulancia y hemos hecho todo lo posible para que no se formara un barullo enorme a su alrededor antes de que llegara la ambulancia y la policía y después el juez a levantar al cadáver.
La tragedia ha durado una hora. En ese tiempo he sido testigo de muchas cosas y actuaciones que me gustaría reseñar y agradecer, a saber:
-La memorable actuación del coche patrulla que se encontraba en la otra esquina del suceso, que ha presenciado toda la alerta inicial y no ha hecho absolutamente nada hasta que no les han dado el aviso por radio, momento en el que se han pegado la carrerita de media manzana con las luces puestas para fardar de autoridad civil. Suponemos.
-La enorme capacidad de reacción de los cuerpos de urgencias, que han acribillado a preguntas de formulario a mi encargado cuando realizó la llamada, y que se resistían a enviar una ambulancia hasta que no tuvieran datos suficientes que verificaran la urgencia. Al parecer, "Hay un hombre inconsciente en medio de un charco de sangre" y "Soy el encargado del Flaherty's de Alemanes" no son avales de calidad. Gracias a ello, la ambulancia ha tardado lo justo para que el pobre hombre falleciera.
-La morbosidad de algunos clientes, que no cesaban de preguntar y acto seguido llamar a sus familias para informar del suceso como si hubieran visto a Beckham o algo. Áccesit de respeto a los que han llegado a cambiarse de mesa y todo para poder tener mejor butaca.
-La madre de un niño que, harta de no ver nada por culpa del automóvil que situaron en medio para evitar mirones, decidió aupar a su hijo sobre sus hombros para que este viera mejor el cadáver. Así se educa, señora.
-Mis jefes, que vista la cantidad de gente que se arremolinaba junto al bar, nos han instado a sacar más mesas para acoger al público. De no ser por la rotunda negación de mi encargado, me veo haciendo fotos a los guiris junto al cuerpo, como si se tratase de un Mickey Mouse gigante.
Me cago en el mundo, señores. Me cago en el mundo.
(Adrián) | (#) | Opiniones (10)
Collateral y el Paradigma del Poli Bueno
(Alerta: SPOILERS)
Pensaba yo viendo Collateral que en esta clase de películas en las que se lía el pollo y se confunde al bueno con el malo por una serie de desgraciadas casualidades, siempre existe el personaje del Poli Bueno situado allí para enmendar la situación.
El Poli Bueno es ese clásico secundario que hace de vulgar agente de carreteras (o peor, de alguna otra profesión del gremio público como bombero, enfermero o ingeniero de caminos y puentes), típicamente interpretado por gente sosa como Morgan Freeman o Tommy Lee Jones, y que mientras los engreídos agentes federales intentan apiolar al bueno, sabe unir una buena cantidad de datos inconexos e irrelevantes y olerse la tostada. Entonces inicia la investigación por su propia cuenta y riesgo, y acaba desenmarañándolo todo y ascendiendo a teniente o recuperando el honor que una vez tuvo.
En Collateral aparece este tipo de personaje, sólo que no salva nada. Cuando crees que va a arreglar la situación (y que por fin se va a terminar el puto bodrio de peli), aparece Tom Cruise y lo revienta a balazos. Simple y llanamente.
Ese es el único dato curiosón y divertido que he podido sacar de la película. Va de un tipo que tiene que matar a una serie de personas y utiliza a un taxista fracasado para solucionarse el siempre jodido problema del transporte.
En sí, la peli es una mierda. Su principal fallo es que se equivoca de década. Esto se hace en los ochenta, con un Bruce Willis y un Eddie Murphy en plena forma, y tendríamos una peli de culto más que poner entre La jungla de cristal y El último boy-scout. Pero ahora no es sólo que apeste a visto, sino que lo hace también a pretenciosidad, como si pretendiese contar algo más que la historia de un matón.
Otro dato a favor es que la fotografía y la música le dan buena ambientación al guión. Por lo demás, olvidable.
(Adrián) | (#) | Opiniones (7)
Mass Destruction
Hacía tiempo que no actualizaba el radioblog. Yo esta canción la quería poner el 3 de noviembre, cuando se hizo claro que íbamos a tener Bush para rato. Pero se me pasó el arroz y aún así la pongo ahora, porque soy así de molón y además sigue viniendo a cuento...
Whether long range weapon or suicide bomber
Wicked mind is a weapon of mass destruction
Whether you're soar away sun or BBC 1
Disinformation is a weapon of mass destruc
You could a Caucasian or a poor Asian
Racism is a weapon of mass destruction
Whether inflation or globalization
Fear is a weapon of mass destruction
My dad came into my room holding his hat
I knew he was leaving,
he sat on my bed told me some facts, son.
I have a duty, calling on me
You and your sister be brave my little soldier
And don't forget all I told ya
Your the mister of the house now remember this
And when you wake up in the morning give ya momma a kiss
Then I had to say goodbye
In the morning woke momma with a kiss on each eyelid,
Even though I'm only a kid
Certain things can't be hid
Momma grabbed me
Held me like I was made of gold
But left her inner stories untold
I said, momma it will be alright
When daddy comes home, tonight
Whether long range weapon or suicide bomber
Wicked mind is a weapon of mass destruction
Whether you're soar away sun or BBC 1
Disinformation is a weapon of mass destruc
You could a Caucasian or a poor Asian
Racism is a weapon of mass destruction
Whether inflation or globalization
Fear is a weapon of mass destruction
Whether Halliburton or Enron or anyone
Greed is a weapon of mass destruction
We need to find courage, overcome
Inaction is a weapon of mass destruction
My story stops here, lets be clear
This scenario is happening everywhere
And you ain't going to nirvana or farvana
You're coming right back here to live out your karma
With even more drama than previously, seriously
Just how many centuries have we been
waiting for someone else to make us free
And we refuse to see
That people overseas suffer just like we
Bad leadership and ego's unfettered and free
Who feed one the people they're supposed to lead
I don't need good people to pray and wait
For the lord to make it all straight
There's only now, do it right.
Cos I don't want your daddy, leaving home tonight
Whether long range weapon or suicide bomber
Wicked mind is a weapon of mass destruction
Whether you're soar away sun or BBC 1
Disinformation is a weapon of mass destruc
You could a Caucasian or a poor Asian
Racism is a weapon of mass destruction
Whether inflation or globalization
Fear is a weapon of mass destruction
Whether Halliburton or Enron or anyone
Greed is a weapon of mass destruction
We need to find courage, overcome
Inaction is a weapon of mass destruction
(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
Viva la gente
La gente. Desde que estoy trabajando, he podido observar que una de sus desventajas es que tengo que ampliar mi trato con la gente. Es inevitable. Yo que pensaba que había cumplido mi cupo de relaciones sociales hace cosa de medio año (y me esforzaba por crearme enemigos que compensaran un poco la cosa), me veo ahora en la obligación de rebajar mi poco talante con la masa de personas en general. Y es difícil, porque si mis impresiones sobre ellos ya resultaban "poco favorecedoras", dicho de una manera sencilla, la posibilidad de atender a todo tipo de pelajes no es que me brinde una oportunidad de oro para mejorar dichas impresiones.
Creo que ya he explicado más de una vez que tengo más de un Adrián en mi interior. Somos muchos, somos multitud, y todo ese rollo. El caso es que después de mucho tiempo de meditación, contemplación, y tiempo libre suficiente para todas las pajas mentales que se le ocurran a uno, he logrado diferenciar todo mi barullo interno en dos subcarpetas: Mi Adrián Jekyll y mi Adrián Hyde.
Adrián Jekyll es un tipo sencillo, humilde, quizás demasiado afectado por su falta de autoestima, con una necesidad casi agobiante de estar a buenas con toda persona que conforme su entorno laboral, social o familiar. No le cuesta nada hacer favores o sacrificarse en pos de esos objetivos. Es raro verlo de mal humor.
Adrián Hyde es un cabronazo. Es intratable, gusta de estar solo, y no deja de ser un quejica rencoroso que moriría si no pudiera ponerle pegas a algo. Es un tipo nervioso, irritable, prejuicioso y con poca paciencia. Odia que lo hagan esperar, o que le hagan bromas (pese a lo mucho que le gusta hacerlas a él), y es un irresponsable despistado que va a lo suyo sin contar con los demás. En lo que concierne a las relaciones con otras personas, es un témpano de hielo o un cacho de carne cruda, según se dé el caso.
Una vez delimitadas las dos consciencias que habitan en mi interior, pensaba que me sería mucho más fácil controlarlas y saber utilizarlas para el bien de mi karma. Lo que hacen los ninjas, pero sin poses raras. Lo que pasa es que no hay manera de hacerlo. Mis dos personalidades son unas hijas de puta cada una en lo suyo, y en vez de poseerme por turnos prefieren hacerlo al barullo, dejando relucir algún rasgo de uno mezclado con el de otro. Y la verdad es que así no hay manera.
Cuando entré a trabajar, pensaba que mi obligación de tratar a la gente con educación y respeto, pero sin dejarme avasallar, atemperaría ambos filos de mi navaja. Pero ni por esas. La gente -y de eso quería hablar yo- es gilipollas. Acude a un bar a destilar con alcohol las penas que no puede superar, y de paso dan por saco a un humilde servidor que le atiende. Otros parece que van a quejarse por todo, desde el momento en que toman asiento hasta en el que te piden la cuenta. Alguno quiere hacerse el gracioso y te toma por el pito del sereno o por el mayordomo que nunca tuvo.
Y luego está el que llega cuando todos estos han pasado y se encuentra a un Adrián hasta los huevos, harto de tener gente alrededor y con ganas de ir a su casa a encerrarse en sí mismo y poder cagarse en la madre de toda la humanidad, y claro, por mucho que uno fuerce la sonrisa y sepa tratar al cliente por encima de todas sus propias neuras (que uno sigue siendo un profesional, señora) , siempre se le escapa la frase de "ea, ya nos ha tocado el camarero amargado". ¿No es encantador?
Lamentablemente, todavía se encuentran algunos especímenes que se comportan con el respeto y la educación que se le deben a todo buen cliente, y que joden la oportunidad de generalizar con todo derecho. Bienvenidos a mi pequeño Hyde. Viva la gente. Bastardos hijos de la gran puta.
(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
Reencuentros
Ultimamente me encuentro demasiado con una persona a la que conozco de vista por habérmelo cruzado varias veces por la calle y a la que no saludo nunca.
Estas cosas son normales en mí: hace ya mucho tiempo que decidí no tener reparos morales en no saludar a alguien a quien nunca he saludado y que, además, no se haría eco del saludo aunque se lo diera. Pero el problema es que sobre esta persona flota la ominosa sombra de un recuerdo extraño. A ese chaval me lo presentaron hace mucho, en un recreo del colegio, dos días antes de que lo trasladaran a otro por culpa de sus malas notas. Sin embargo, se ve que sigue viviendo por el barrio, y el otro día descubrí que no sólo me lo encuentro con demasiada asiduidad, sino que además vive a dos puertas de mi casa.
Este descubrimiento, hecho hace cosa de un mes, me hizo pensar que a lo mejor el chaval sí me recordaba pero pensaba de mí que era un gilipollas por no saludarle. Dispuesto a mejorar una relación que nunca había existido, un día que nos cruzamos alcé las cejas y le dije un "hasta luego" en tono conciliador. El tío puso cara de haberse sorprendido y me devolvió el saludo sin mucha seguridad.
Ahí me di cuenta del chasco. El muy desmemoriado no se acordaba de mí, y eso que de nuestra presentación formal sólo distaban dieciseis años. Y para mejorarlo, yo había decidido saludarle como símbolo de buena voluntad y él me respondía como si fuera un loco callejero al que hay que seguirle la corriente. Lívido de ira, resolví que le podían ir dando. Aquella había sido la primera y última vez que le dirigía la palabra. Por desconsiderado.
Ahora que trabajo y mis idas y venidas son más frecuentes, me lo encuentro mucho, y sigo sin saludarlo. El problema ahora es que cada vez que no lo hago el tío me mira como sorprendido de que no lo recuerde. Claro, esto me pasa por saludarlo una vez. A lo mejor un par de días después consiguió ubicarme en su memoria y ahora le entristece que cada vez que me cruzo con él mire distraídamente hacia otra parte.
En resumen, que debe pensar que soy un gilipollas. Como al principio, vamos. Lo que pasa es que ahora paso de saludarlo de nuevo, no sea que me devuelva la pelota o peor, se convierta en una persona de la que ni recuerdo el nombre y con la que tengo que detenerme para la charla insustancial de dos minutos que siempre me trago cuando me encuentro con alguien por la calle. En fin, que ahora la cosa está de la siguiente manera: Yo giro una esquina, él viene calle abajo, yo busco desesperado algo donde fijar mi atención, él me mira esperando el saludo, nos cruzamos, él sigue calle abajo, y yo me muero de la vergüenza por el feo que acabo de hacer.
Hace una semana estaba en la cola del supermercado y adivinen quién apareció tras de mí: sí señores, él. Al principio yo hice como que no le había visto, pero de tanto mirar al frente acabó por poderme la presión y tuve que girarme y sonreír.
-Hola.
-Hola, qué tal.
Cojonudo, otra vez en las mismas. Ahora tendré que saludarlo cada vez que me lo encuentre por la calle. Y el caso es que no quiero, porque ni conozco su nombre ni su vida ni nada de nada. Lo único que sé es que tiene que ser un cabrón con pintas. Hay que serlo para traer tanto de cabeza a una persona completamente desconocida, vamos. Ni con mis peores enemigos tuve tantos problemas.
(Adrián) | (#) | Opiniones (9)
Comiendo palomitas
Fin de semana tranquilo: dos noches libres, dos noches de cine.
Luna de Avellaneda es otra película de Ricardo Darín. No sólo eso, sino que además es otra película del director de El hijo de la novia (Campanella) en la que colabora Eduardo Blanco (secundario de esta última) y todo el elenco de actores que han deambulado por el resto de películas argentinas que nos van llegando ultimamente.
Estamos en otra película formalmente idéntica a la anterior: se plantea un argumento que da título a la película (boda por la iglesia del padre con la madre/cierre del club), y de ahí se pasa a lo que realmente se quiere contar, que son las tribulaciones de los protagonistas desde un plano más personal. Aquí se tiran el moco y en vez de sacarnos sólo las de Darín se esfuerzan en que se haga una película casi coral, remarcando el "casi" porque al fin y al cabo todas van de la manita del protagonista indiscutible, Darín.
La película es larga (casi dos horas y media) y peca en que plantea demasiado rapidamente las cosas para luego languidecer en el desarrollo hasta el final, que recupera su ritmo habitual (y reafirma con más énfasis el subtexto social de todo el argumento) en la discusión final. Entre medias, el humor triste y nostálgico que caracteriza a este director y co-guionista, y una dirección impecable y en algunos casos muy original. Los actores, como siempre, en la línea, aunque he de confesar que a mí Darín me hace quitarme el sombrero con su humildad y sobriedad a la hora de interpretar los personajes.
Se deja ver, pero huele mucho a deja vu. Para incondicionales (yo lo soy).
Crimer Ferpecto es otra película de Alex de la Iglesia. Como ya ocurriera en La Comunidad (película de la que se nutre mucho), plantea una situación inverosímil en un contexto muy español, por decirlo de alguna manera. Si aquélla vez era una comunidad de vecinos, ahora son unos grandes almacenes. La película tiene un principio horroroso, con un Guillermo Toledo sobreactuado que sólo sabe poner cejas para indicar que está interpretando un personaje, pero se reanima en el primer punto de inflexión y nos lleva a lo mejor que sabe hacer el tipo este: el humor casposo, negro, grotesco y cañí. La escena de la cena familiar es sencillamente sublime, y Toledo deja por unos instantes de creérselo y vuelve a su máscara de Siete Vidas. Afortunadamente, el guión sustenta más su personaje que por sí mismo, y la película empieza a divertir, sin grandes genialidades, pero con un toque zetoso (que diría el amigo Absence) en esos movimientos de cámara o en ese secundario ectoplasmático. La gran lástima es que el final revienta toda posibilidad de dejar a Crimen Ferpecto en una línea aceptable y reseñable, y la devuelve al inicio, a esa pasada de rosca que pretende ser graciosa y se queda en un bluff. Una lástima.
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La Metamorfosis
El día que Gregorio Samsa se despertó y descubrió que no se había transformado en ningún insecto, decidió que ya estaba bien de tanta tontería. Era hora de tomar las riendas de una vida que -estaba visto- nunca iba a convertirse en nada perdurable. Así, estableció que dejaría su trabajo y ocuparía ese espacio vital con una ocupación estimulante, y encontraría una buena mujer que compartiera con él una hermosa casa de campo desde la que ver los amaneceres y los ocasos.
Con ese futuro en mente, Gregorio Samsa salió a la calle investido con un nuevo optimismo, con tan mala fortuna que cruzó la calle con despiste y un camión lo arrolló como si fuera ese insecto en el que nunca pudo convertirse. Triste es la vida.
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Noche de elecciones
Comenté ayer, así como de paso, que me iba a tocar cubrir las elecciones. Eso no quería decir lo que yo pensaba, esto es, que tendríamos a unos cuantos americanos pendientes de la televisión más chica mientras tomaban unas copillas. Ojalá. Unos americanos -a los que luego tuvimos que echar del bar por robar cervezas- contrataron la sala grande para televisarlo, y metieron a trescientos americanos ávidos de alcohol. Tan ávidos que durante las primeras dos horas no había Dios que se fijara siquiera un poquito en la emisión de la CNN que habíamos sintonizado.
Pero a mí plim. Yo me reía mucho porque a cada americanito le preguntaban por su opción y se la escribían en la mano. Así, había un número igualado de Ks y Bs en las palmas de las manos, y durante veinte minutos me inventé que los que apoyaran a Kerry tenían que pedir en el lado izquierdo de la barra, y los de Bush en el derecho. Se lo creyeron durante diez minutos, y luego no les hizo ninguna gracia. Pero, como ya digo, a mí plim. Lo que yo quería era que hubiera tortas. No me parecía suficiente ridículo que estuvieran viendo los resúmenes electorales como si fuera la final de la Superbowl, y quería ver como dos norteamericanos se partían la cara por el honor insultado de sus candidatos. Pero ni eso.
A las tres de la mañana empezaron a salir estados de manera definitiva. La multitud coreaba todos los estados en los que salía ganando Kerry, y correspondía con un par de vítores los estados de Bush. Uno de mis compañeros consiguió sublevar a un núcleo reducido de borrachos para que corearan a voz en grito el nombre de Nader. Por aquel entonces empezamos a notar que los organizadores estaban nutriendo a las masas de alcohol gratis. El Sueño Americano estaba roto, y nos tocaba a nosotros ponerle mano dura.
Y se la pusimos. a las cinco cortamos el surtidor, desconectamos el aire acondicionado y le quitamos el sonido a la tele. Ahora sólo podían ver la CNN muda, pero les daba igual no enterarse del momento más importante de su nación: ellos estaban más ofendidos porque habíamos dejado de ponerles cervezas y vodkas con red bull. Hubo algún que otro encaramiento, y al final cerramos todo. Estábamos tan hasta los huevos que cuando uno comparó el cierre del bar con la "huida de Iraq por parte de los españoles" le dijimos alegremente que su madre no opinaba lo mismo acerca de los cojones españoles. El tío se quedó boquiabierto unos segundos y luego se marchó.
Al final, a las siete de la mañana, dimos por cerrado el bar. No sabíamos quién había ganado. Ni los americanos tampoco. Yo creía que Kerry estaba ganando, pero me he despertado hace veinte minutos y me han dicho lo contrario.
En fin, a mí plim. Yo hice ayer veinte euros de propina...
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Actualizando
Llevo un par de días con esto abandonado y a su suerte. La razón más plausible se resume en tres palabras: trabajo, trabajo, trabajo. Esta noche, además, más trabajo todavía, porque son las elecciones y el bar hace cobertura especial. God Bless America. Y de paso, las horas extras.
La otra razón, la que se esconde sabiamente tras la sólida excusa laboral, es que no tengo nada de lo que hablar. De momento. Mi existencia, generalmente aburrida, ha alcanzado un grado de insipidez alarmante, probablemente por el hecho de que he aprovechado el poco tiempo libre que he tenido del puente para perrear y darle forma al sofá.
Sin embargo, me debo a mi público, y si no los mantengo en antena la sorpresa que les tengo preparada para final de la semana (espero) no va a tener la repercusión que se merece. Así que he decidido dedicar este día al Típico Post de los Enlaces.
En el fondo, sólo son dos o tres. Mi proveedor de enlaces chorras, que a la sazón es mi padre, ha compartido mi holgazanería este puente y no ha surcado mucho el Google, que le encanta. Así que de momento sólo puedo ofrecerles esto:
-En primer lugar, el enlace más soso de la tarde. Después de tantos mensajes de error trucados, este no es una novedad. Además, creo que es bastante viejo.
-En segundo, una hermosa declaración de principios que une a Dios y a los diamantes mediante unas hermosísimas imágenes renderizadas. Un tipo nos intenta vender que el Reino de los Cielos es una especie de joyería eterna. Y nosotros nos lo creemos. Cómo no hacerlo, con esos diamantes tan deslumbrantes.
-Otro enlace chorra (¿No lo son todos?). Este es MUY chorra, pero lo pongo para manifestar que me jode que no digan nada acerca de dónde conseguir el puñetero cojín. Mierda.
-Este no está mal. Supongo que entretendrá. Pero empiezan a resultar cansinos los flash con monigotes.
-En este nos enseñan cómo conseguir que nuestra página web no sea una puñetera mierda. A lo mejor los consejos son buenos, yo no lo sé. Si ustedes son capaces de aguantar la música me lo dicen.
-Ya para terminar, este es la joya de la corona. No digo nada. Descúbranlo ustedes.
En fin, esto es todo por hoy. Les recuerdo que el primer comentario de este post conmemora el número 300 de todo el blog. Sean buenos e impiden que sea un bot de spam, coño.
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