El mito de Sísifo
No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio.
Lo que llamamos una razón de vivir es al mismo tiempo una excelente razón de morir.
Saber si el hombre es libre exige saber si puede tener un amo.
O no somos libres y el responsable del mal es Dios Todopoderoso, o somos libres y responsables y Dios no es todopoderoso.
Que todo esté permitido no significa que nada esté prohibido.
(Albert Camus)
(Feliz Año Nuevo a todos)
(Adrián) | (#) | Opiniones (4)
La familia y siete más
La madre de una amiga mía coleccionaba búhos. O, más bien, le obligaban a coleccionarlos. Tenía su casa repleta de búhos de todo tipo: de madera, papiroflexia, alambre, vidriera, escayola, papel maché, etcétera, y no había comprado uno solo. La anécdota se resumía en que una vez un familiar suyo no tenía ni idea de qué regalarle por su cumpleaños y conociendo su afinidad con este tipo de animal le regaló una figurita. A partir de allí, el búho se convirtió en el Regalo Comodín de la señora: si no sabes qué regalarle, cómprale un búho.
Todo esto viene a cuento de que parece ser que yo soy de esa clase de especímenes cuyos allegados han de remover cielo y tierra para encontrarle un regalo. Yo sigo admitiendo que soy sencillísimo, pero cuando llegan las fechas señaladas, regalarme algo parece ser una tarea hercúlea. Así que, en lo que al sector familiar se refiere, mis regalos empezaron a venir en sobres o dentro de gomillas elásticas. Un poco en plan mafia, vamos. Yo llegaba, charlaba, y cuando nadie miraba me deslizaban el "aguinaldo" y cada uno volvía a lo suyo.
Sin embargo, este año alguien ha debido filtrar mi coña con los patitos de goma y lo ha visto claro. El resultado ha sido éste. De la noche a la mañana mi habitación se ha visto invadida por un ejército de muñecos que me miran por las noches y acojonan al más pintado.
Al fin tengo mi propio ejército.
March Of The Sinister Ducks
Everyone thinks they're such sweet little things
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
Soft downy feathers and nice little wings.
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
But there's a poison I'd like to administer,
You think they're cuddly but I think they're sinister.
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
What are they doing at night in the park?
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
Think of them waddling about in the dark.
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
Sneering and whispering and stealing your cars,
Reading pornography, smoking cigars.
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
Nasty and small undeserving of life.
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
They smirk at your hairstyle and sleep with your wife.
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
Dressed in black jackets and horrible shoes,
Getting divorces and turning to booze.
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
Forcing old ladies to throw them some bread.
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
Who could deny they'd be better off dead?
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
Look closer and you may recoil in surprise,
At web-footed fascists with mad little eyes.
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
Ducks, Ducks! Quack, Quack! Quack, Quack!
(Adrián) | (#) | Opiniones (4)
Volvido
Mediante la generosidad de mi hermana (a la que no puedo menos que linkear) poseo un monitor provisional (que, encima, es mejor que el que tenía antes) y puedo hacerles un somero resumen de lo que han sido, o están siendo, mis Navidades:
-Disfruto (por decir algo) del placer que se siente al tener millones de post agolpándose en la memoria y la incapacidad de transmitirlos. A eso se le añade la certeza de que dentro de un mes no tendré temas y me estaré subiendo por las paredes.
-He trabajado en Nochebuena. Y en Navidad. Y me toca en Nochevieja. Estoy haciendo tantas buenas acciones aguantando borrachos que espero tener bula papal durante treinta años. Mínimo.
-He ido al cine. Ocean's Twelve podría ser mejor. Pierde mucho en comparación con su antecesora.
-He recibido jugosos regalos navideños.
-No he visto a casi nadie de mis amigos. De hecho, estas son las Navidades más escasamente sociales de mi vida. Aún no sé si me gusta o no.
-He estado a punto de desintoxicarme de Internet. Por poquito. Menos mal que mi familia se ha aprestado a quitarme el mono.
Y así todo. Pelín aburrido. Supongo que en días sucesivos trataré de escalonar todo lo que he pretendido contarles en este lapso de tiempo. A ver si no se me escurren las fechas y puedo ponerme al día.
(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
No somos nadie
Mi ordenador llegó a casa hará cosa de siete años. No era lo más que había en aquellos momentos, pero tiraba lo justo para lo que lo necesitábamos.
Con el paso de los años, le dimos un tute de órdago. Mi padre lo usaba como fuente de recambios para los ordenadores de su trabajo. Piezas entraban, piezas salían, era como un Lego. Yo me dedicaba a instalar y desinstalar programas y videojuegos. A la hora de limpiar y ordenar el registro parecía que no lo iba a superar. Era como escuchar a HAL diciendo "No lo hagas, Dave...".
Tenía Windows 98 cuando lo compramos. Intentamos pasarlo a 2000, pero no funcionaba. Incompatibilidad con practicamente toda la mierda que le habíamos metido y quitado. Volvimos al W98. El ventilador se escacharraba y no paraba de dar pitidos. Llegaba un punto en que cerraba el solito el sistema, sin preguntar. Pasó más virus que toda la familia junta.
Pero resistió.
El último golpe le sobrevino cuando mi padre decidió montar la oficina en casa y el ordenador familiar pasó a pertenecerme sólo a mí. Le pusimos red local, le cambiamos un par de tarjetas, intentamos reinstalar la grabadora... Llevo varios meses sabiendo que acabaría por petar. No sabía si sería de puro viejo o de motu propio. Suicidio. Me imaginaba a la propia CPU fundiéndose a sí misma cada vez que intentaba grabar un cd. Fueron tiempos muy duros.
Hoy ha pasado una cosa muy curiosa. Ha sido como si llevaras tiempo esperándote la muerte del abuelo y al final pringa el sobrino, que creías estaba más sano que un roble, mientras lo cuidaba: El monitor, después de siete años de funcionamiento impecable e ininterrumpido, ha hecho puf. Sin victimismos ni avisos ni largas vigilias, ni tantas operaciones. Un adios muy buenas muy digno.
El problema ha sido que lo ha hecho cuando no miraba nadie. Como no esperábamos su fallecimiento no nos hemos enterado de nada y se ha pasado toda la tarde enchufado, con lo que cuando he llegado a casa me he encontrado con un olor a caucho quemado inaguantable.
Así que aquí estoy, escribiendo desde otro ordenador porque el mío ha quedado inservible. Auguro una actualización lenta hasta que encuentre un sustituto, así que estas navidades podrán saltarse felizmente la obligación de leerme.
Ese es mi regalo. Que lo disfruten.
(Adrián) | (#) | Opiniones (6)
Una cruzada en solitario
"Una cruzada en solitario" es el título de un libro gordísimo de Chester Himes, famoso por sus novelas de género negro de las cuales yo he leído pocas, o más bien sólo una.
El libro cuenta la historia de Lee Gordon, un negro que se enrola en el sindicato como organizador, en tiempos de guerra (la segunda), como punta de lanza para atraer el voto negro y darle fuerza al movimiento sindical. Lee encontrará mil y una dificultades, no sólo políticas, sino también sociales y personales, para llevar a cabo su labor.
Con este argumento, Himes crea una novela que aborda diferentes temas, como el comunismo, los problemas raciales y la propia situación y psicología de los negros en la América de los años cuarenta. La disección y muestra de todo ese mundo es tan sincera que termina por ofrecer una inquietante moraleja: en todas partes cuecen habas, y existen personas corruptas que se arropan bajo el calor de su ideología para seguir perpetuando la escala de poder. Parece ser que la novela fue criticada desde muchos frentes por la visión descarnada que ofrece de la época, llegando incluso el propio autor a recibir amenazas de divorcio por parte de su esposa al verse demasiado reflejada en el personaje de la mujer.
Himes es crudo y directo, poco amigo de las medias tintas y las concesiones. En esta novela no existen malos ni buenos, sino seres humanos luchando por sobrevivir y enfrentar sus ideas a las de el resto del mundo, acabando pocas veces en un final feliz.
Con sus casi 500 páginas que se leen en un suspiro y enganchan desde el principio, esta novela ofrece un interesante documento de época, encajado en una trama política impecable.
Edita Mondadori. Pero es edición antigua, o sea que igual se puede encontrar en alguna otra.
(Adrián) | (#) | Opiniones (0)
Fantasmón de opereta
En el cartel rezaba "El Fantasma de la Ópera, dirigido por Joel Schumacher", y claro, uno se imaginaba que esto sería una especie de Batman en el siglo diecinueve: tipos encapuchados, escenarios barrocos (de los que le gustan al Schumie), música rap y artes marciales a cámara lenta en plan Matrix. La repera, vamos. Una oportunidad como cualquier otra de comerse unas palomitas con mucho ruido.
Y entonces claro, entro y me entero a última hora que aquí ha metido mano Andrew Lloyd Webber, el famoso productor de musicales de Broadway. Y entonces empiezan a aparecer metrosexuales cantando en falsete, y todo se va al carajo. ¿Saben ese capítulo de los Simpson en que Homer se frustra porque la peli de Eastwood que había alquilado resulta ser un musical? Pues lo mismo.
No es que no me gusten los musicales. Los acepto. Lo que no aguanto son musicales teatrales pasados al cine, porque todavía no he visto ni uno que se sostenga. Y aquí pasa lo de siempre: mucha decoración, mucha estética (toda fea, por cierto, que hay partes en las que parece que va a salir el calvo de la Once a escupirte la suerte), muchos niños cantores, pero cuando se supone que la cosa debe acojonar, da risa. Y cuando debe emocionar, aburre. Hombre, uno no pide mucho: hasta el más tonto de los directores de cine sabe que poner a una señora cantando cinco minutos mientras pasea son ganas de que el espectador se provoque el hara-kiri con la pajita de la cocacola. Pues así todo el rato, oiga.
Así que claro, empecé a pensar que lo que le faltaba a esto era la Marca Schumacher: rap, chaquetas de cuero, poses molonas. Porque entonces hubiera sido cutre en vez de pretencioso, y me podría haber echado unas risas sanas.
En fin, la historia va de un tipo desfigurado que lleva desde niño escondido en un teatro de ópera y le entra una desenfrenada pasión por una corista que acaba siendo cantante principal y enamorándose del tipo apuesto y rico y blablablá. La capacidad de algunas personas de convertir piezas insignes de la literatura o el cine en tópicos manejados insufriblemente hasta la naúsea no deja de fascinarme. La "especie" de "dirección" "preciosista" deja mucho que desear en tanto que uno se fija en que la mitad es cartón piedra barato retocado digitalmente. Las interpretaciones dejan mucho que desear, por lo dicho: el cine no es teatro, y el musical no es cine, y el que canta lo hace bien (en riguroso diferido) pero no tiene labor alguna que hacer en los diálogos. Y cuando sabes que tienes lastre en muchas cosas, tienes que confiar en que el propio concepto de musical te salve el proyecto.
Y ahí llegamos a lo duro. Porque el principal factor del musical se desaprovecha en coreografías inexistentes, saturación de primeros planos, movimiento escaso y mucho foco. Y a lo mejor eso mola al principio, pero luego aburre. Y mucho.
En fin, que no. Vayan a verse una del Seagal. Eso sí es Schumacher en estado puro.
(Adrián) | (#) | Opiniones (23)
Turno de noche
En los turnos de noche pasa siempre de todo. Da igual lo mucho o poco que trabajes, al día siguiente siempre tienes la sensación de tener los huesos descoyuntados y la cabeza en otro sitio. A diez minutos de distancia.
Anoche intentó pegarse demasiada gente. Separé a tantos becerros ebrios de sí mismos y de otras cosas que me llegué a preguntar si había cita con el Club de la Lucha o algo. Luego me di cuenta de que en el fondo aquél bar tenía de selecta clientela a gente con el único objetivo de echar la caña de pescar a lo que salga. Y también van parejas.
¿Qué le pasa a la gente? A veces me siento como el dueño de un club de alterne. Abro, dejo que entren las incautas guiris, luego los puretillas desesperados, y les escancio alcohol para que ellos mismos monten la escena. No hay Dios que tenga ujna borrachera serena y sonriente. Todos quieren gritar, pegarle al de al lado, liarla contra el camarero, romper cosas... Es como si estuviera prohibido emborracharse si no es para liberar la frustración con los puños.
Ya me he acostumbrado a los habituales, así que cada noche tengo que lidiar menos con exigencias incomprensibles y quejas por quejarse. Somos todos tan simples que hasta un currito como yo puede memorizar los más y los menos de cada uno. Le pones lo de siempre, y cortas el riego cuando hace la primera mirada en derredor buscando gresca. Luego le escuchas un ratito y se va sólo a casa. Es como estar en una guardería.
La simbiosis es perfecta, porque luego cierras y llegas a tomarte la de los justos al bar que cierra más tarde, donde ya saben qué ponerte, y que querrás unos dardos, y hasta te tienen reservado el rincón de siempre. Y lo mismo hasta queda uno de los que atendiste antes, más borracho, con ese sentimiento falso de amistad que te profesan porque simplemente hacías tu trabajo de servirles copas, y ellos lo ven cómo un símbolo. Y te invitan.
Y acabas luego en el taxi, dándole palique al chófer porque por fin sabes lo que es un día tras otro, y tras otro, y tras otro, y la necesidad de hablar. Te puedes pasar horas callado, alienado, limitándote a trabajar y anulándote el propio yo, porque cansa.
Y al día siguiente los huesos descoyuntados, la cabeza a diez minutos y sumas un par de horas más a la larga lista del cansancio. Y suma y sigue.
Me encanta mi trabajo.
(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
Tiras cómicas
(Adrián) | (#) | Opiniones (1)
Pongamos que hablo de Madrid
Madrid es lo de siempre: Méndez Álvaro, líos con el metro, soltar la maleta, comida en Burrikín, más metro, Callao-Fnac-Puerta del Sol, desayunar en Dunkin' Donuts, comer en el kebab, comer en La Pepita, Gran Vía arriba, Gran Vía abajo, ver a los colegas, discutir sobre los colegas, más Fnac, y vuelta a casa.
También es ver museos, sentirse un pueblerino, no aguantar las aglomeraciones de gente, comprar libros de segunda mano, hacer turimso de pega ("Fuencarral... ¡Esta sale en el Monopoly!"), encontrar famosillos por la calle (Manolo García un domingo por la mañana...).
También es saber que á pesar de todo y quizás por todo algún día te gustaría vivir en Madrid, pero eso lo piensas en las seis horas de viaje de vuelta, cuando toca volver al trabajo, a la rutina, a lo de siempre.
Sabina en el radioblog. Disfruten.
(Adrián) | (#) | Opiniones (4)
Impasse
Me voy a Madrid a pasar el fin de semana. Volveré el lunes, quizás con algo interesante que contar.
¿Que por qué me voy a Madrid el fin de semana post-puente y no en el propio puente? Porque soy así de chulo...
Pórtense bien.
(Adrián) | (#) | Opiniones (3)
La tecnología móvil y su puta madre
Yo antes tenía un móvil sencillito, y la verdad es que me gustaba bastante: pequeñito, funcional, no muy feo... Eso fue hace dos años. La tecnología MDPJ (Moviles Diseñados Para Joderse) ha hecho que acercándose su segundo aniversario empiece a hacer el tonto y fallar más que una escopeta de feria. Es normal, esta clase de artículos están creados para resultarte baratos y que al cabo de cierto tiempo tengas que cambiarlo por sistema. No es una teoría conspiratoria, en serio. Tengo un amigo que compró el mismo móvil y a los dos años, ¡Ñaca! Al carajo.
En fin, que mi móvil está en las penúltimas. Justo en Navidades, que es donde más duele. Y es que yo pertenezco al tipo de usuarios que no usan para nada el móvil, pero que si lo pierden están perdidos. Por eso me toca mucho los cojones tener que gastarme dinero en algo inservible pero a la vez necesario. Y así estamos. Además, los avances de la tecnología móvil han hecho una serie de cosas que me cabrean más, a saber:
-Ya no hay móviles en blanco y negro. Adios a las pantallitas pixeladas que se veían de puta madre con sólo ponerlo a la luz. Ahora todos los móviles son con pantalla de colorines, todos horteras, para que te de verdadera vergüenza sacarlo en público.
-Tienes que joderte con el politono de los huevos. Yo siempre he sido de los que se ponen el sonido de timbre telefónico y punto. Pero eso ya no existe. No vende, así que el usuario discretito tiene que apechugar con una especie de discoteca portátil.
-Es casi imposible encontrar un móvil decente sin cámara digital, cámara de vídeo o cafetera. Todos los que no lo tienen son casi tan malos como el mío. Así que tienes que comprarte la cámara para poder hacer el idiota por ahí. Estas cosas sólo sirven para fotografiar borracheras, y yo de eso no gasto.
-Los colorines. Ahora te llaman al móvil y este empiza a parpadear con alguna luz chillona que se ve a kilómetros. Por Dios.
-La tecnología WAP, MMS, GPS, Bluetooth y la madre que los parió a todos. No pienso aprenderme tantas siglas.
En resumen, que uno ya no puede salir a la calle a comprarse un teléfono que sirva para dar o recibir llamadas. Tienes que salir con una especie de móvil tuneado que te sirve hasta para freirte unas tostadas si te sirves en el desierto.
Maldito progreso...
(Adrián) | (#) | Opiniones (4)
Crítica de cine
Los Increíbles es una obra maestra del cine de animación y superheroico.
¿Algo que objetar?
¿No?
Lo suponía.
(Adrián) | (#) | Opiniones (4)
No puedo dejar el vicio
Llevo dos días sin internet. Si hace poco les comentaba el miedo atávico a la pérdida del bien eléctrico en general, hoy les hablo de algo mucho más particular y terrorífico.
Tras dos días sin internet estoy como loco. Mi ordenador es una especie de mamotreto inservible, me veo obligado a socializarme con mi familia, en el trabajo me miran raro porque hago los posts del día en una servilleta...
Lo peor, sin duda, es tener TODO ese espacio libre. Dios santo, es como darte cuenta de que tienes una vida y hay que aprovecharla. No me he sentido tan cerca del suicidio en años. Afortunadamente, el DVD ha copado parte de ese vacío y mi neurosis ha decrecido lo suficiente como para que mi hermana deje de mirarme con cara de ir a denunciarme. Hoy puedo contarles que si he sobrevivido a la pérdida temporal de un vicio es porque lo he podido sustituir con otro.
La moraleja del día es: no le des a una cosa si le puedes dar a dos. Así cuando una falte podrás descargarte en la otra.
Y esto se aplica a libros, cine, sexo, drogas, etcétera...
(Adrián) | (#) | Opiniones (4)
¡Abandono lo cool!
Me pasa hoy The Thief una página web que no tiene desperdicio. Aunque él no me lo dice claramente en el correo, se le nota que está flipando colorines con lo que ve, y no precisamente por querer convertirse en un eunuco mal peinado como se ve en la fotito, no. La razón es más... erm... graciosa.
Verán, si encuentran ustedes en esa mariconada de diseño algo llamado fashionism, descubrirán una definición del término (ya gilipollas de por sí) que acojona: "Hombres que discreta y apasionadamente poseen una fascinación por las cosas bonitas. Como mujeres, coches, interiores y modas." La traducción trata de ser todo lo literal que puede.
Yo venía ya pensando que esto de ser cool empezaba a no ser tan divertido. Uno no puede jactarse de ser la élite con tanto modernito alrededor. Y menos con tanta plebe mezclando términos, confundiendo churras con merinas y consiguiendo, al final, dos cosas: perversiones estéticas como las de esa página, y que al final sea cool hasta el hijo del pocero.
Y eso sí que no. Antes muerto que sencillo. Puedo soportar que alguien confunda cool con modernito, pero que conviertan mi pose en algo desvirtuado, prototípico y masificado, ya no lo aguanto. Karl Lagerfeld, yo te maldigo.
Así que en estas estamos. Abandono lo cool. Ahora sólo tengo que encontrar una pose nueva, antes de que la gente se de cuenta que siendo yo mismo soy inaguantable...
(Adrián) | (#) | Opiniones (11)
