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Enero 31, 2005

Psicología barata

Me hicieron ayer un jueguecito de esos de dibujar tonterías y ponerle calificativos a las tonterías, de manera que mi subconsciente me traicionase y se pudiera deducir, en dos patadas, qué tipo de persona era yo, cómo me veían los demás, y qué pensaba del sexo.

A mí estas cosas, por más que les otorgue muy poco fundamento (supongo que el lerdo que se inventó estos jueguecitos colegiales allá en la noche de los tiempos debe reirse de lo lindo), siempre me han parecido curiosas. Y no porque me lo crea (todo el mundo tiene esa anecdotilla de la gitana que le lee la mano o el tonto que le echa las cartas y le descubre la vida entera; a él, o a un amigo, el colmo de la rumorología), sino por la manera en que consiguen, a partir de siete chorradas, darte una descripción generalizada de una persona y hacer que te creas que hablan de tu psique. En estos pseudotests siempre aparece lo siguiente:

-Si escribes inclinado hacia arriba, eso quiere decir que eres optimista. Asombrosamente, todo test de estos que he hecho me declara como optimista acérrimo. Sólo eso ya me saca una sonrisa.

-Si cualquier dibujo que hagas, lo haces orientado hacia la izquierda, resulta que eres una persona ingeniosa. Da lo mismo que seas zurdo o tengas un problema de vista o que, simplemente, te guste dibujar así.

-Lo del dibujo sigue siendo gracioso, porque dependiendo de los detalles, el trazo, el tamaño, e incluso la zona de papel que utilices para dibujarlo, el creador del test sabe cómo eres, sin ningún tipo de duda. Lo cual me hace siempre preguntarme cómo afectará este test a un estudiante de Bellas Artes o a un manco, por ejemplo.

-El sexo. A lo mejor es que en realidad tiene mucha importancia en la psique de las personas, pero es que yo no logro sacarle ninguna explicación lógica a que un test de personalidad consistente en cuatro dibujos y dos frases haya tanta insistencia en describir el comportamiento sexual de alguien. A menos que sea el simple morbo, claro. Pero entonces a saber cómo tengo que interpretar la seriedad de este tipo de tests.

Y sin embargo, hay gente que se lo cree. Hacen cuatro garabatos, escuchan cuatro perogrulladas, y abren la boca como un pez porque "les han descrito perfectamente" y "ni ellos mismos sabían hasta ahora este tipo de cosas de sí mismos". Yo tengo que reconocer que alguna vez que otra he picado (una vez me leyeron las runas; en serio), pero generalmente me entrego a estos juegos con la curiosidad de saber si también me dirán que soy optimista, o qué clase de perversiones me gustan en la cama. Nunca es tarde para conocerse un poquito mejor a sí mismo.

Hay gente para todo.

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Enero 28, 2005

La dignidad, ese mito

A ver. Un entiende que a estas alturas de vida la sociedad se escandalice cuando sale uno de esos cínicos perdonavidas que llama a las cosas por su nombre sin mostrar pudor alguno. Es normal. Y entiendo que para solucionarlo haya que ir buscándole eufemismos a las cosas, o sea, no mostrar sexo en las películas para que el niño pueda ver la sangre desparramándose sin problemas, declarar días internacionales de la madre que me ha parido, prohibir el condón, y tal.

Pero es que esto ya clama al cielo.

Antes de que se pongan ustedes a hacer inferencias, el cartel de la foto no corresponde a una especie de residencia terapeútica para familias que ya no se aguantan entre sí, en plan los Simpsons, con las estacas de gomaespuma, y los electroshocks, y todas esas cosas. Más bien, de lo que se trata es de un asilo. Bueno, asilo no, que suena a tercera edad y la gente no quiere que se sepa que se deshacen impunemente de sus mayores enviándoles a esos antros infectos. No, es mucho mejor, más bonito, más políticamente correcto, deshacerse impunemente de tus mayores enviándolo a un Centro de Respiro Familiar. Pero es que esto no es lo mejor, que en la otra esquina (de esto no tengo foto, que las monjitas ya me miraban raro) ponía alegremente el palabro "Gerontogar", como quien dice Bat-Cueva o Port Aventura, mismamente dicho. Ya me imagino a los agüelos dándole al mus en el parque y don Aurelio diciendo "Me voy al Gerontogar, que hoy nos ponen la montaña rusa". Una risa.

En fin, que yo lo flipo un poco. Porque retocar el nombre de un sitio para que no parezca que es lo que en realidad es puede pasar, pero encima darle cachondeo no, oiga, que los pobres son viejos pero no tontos. Centro de Respiro Familiar. Me imagino a la familia entera respirando tranquila en el sofá, sin tener que preocuparse más de esa especie de mueble que se movía y se quejaba tanto, y al que había que darle sopitas y ponerle inyecciones. Comprensible. Yo, cuando me jubile o cuando ya no pueda mantenerme yo solito, quiero que me lleven a un sitio de estos. A que mi familia respire. Que lo mismo me he pasado media vida partiéndome los cuernos para que no les falte de nada, y no es plan exigirles encima un poco de dignidad. Que no me envíen a un asilo. Que lo hagan a Gerontogar, o al Centro de Recreo Octogenario, o a lo que sea que no parezca un asilo de mierda, aunque lo sea, que lo mismo hasta consigo que la gente vea mal a mi familia porque me han metido en un asilo y no en un Centro de Respiro Familiar, que lo mismo hasta da pedigree. Eso no sería digno, y más a mi edad.

Hay que joderse.

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Enero 27, 2005

Nervios

Total, que entramos a cenar. Y pasando la vacía zona de espera, torciendo en la columna, me doy de bruces con mi jefe. El tipo que me paga las habichuelas, cenando con unos amiguetes. Y a mí, de repente, se me quita el hambre.

Situación incómoda. Rocío va a buscar mesa (allí, allí, lo más lejos posible, le digo), yo me quedo saludando. A él, a la esposa, a los amigos. A todos los conozco del bar.

Total, que me siento. Hecho un manojo de nervios. ¿Por qué? No es que odie a mi jefe, pero así como que me siento nervioso. Para arreglar el tema, salen unos mariachis y se me arrancan por corridos y rancheras. Y además, mesa por mesa.

Pedimos. Cuando me llegan los nachos de entrante, veo que por la puerta aparece la pokemon-china-te-vendo-una-losa. No es que compartir espacio con ella me incomode, pero es que a esta también la conozco. Es de las que nos tienen dicho una y mil veces en el bar que no las dejemos entrar, que dan mala imagen, pero a mí es que se me revuelve algo dentro cada vez que tengo que hacerme el duro e impedirles el paso. Total, que me saluda. En plan "yo a ti te conozco, tú eres el cabrón que nunca me deja pasar". Empiezo a tamborilear los dedos en la mesa. Los nachos se me atragantan, aunque puede ser que tengan mucho pique. La china se acerca a nuestra mesa y ya estoy temiendo que me diga algo. Miro a mi izquierda y los mariachis también se acercan. Alerta. Ya sólo falta que por el flanco que me queda libre aparezca mi jefe con una carta de despido o algo. Pero no, todos pasan al final, como si no existiéramos. Sin querer, me meto en la bca un nacho demasiado grande y me clavo las esquinas en el paladar. Rocío me mira, pensando que voy a estallar, seguro.

Total, que mis jefes se van. Nos despedimos y tal. Uno de los amiguetes me dice en spanglish "Hasta luego, gracias". La coletilla que nos suelta a los camareros cada vez que se va del bar. Hay que joderse.

Un respiro de tranquilidad. Los mariachis se toman un descanso. La china se va. Ea, a comer. Conversación distendida, chistes, todo eso. Las venas de mi cuello se relajan.

Entonces pido la cuenta. El camarero cambia de alegre a serio, y se nos acerca solemnemente a la mesa. Ya la hemos cagado. Algo habremos hecho. Siento el aneurisma en mi cabeza crecer y crecer, las gotas de sudor resbalándome con la frente, clavo las pocas uñas que me quedan en la silla.

"La cuenta... esto...". Parece que me vaya a decir que mi madre se ha muerto. Mi mente se reorganiza por escasos segundos y pienso que es una broma. Ahora salen los mariachis y nos cantan feliz aniversario, o algo, porque llevamos bolsas con regalos envueltos y lo mismo se creen que celebramos algo. El ojo izquiero me palpita. Me duele el brazo. Ahí viene el infarto.

"El caballero que se ha ido hace poco les ha pagado los postres."

Ahí va. Mi jefe. Papelón. O sea, no. Que muy agradecido. Pero yo con el buen hombre no he tenido más relación que un holaquetal, puesaquíestamos. Relajación porque lo de la cuenta no es grave y embarazo porque yo esto no me lo esperaba, joder. Que en estas cosas uno no sabe si agradecerlo es educado o no, así que ya me veo balbuceando un graciasjefe mañana. rediós.

El postre, mu güeno. Tartita de chocolate. O debería decir "atorador de arterias con sabor a chocolate", porque aquello tiene la textura de la arcilla blanda en vez de la espumosa que se le supone a una tarta. La reconcentran más y explota por fusión fría, la hijaputa. Vamos, que viene muy bien para el estado de mi ritmo cardíaco, que a estas alturas debe parecer un solo de batería.

Total, que pagamos. Por Dios, vámonos ya de este infierno. Aquí no vuelvo más, proclamo. Y si vuelvo, envío alguien que me allane el terreno. Que uno no está para estos sustos.

De vuelta a casa, frío polar. Mezclado con la humedad del río. Mis pulmones, encharcaditos, mi nariz, soltando lastre.

Así es imposible conseguir un poquito de descanso, hombre.

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Enero 25, 2005

Botón derecho + guardar como

Visionado obligatorio

Está en inglés, pero espero sabrán pillar El Concepto.

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Enero 23, 2005

Una razón tan buena como cualquier otra

Creo que voy a suicidarme.

Desde siempre, he tenido una memoria fantástica. Ya de pequeño me decían que era demasiado observador y supongo que esa es la causa de que aún hoy sea capaz de recordar episodios que más de uno tenía olvidados. Sin embargo, todo acaba por decaer, y a medida que pasan los años y se aumenta el tamaño del archivo, uno tiene que ir seleccionando recuerdos para que no se le abarrote el disco duro. Así pues, hoy mi memoria es algo convencional, recordando la escena pero no sus momentos. Te das cuenta de ello cuando entre amigos recuerdas algo y entre todos teneis que ayudaros para poner las piezas cada una en su sitio.

De lo que nunca me desprendí, sin embargo, es de mi capacidad para recordar caras. Esto es algo que me viene del cine: me encanta ver un secundario en una película y recordar que ya antes salió en otra, o ver películas antiguas que, de refilón y por sorpresa, muestran el rostro de un actor entonces desconocido y ahora gran estrella. Gracias a ello, me es imposible olvidar una cara. Puedo hacerlo con los nombres, las edades y demá datos accesorios, pero la cara siempre la recordaré.

Es por eso que voy a suicidarme.

El viernes estuve en un concierto de música clásica. Nada solemne, un conciertillo universitario al que, como es de rigor, acudían todas las personalidades del mundillo estudiantil de Sevilla. Y allí, sentado en mi butaca, esperando pacientemente a que saliera la orquesta, vi tres filas más atrás un rostro que me sonaba.

Como tampoco quería llamar mucho la atención (no fuera a ser que se tratara de alguien non grato y notara mi presencia, lo que concluiría en una indeseada conversación), fui realizando cuidadosas y fugaces miradas casuales, como el que mira a otra cosa. No necesité muchas para confirmar que sí, que yo a aquel tipo lo recordaba de algo.

¿Y qué era ese algo? Ni puñetera idea. Pregunté al amigo que me acompañaba si lo conocía también, pero no hubo suerte. O quizás sí la hubo, porque pude despejar de la ecuación todo lo relacionado con él. ¿Lo conocía quizás porque era el familiar de Fulano? ¿O era de aquella época en la que me juntaba con Mengano? Ni idea. La cara del tipo bailaba entre mis recuerdos, buscando un lugar en el que encajara a la perfección. Craso error: o no encajaba con nada, o lo hacía con tantas cosas que las invalidaba una por una. Mierda. Durante todo el concierto estuve devanándome los sesos, pero no solucioné nada. Finalmente, me di por vencido; sabía que en algún momento, quizás a toro pasado, su recuerdo invadiría mi cabeza y hallaría su nombre y su relación conmigo. Era una cuestión de tiempo.

Cuánto me equivocaba.

Han pasado ya tres días, y por mucho que quiera, esta especie de semirecuerdo me persigue hasta en sueños. Si me despisto por un momento, vuelvo a preguntarme por incercia de qué coño conozco yo a ese tipo, y entonces empiezo, otra vez, a revolver mi cabeza en busca de la solución. No saben qué suplicio es esto. Sólo falta que me lo encuentre otra vez por la calle -creo que vivía por mi barrio; o un familiar suyo, quizás; no sé- y reavive el enigma. De todas maneras, creo que seguiré sufriendo hasta el día de mi muerte. Nunca lo resolveré. Estoy condenado.

He aquí, pues, la razón de mi resolución de suicidio. Una tan buena como cualquier otra, creo yo.

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Enero 20, 2005

Viejas glorias

Yo antes era un experto en ser un puto vago. Me venía de nacimiento. Mi extrema capacidad para quedarme quieto frente a un televisor asombraba hasta a los más holgazanes de mi círculo social. Lo veía todo. No tenía ni puñetera idea de cuál era el rey al que ajusticiaron en la Revolución Francesa, pero en menos de treinta segundos te recitaba el orden de partidos que habia tenido el New Team hasta llegar a la final. Y el resultado. Y los goleadores. Todo. Y ni siquiera me gustaba la maldita serie.

Con el tiempo, fui perfilando mi estilo. Amplié el repertorio. Lo mismo daba estar tumbado en el sofá viendo la tele que en la cama leyendo un tebeo o un libro (esto último me daba una especie de salvoconducto con mis padres, pero tampoco me libraba de las broncas cuando llegaban las notas). Ahora, lo mismo da lo uno que lo otro que estarme diez horas frente al ordenador. Un maestro, lo que yo les diga.

Los tiempos cambiaron. Descubrí que hacer el vago el cien por cien de mi tiempo no era tan rentable como dedicar un cinco por ciento a las responsabilidades para poder disfrutar del resto. En pocas palabras, tuve que ceder un poco para poder seguir estando en la cima.

Pero eso fue el principio del fin. No es que empezara a gustarme no ser vago, pero mi elección me dejaba en desventaja frente a mis competidores. Casi sin quererlo, empecé a aprobar demasiadas asignaturas. Los profesores me iban cogiendo cada vez más buen ojo. Pude sobrevivir un tiempo gracias a mi impecable pasado de holgazanería, pero todo el mundo sabía que no podía durar mucho. Estaba empezando a dejar de ser el mejor.

Para recuperarme, cambié de colegio. No empecé con mal pie, pero siendo un instituto público la competencia era más dura. Además eran los últimos años, y yo llegaba de nuevas. Todo el mundo estaba más que entrenado en lo de aprobar lo justo para haraganear lo indecible.

Finalmente, tuve que aceptar que había perdido la chispa. Era una vieja gloria, un espectro de otro mundo que no había sabido adaptarse al cambio. Una reliquia.

Ahora, en el trabajo, han venido malos tiempos (la cuesta de enero, ya saben), y los de tiempo parcial tenemos menos horas, ergo, más tiempo libre. Y no saben ustedes lo que es tener que ocupar tanta cantidad de minutos y segundos en algo que no parezca mínimamente productivo. Un suplicio. El trabajo me ha alienado tanto que ya no aguanto nada frente a la tele, o con un tebeo, o con el ordenador. ¿Recuerdan al viejo de Cadena Perpetua que sale de la cárcel y tiene que adaptarse a la vida moderna? Pues lo mismo. Atroz. Me horroriza saber que voy a pasar la tarde en mi casa, con tiempo libre.

Con lo que yo he sido. Hay que joderse.

(Adrián) | (#) | Opiniones (3)

Enero 19, 2005

Ahí estamos (y II)

Vale, todo listo. A las dos y media de la madrugada, pero listo. Cuando hablaba de mi completa inopia en estos temas no exageraba: si mañana un informático viera el código bajo el que se sustenta esto probablemente se echaría las manos a la cabeza y lloraría. Y es que mi técnica consiste basicamente en coger una plantilla y teclear en el editor hasta que la cosa cuadre. Mientras tecleo, voy recordando los trucos básicos de la última vez que retoqué el estilo, y mañana se me habrá olvidado por completo.

Por tanto, esto es producto de la chiripa. Poco a poco, he conseguido terminar los flecos sueltos que quedaban, con algunas soluciones desesperadas de última hora. La barra lateral de los archivos y enlaces, por ejemplo, no iba ahí; su lugar primigenio eran unas páginas secundarias, pero la dificultad intrínseca era tal que he optado por el remedio más digno posible. Los archivos atrasados ya tienen mejor aspecto, aunque es mejorable. Lo sé. Y no es culpa mía. Decidí no tocarlo más cuando me di cuenta de que si seguía al pie de la letra los inicios y los cierres de los tags el diseño se me iba a tomar por culo. Sin embargo, si "se me olvidaba" cerrar algún tag la cosa revertía a lo que ha quedado finalmente. Como lo leen.

En fin, que doy este post como certificado de autenticidad y oportuno disclaimer. He aquí algunas de las razones por las que he hecho varias cosas:

-El tipo de letra es muy pequeño, pero lo es porque esto es minimalista. Me gustaría poder poner un script de esos que dejan elegir al lector del tamaño de la letra, pero eso supone tener unas habilidades informáticas superhumanas.

-Ya no hay radioblog. Para ser francos, en tres meses no había puesto más de diez canciones. Tenía ideado dejar el viernes como día para postear acerca de una canción, pero no encontraba sitio donde poner el radio blog. En fin, tampoco perdemos mucho.

-Adiós a las categorías. Sí, mucha claridad de archivo, mucha facilidad para navegar sobre los posts, pero me mata tener cuatrocientas entradas en "Chorradas Rutinarias" y sólo cuatro en "Física Cuántica". La existencia de las categorías me ha hecho darme cuenta de lo que quiero hablar en este blog, y eso no necesito archivarlo por temas.

-He conseguido que se vea bien en Firefox y en Explorer. En este último se ve peor pero por lo menos se lee, así que no me jodan.

En fin, esto es todo. Tengo sueño y estoy harto de poner códigos y frustrarme porque no salgan como yo quiero. La informática es una mierda. A ver si volvemos a los tiempos de tinta y papel.

Ea, hasta que se vuelva a car el servidor.

(Actualización de dos minutos después: Me acabo de dar cuenta de que tengo que cambiar el puñetero cromo. Maldita sea mi estampa. Ya lo haré mañana.)

(Adrián) | (#) | Opiniones (8)

Enero 18, 2005

Ahí estamos

Puede decirse que estoy consiguiendo algo. O no. Este es el clásico momento en el que anuncio a bombo y platillo el Nuevo y Remozado Blog y ustedes me dicen que es una mierda. No sería la primera vez que me pasa.

A poco que se den ustedes una vuelta, se darán cuenta de que no está terminado. Faltan los obligados enlaces, y los archivos, y que todo tenga una impresión uniforme. O sea, que la plantilla funcione también en las páginas de archivo y demás, cosa que siempre se me ha dado fatal.

Huelga decir que el cambio de forma también da la bienvenida a un cambio de fondo en cuanto a lo que pienso seguir escribiendo aquí (si los hackers y los gatillazos del servidor me lo permiten). Pero de momento estoy en versión beta.

A ver qué les parece.

(Adrián) | (#) | Opiniones (1)

Enero 12, 2005

El Zorro de Fuego

Me ha avisado hoy el señor Casimiro Godzilla que este nuestro blog se ve fatal usando Firefox. Este aviso me ha servido para dos cosas:

a) Comprobar que, efectivamente, se ve de pena.

b) Superar mis miedos a las nuevas tecnologías y pasarme al Firefox. Esto es como dejar la coca para meterse en la heroína. Más rápido, más eficiente, mejor. No me creo una palabra. Tiene que haber truco. Pero en fin, al menos ignora a los pop-ups. A ver qué tal.

Por lo demás, intentaré solucionar el problema del aspecto. Dada mi completa idocia en temas informáticos, esta tarea puede durar de dos semanas a diecisiete años. A saber.

(Adrián) | (#) | Opiniones (13)

Enero 11, 2005

El horror, el horror

Desde hace años, mantengo una interminable batalla con los servicios de atención al cliente. Conocidas son en mi casa las historias en las que yo solito peleo contra el enorme monstruo de la burocracia, historias que no siempre tienen final feliz. Es una lucha que no tiene fin. Cada vez que venzo o me veo derrotado, sé que habrá una próxima vez. Y otra. Y otra.

Y es que los encargados de atender al público son implacables. Unos verdaderos profesionales. Su truco reside en que te conocen perfectamente. En el banco, en la administración pública, en los servicios de telefonía. Te tienen calado. Te fichan al cruzar la puerta del banco, estudian tus movimientos cuando te sientas, o te acercas a la ventanilla, analizan tu manera de expresar el problema, la inflexión de tu voz al teléfono, todo. Antes de que se te ocurra decir una sola palabra, ellos ya saben qué es lo que quieres, y qué deben responderte. Y lo hacen. Da igual lo mucho que quieras enrevesarte, lo preparado que estés para cogerles las vueltas y arrinconarles, ellos van un paso por delante.

Ahora, además, tienen un nuevo aliado: la tecnología de la voz pregrabada.

Ayer, dando un paseo al trabajo, recordé por casualidad que no tengo activado el servicio de MMS en mi móvil. No creo que vaya a enviar en mi vida un mensaje animado a alguien, pero me jode pagar por un servicio que no tengo, así que llamé al numerito de mi compañía para arreglarlo. Mientras daba el tono respiré hondo y recé a Crom para que me diera fuerzas para la batalla. Inmediatamente después, me respondió una amable voz pregrabada.

No hay problema, pensé. Ahora me dará un listado de las consultas que puedo hacer y me pasará a un ser humano, al enemigo, a mi némesis. Fue así. Pero cuando elegí "consulta sobre los servicios", volví a escuchar a la maquinita hablándome:

"Si la consulta se refiere al móvil desde el que llama, diga por favor Este móvil; Si está llamando desde otro teléfono móvil o desde un fijo, por favor diga Otro teléfono."

De piedra me quedé. ¿Era posible que una voz pregrabada me estuviera dando conversación? Al otro lado de la línea no se escuchaba nada. Susurrándolo muy bajito, dije mi opción. Instantes después, se volvió a escuchar la misma voz.

"¿Es este su número de teléfono? Responda sí o no", y luego citó número por número mi teléfono entero.

Ahí ya empecé a asustarme. No estaba preparado para aquello. Pese a la sólida cerrajez de un tipo al que le pagan para darme respuestas sin soluciones y torear las quejas, todavía hay huecos por los que discutir. Con un programa conversacional no hay hueco posible. Es inútil replicar. Y además, sabían más de mí y de mi móvil que yo mismo, porque cuando confirmé los datos me respondieron con mi nombre y apellidos, invitándome a esperar unos segundos a que me atendiera un técnico de la casa. Durante la musiquilla de intermedio supe que había sido vencido sin paliativos. Por superioridad numérica. Guerrilla de desgaste. Cuando me atendió un ser humano yo me encontraba tan desarmado que a duras penas pude decirle lo de los MMS de los huevos. Y cuando lo dije, me dejó esperando cinco minutos (unos quince llevaba ya con el teléfono en la mano, pegado a la oreja) y me respondió que ya lo habían activado.

Yo tenía una sonora queja acerca de pagar por una serie de cosas que luego sólo funcionaban si yo tenía que molestarme en pedirlas, pero de mis labios no salió nada. Di humildemente las gracias, colgué y guardé el móvil en el bolsillo. Ni siquiera comprobé que lo de los mensajitos me funcionaba.

Derrotado por completo. Y no antes de haber llamado, no, hace por lo menos seis meses, cuando a algún directivo se le ocurrió la brillante idea de establecer unos diez minutos de conversación con una máquina para que al final hasta el más vocinglero quede dócil como una ovejita camino del matadero. Unos genios del mal, eso es lo que son.

Afortunadamente aún me quedan los telefonistas de la tele y el internet por cable. Esos sí que son campo abonado para mi venganza. Se van a cagar.

(Adrián) | (#) | Opiniones (6)

Enero 10, 2005

Inspiraciones y peloteos varios

Cuando culminé el primer post de este nuestro blog (porque es mío, del que escribe, y suyo, de los que leen), dejé caer un par de enlaces a modo de ejemplos que me inspiraban y de los que me gustaría aprender. Ahora que poseo una fama consolidada y no necesito mentores puedo confesar que era una solapada estrategia para recibir visitas y tener una rentrée aceptable en la blogosfera. Soy débil y ambicioso, qué se le va a hacer.

Pero ultimamente he tenido una pereza absurdísima a la hora de enfrentarme a la actualización de este blog. Tenía material, tenía ideas, pero el pensamiento de ponerme frente a la pantalla me producía un rechazo horroroso. Por tanto, las horas muertas que antes pasaba devanándome los sesos por un post decente (y ni eso...) me las pasé dando un repaso a los blogs que suelo visitar y que por cuestiones ajenas a mi voluntad ya no frecuento tanto.

Y debo decir que en alguna parte de mi aburrido cerebelo surgió la idea de dedicarles un homenaje. La idea era hacerlo a primeros de año, pero el virus de la gripe me ató al catre y no pude mover un dedo. Alejada la fecha, abandoné la idea. Ahora, de madrugada, cansado e insomne (que es cuando me vienen las mejores ideas: cuando no puedo escribirlas) aprovecho para darles a ustedes lo que les debo. Así que ahí lo llevan. Jódanse.

-El blog de Somo es esencial. No es que sea amigote mío (que lo es), pero no puedo menos que rendirme a su capacidad para sacarle a un blog lo que realmente es: una escupidera de pensamientos. Pone lo que le sale de los cojones. Lo primero que pilla. No se arredra en fusilarle un artículo a otro, ni en sacarte sus entrañas y exponértelas. Pero siempre dejando claro que es él, su puta vida y sus putas circunstancias. Chapeau.

-Lo sacro y lo profano. De P. me quedo con su sinceridad y su manera de sacar un post bien escrito hasta para hablar de su última visita al estanco. Envidio su manera de ser, de estar y de escribir. Me gustaría poder tenerle más minutos al messenger. Y haberle conocido la última vez que pisé Madrid.

-Adultolescente. Un blog es como una madre demasiado habladora. A la que te descuidas, habla demasiado frente a los amigos y te pone en ridículo. De David me mola (y me inspira) que sea tan capaz de hablar de lo que le gusta y lo que no le gusta, y de seguir tan pancho. Anécdota: Pause tiene este fondo verde porque a la hora de diseñarlo, hice sin querer un calco en formas y colores al de Adultolescente. Tardé dos días en darme cuenta y me apresuré a cambiarlo. Me gusta plagiar, pero sin que se note.

-Pyxis. Antes yo tenía un blog en el que el tema principal era yo y mis idas de olla con el mundo y conmigo mismo. Me aburrí de hacerlo, pero cuando más añoro no tener un blog con esa perspectiva, es cuando leo este. Genial.

-El Blog Ausente. No tengo ni puta idea de por qué me gusta tanto este blog. Habla de películas que no he visto y nunca veré, de un mundo que me interesa lo justito y con unos conocimientos en los que yo ni siquiera puedo atreverme a suponer algo. En resumen, que no me entero de nada. Pero me encanta. A lo mejor es el estilo, o que el tipo que lo escribe me parece un buen tipo pese a que me habré cruzado dos palabras (y sin vernos la cara) con él. Ni idea. Pero mola. Mucho. Joder.

-Lametones de Amor. Si hay un blog que me provoque unas ganas furibundas de escribir cada vez que lo leo, es este. Si hay algún blog al que me gustaría imitar en contenidos, es este. Si hay algún blog cuyo humor me gustaría poseer, es este. Si hay algún blog del que querría atraer hasta sus comentaristas, es este. Lametones de Amor lo tiene todo, oiga. Cada vez que les leo les adoro y les odio a la vez. Quiero ser como ellos, y no puedo. Maldita sea.

-Spaulding. Lo mío es cinefagia, pero lo suyo es cinefilia de la buena. No he visto la mitad de las películas que cita en sus posts, pero á las que puedo le comento algo sin dudarlo. Pocas veces se encuentra uno con alguien capaz de someter a verdadero debate una opinión sobre cine, así que aprovechen. Además, me consta que se interesa por los pseudocomentarios que hago en Pause sobre lo que veo en el cine. Vaya tipo raro.

-Amor Entintado. Yo, de cuando en cuando, dejo asomar mi vena literaria y me escribo un cuentecillo. Una gilipollez. Amor Entintado es un blog que debería leer cualquier persona a la que le guste escribir algo, porque al señor Tainted Love le encanta hacerlo. Ultimamente me paso poco por allí, pero prometo volver.

-El Palimpsesto. Léanlo ya. Cualquier blog que hable de política es una nimiedad al lado de este. Un maestro, se lo digo yo.

En fin, esto es todo. Lo mismo me dejo alguno, pero si alguien se echa a faltar que no se enfade, que al fin y al cabo no se van a llevar premio ni nada. Ah, y la lista no va por ranking de preferencia ni nada. Están ahí todos al batiburrillo, según iba repasando los Favoritos de mi navegador.

A lo mejor alguno se pregunta qué coño he querido decir antes con lo de deberles algo. Que ustedes no me han prestado dinero ni nada, así que deudas vamos limpios. Pero créanme cuando les digo que es gracias a ustedes que este blog sigue en pie (si eso es bueno o malo, lo dejo a decisión de otros), porque yo en el fondo no soy más de lo que voy capturando por ahí, de lo que leo y veo y oigo. Y así me voy haciendo algo, a retazos de lo que ustedes me dejan pillar.

Muchas gracias.

No, si al final voy a llorar y todo...

(Adrián) | (#) | Opiniones (12)

Enero 09, 2005

Alejandro Magno

Alejandro Magno es otra película revisitadora de la historia en la que los americanos vuelven a utilizar a los grandes mitos para exponer su encajonada visión del mundo. Como tal, cumple con sus características más básicas, a saber:

-Estructura de guión Infancia-Auge-Ocaso, con un Epílogo que hace un análisis demagógico y dogmático de las gestas del personaje o personajes. Ejemplos: Braveheart, Troya.

(En Alejandro es de risa ver como convierten a uno de los grandes conquistadores de la historia clásica en una especie de protocomunista que iba por ahí con aspiraciones de igualdad entre razas y sexos, probablemente con un ejemplar de El Capital bajo el brazo.)

-Trampa de correctividad para aquellos aspectos que, en su día comunes, hoy podrían verse de manera reprobable en la moral norteamericana. Ejemplos: en Braveheart los escoceses llegan a ser hasta más educados y limpios que los ingleses, cuando es evidente que iban a la guerra hasta desnudos y eran unos bárbaros, sólo que ese no es el perfil que se quiere dar a los jovenzuelos de lo que es un verdadero norteamericano. En Troya Patroclo pasa de ser el amante de Aquiles a ser el primo, negando descaradamente un aspecto tan conocido de los griegos como es el de el amor que podían sentir por alguien de su propio sexo. En Gladiator las orgías son tan light y el sistema político tan americano que da hasta vergüenza ajena.

(En este aspecto Alejandro hace una trampa inversa, ya que el director es POLÉMICO y COMUNISTA. Así, para que quede claro, un detalle probablemente mínimamente característico de Alejandro como es su amor por Hefestión se convierte en un OH, DIOS MÍO, ALEJANDRO ES HOMOSEXUAL, lo cual será un truco muy transgresor y arriesgado, pero demuestra que hasta las figuras polémicas de América tienen las ideas poco claras de como son (y fueron) las cosas.)

-La existencia de un BUENO y un MALO que deje claro a los jovenzuelos estadounidenses que en el mundo existe el BIEN y el MAL para saber a quién combatir. Ejemplos: En Troya el Malo Maloso es Agamenón, y el Bueno Bonito es Hector. Asimismo, en Gladiator el Bueno que ni siquiera tiene esclavos es un soldado romano, y el Malo es el Emperador. Todo muy mascadito, que no se confundan. En Alejandro, la Villana es la madre, a la que le falta aparecer acariciando un gato mientras ríe latverianamente en su sillón orejero como señora del crimen organizado en el Mediterraneo.

Por lo demás, es una película de tres horas en la que no se nos cuenta nada más que lo mismo de gloria e historia y mitificación de un personaje que no necesitaba en absoluto ser revisitado y menos para venderlo como el Primer Comunista Que Holló La Tierra. Mucho ordenador y mucho actor famoso hasta de apuntador, pero no tiene nada.

Y además aburre.

(Adrián) | (#) | Opiniones (4)

Enero 02, 2005

Delirios (y no de grandeza)

La virguería de pasarme Nochevieja trabajando me ha traído de regalo un gripazo del copón. La casualidad de no haber comido absolutamente nada en cerca ya de treinta y seis horas, amén del desbarajuste horario que el trabajo ha provocado en mi sueño, han hecho que me pasara toda una noche despierto, tirado en la cama, expulsando mi cerebro derretido por los orificios nasales. Y delirando, por supuesto.

La primera gripe que recuerdo fue a los ocho o nueve años, y la recuerdo porque me pasé casi una semana a más de treinta y ocho grados, arrebujado en mi cama sin saber distinguir lo que era realidad de lo que era demencia infantil. Durante mi convalecencia, mi mente me jugaba la alegre pasada de hacerme ver a un tigre que aparecía en el pie de la cama y avanzaba sigilosamente hacia mi rostro con la sana intención de devorarme. Yo, inmediatamente, me ocultaba bajo las sábanas y cuando volvía a mirar, el tigre ya se había ido. Disfrutaba de unos segundos de alivio, y el tigre reaparecía de nuevo. Un sinvivir.

Recuerdo también que a veces el tigre no desaparecía, y entonces el puro terror me animaba las extremidades debilitadas por la fiebre y salía corriendo de la cama, aullando de miedo y despertando a toda la familia, hasta que me volvían a introducir en la cama y me obligaban a dormir.

Ayer noche la gripe volvió a deleitarme con delirios a cual más cruento. Entre semisueños que parecían ser realidad, y las extrañas sombras que invadían mi habitación, estuve a punto de volver a despertar a mi familia con gritos fantasmales y aterrados. El desfallecimiento que me poseía la consciencia de no haber comido nada y, además, de no tener hambre, me impedían levantarme a tomar alguna medicación que aliviara mi estado.

En resumen, que fue una bonita manera de recibir al Año Nuevo. Ahora me encuentro mucho mejor, y puedo contarlo. La epopeya febril de anoche contará entre las pocas veces que recuerdo haber temido realmente por mi salud a largo plazo. Supera incluso aquella vez que me dio un cólico y creí, sin vacilación ni incertidumbre alguna, que me iba a morir.

Lo que más me frustra de todo esto es que me haya ocurrido, principalmente, por cuestiones laborales. Estas cosas son las que suceden cuando has estado hasta las cejas de alcohol y de juerga, no cuando cumples con tu horario. Esta podría ser otra batallita que contar cuando mi estricto régimen carnívoro y mi poca preocupación por lo que la salsa picante o la cerveza puedan hacer a mi organismo (por no hablar de mi cada vez más alarmante adicción a la cocacola) me obliguen a recluirme en una clínica de desintoxicación-por-cualquier-cosa. Pero como no es resultado ni de una miserable resaca, pues nada.

Hay que joderse.

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