“Con palabras, con gestos y con semblante
me construiré una perfecta armadura
y así me enfrentaré a los malvados
sin miedo o debilidades.
Querrán dañarme. Pero de aquellos
que se me acerquen ninguno sabrá
dónde están mis heridas, mis vulnerabilidades,
bajo todas las mentiras que me cubran. “
- Emiliano Monae, Kavafis.
Me canso de controlar mi cara y de medir mis gestos, de obligarme en ciertas situaciones a sonreír con media boca o entrecerrar los ojos para mirar con agudeza, de apretar los labios en un gesto entre torturado y sesudo. De entrar en los bares llenos sacando hombros y bajando la cabeza, mirando de refilón para hacerme el interesante. De meter tripa.
Me agota dejar escapar el humo despacio de mi boca y atraparlo por la nariz, lanzarlo después con fuerza, taparme la cara estudiadamente con la mano que sostiene el cigarro (“when he brings his hands down/ from lighting a cigarette/ you see his eyes/ like the eyes of a tiger staring past/ into the wind”), poner la voz más grave u obligarme a soltar una risa desengañada cuando alguien pasa junto a mi en la mesa de la cafetería.
Quiero quedarme embobado, sin brillo en los ojos, balbucear. Parecer increíblemente obtuso, inofensivo y torpe. Poder relajarme y aceptar que en el fondo importa un carajo la imagen que esté dándole a la gente con la que me cruzo.
¿Pero qué está diciendo?
¡Anatema!
¡Este tipo cree que la apariencia no importa!
Voy a sacar el brazo a pasear, señor P. O se me pone neomelancólico de verdad o la tenemos.
Posted by: Adrián on Febrero 12, 2004 05:45 PMEs que, el tema de lo que piense la gente y de cómo nos influye, uf, nos viene de serie; por mucho que quieras hacer, P., no se puede luchar contra eso.
Yo en su día también soñé con ser una de esas chicas que iban por la vida pasando de todo, del qué dirán, tal-tal cual; pero no, no nos ha tocado eso.
A joderse!!!!