GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS...

Gracias Zinedine, gracias Yazid, gracias Zidane, gracias Zizou.

Porque no he viso en mi vida a nadie que toque el balón como tú. Que lo acaricie como tú. Que lo dome, que lo meza, que lo duerma, lo hipnotice, lo acune.
Mis visitas al Bernabéu no volverán a ser lo mismo sin ti, sin tu calidad y tu elegancia. Nada volverá a ser lo mismo sin ti.
Di Stéfano, otro grande, te pide que te quedes hasta los 40. Quédate, Zidane. Vuelve.

El 27 de abril en la rueda de prensa de tu despedida, los segundos que me miraste a los ojos mientras me contestabas, me contagiaron tu magia. Me recorrió de arriba a abajo. Me emocionaste.

Y hoy, en tu despedida en el Bernabéu, en tu último partido frente a nosotros, he llorado. Porque no recuerdo un aplauso más largo, sincero, espontáneo y merecido.

Eres un gran jugador, pero sobre todo una gran persona. Eso destaca todo el mundo que te conoce. Humilde, el más grande y el más humilde. Hoy te han sacado del campo cuando faltaban 2 minutos para que terminara el partido, y tu equipo empataba a 3 goles. No te recreaste en los aplausos, en el reconocimiento después de 5 años de grandes momentos. Corriste a darle el relevo a Raúl Bravo para no perder tiempo, para que tu equipo luchara hasta el último segundo por la victoria. Esos minutos eran tuyos y no los cogiste. Los cediste al equipo, como siempre. Eres grande. Pero de todas formas, ningún aplauso podría devolverte todo lo que nos has dado.
Después de 13 años yendo al Bernabéu, me quedo contigo. El único que me ha llenado, el que más me ha hecho disfrutar. No olvidaré nunca las cosas que te he visto hacer con un balón de fútbol, las veces que me has hecho ponerme en pie, con los ojos saliéndose de mis órbitas. Guau, Zizou.
Y hoy ha sido la primera vez que he ido al campo con una camiseta de fútbol!!! La tuya. Y no he ido nunca tan orgullosa. Ni tan triste.

Gracias, Zidane. Y vuelve.