Tengo ganas de llorar. Por E. Pero es que no puedo, cielo.
Te abrazaría y lloraría en tu regazo. No puedo, en serio, no puedo. Me mataré antes de que tú lo hagas para salvarte la vida.
Eres tan fragil... Tan fragil, mi vida. Mi dulce E...
Toma, esto es todo lo que tengo. Guárdalo. No me mires con esa cara que me ahoga el nudo de mi garganta. Que no se te humedezcan los ojos, sonríe, que estoy aquí, a tu lado, dándote un resquicio de esperanza. Apóyate en mí, caigamos juntos, una y otra vez, siempre a tu lado, siempre tú al mío, mi vida, mi dulce y fragil, muy frágil, E...
¿Quieres que nos sentemos en el suelo? Claro, mi niña. Ven, dame un abrazo, como dos locos sensibles. Estamos solos, solos. ¿Tú ves a alguien? Pues claro que no, mi vida...
Te acabo de llamar. Te he dejado un mensaje en el contestador: "Hola, mi niña. Te llamaba porque tenía ganas de llorar... y no sé por qué... Bueno... sí sé por qué... Vida... Si te pasa algo me muero... Un besito... Si te pasa algo... Si te pasa algo me muero..."
Para mí los días acaban cuando me voy a dormir (normalmente a las 7 de la mañana por razones de curro). Esta noche, por supuesto, la recordaré por esa pequeña conversación que tuvimos. Se me hacía raro, ya te lo dije, pero me ha parecido muy tierno. Me gusta no conocer tu cara, tu altura, tu voz... Bueno, es igual...

Persiguiendo el corazón equivocado, soñando imposibles, odiando a las personas dulces... Mal andamos.
Ayer, desaparcando el coche, he dejado pasar a una chica que estaba dudando si hacerlo o no, y me ha regalado una sonrisa tan perfecta que he estado a punto de bajar la ventanilla y gritarla: "¡¡oye, gracias por tu sonrisa!!".
La situación me recordó a lo que me pasó en el apartahotel de Valencia:
Hoy me ha despertado la mujer de la limpieza del hotel. Perdón, la chica de la limpieza del hotel. Me ha parecido tan dulce…
- ¿Te he desperdado?
- No te preocupes… Pero son menos cuarto aún, ¿no?
- Sí, tranquilo, hay más habitaciones por limpiar y la tuya es de salida – y me regaló… una sonrisa.
Me encanta la gente amable…
- Que aproveche.
- Gracias…
Ahí también pensé dejarla una nota para cuando entrara y yo ya me hubiera ido. En los dos casos me arrepentí de no haberlo hecho. Al fin y al cabo estaba en deuda con ellas...