Este cuento va de gotas de agua. Gotas de lluvia para ser exactos. Este cuento va de gotas de lluvia y frío al otro lado del ventanal. Este cuento frío va de una chica que las mira, las gota, las gotas de lluvia, tras el ventanal, con una carta en la mano.
Sólo ella sabe qué dice la carta. Eso me imagino, eso quiero creer, que sólo ella sabe lo que pone en esa carta, porque es ella la que la ha escrito. Ella, con su corazón.
La chica lleva gafas, y eso le da un toque especial. Es guapa. Guapa y con gafas. Y cuando la miro hay tres cosas que me importan: ella, ella y ella.
Como si no hubiera mañana. Cuando la miro. Como si no hubiera mañana.
Me daría miedo acariciarla. Me daría miedo acariciarla porque no se puede acariciar lo suficientemente bien algo tan bello.
Y está ahí, al otro lado del ventanal, junto al resto de los internos, viendo las gotas de lluvia caer. Y esa carta que sólo ella sabe lo que pone, que seguro que tú y yo la vemos vacía, sin una mísera letra, totalmente en blanco, pero que ella la sabe interpretar.
Ojalá estuviera yo loco. ¿Cómo podría volverme loco? Quiero volverme loco. Y es que sólo mirándola me vuelvo loco,
Si estuviera loco nadie me diría que estoy tonto por ponerme bajo la lluvia a mirar a una chica con gafas, sino que, simplemente, estoy loco.
Y es que una persona normal nunca puede deslumbrar.
La miro y la digo: “nadie te querrá nunca más que yo”. Se lo digo aunque no me oiga: “nadie, nunca, más que yo”.

Digo yo que una persona que no lucha por una relación es porque realmente no le importa esa relación.
Que vueltas da la vida...
Muchas palabras bonitas y pocos hechos bonitos.
¿Fin? ¿Continuará? Pues ni lo sé ni me importa. Y a ti tampoco...