Y a veces se me olvida que sólo soy espectador...
Pasa la tarde tranquila. El frío entra por la ventana abierta. Mi compañero canta en su habitación una de Rosendo y Raquel descansa en la cama (creo que su madre no lee este blog).
Y me aprendo de memoria el calendario...
Todo el día encerrados en la habitación hecha un desastre, ropa por el suelo, mi colgante, playeros, más ropa, discos sobre la mesa, el ordenador ronroneando constantemente... Y una webcam por estrenar, por abrir, por dar uso.
Y la ciudad palpita con horario de oficina...
En fin. Y un domingo por delante, y esta noche, y cervezas por Aranda sin mucho dinero. Después vendrán los momentos complicados, las preguntas, las interrogaciones, las dudas, los rescoldos y algún que otro miedo.
Pero por ahora, que pase la siguiente canción, por favor.
...y tú en el cine sin saber
quién es el malo mientras la ciudad
se llena de árboles que arden
y el cielo aprende a envejecer.