Han sido en total unos 12 días de encierro en Santa Luzia, un pueblo pesquero a tan sólo 4 kilómetros de Tavira. La casa tenía dos horizontes. Por delante se veía una amplia zona de marisma con un brazo de mar que cruzaba la perspectiva como si de un trazo de acuarela se tratara y al fondo el Atlántico lo dominaba todo con cierto aire de condescendencia. Por detrás había una inmensidad verde de viñedos y árboles moteada con el blanco de las casas de campo y el color crudo de los caminos de tierra. En definitiva, un paraíso ideal para procesos introspectivos. Objetivo cumplido, conseguí el primer borrador de la TV Movie mucho antes de lo que esperaba. De los demonios que vinieron a visitarme en mi soledad ya hablaré más adelante.
Javi me ha pedido que para el primer número de la revista Artichoke, reflexione sobre algo tan sencillo como el amor. Rápidamente he intentado echar mano del adolescente enamoradizo que queda arrebatado a las primeras de cambio. Esto era algo que hace unos años me salía con mucha soltura. Me bastaba con invocar al Darío Grandinetti de El lado oscuro del corazón como si se tratara del espíritu de Verónica y pensar en algunas de las chicas a las que de alguna manera he querido, aunque sólo hubiera sido por unas horas. Automáticamente empezaba a escribir imágenes que ilustraran las ilusiones y desilusiones con una lírica sencilla. Sin embargo hoy, comenzando uno de esos ejercicios de introspección, evocando situaciones que me han ocurrido o que me hubiera gustado que ocurrieran y mirando dentro de mí como el que observa un paisaje desde lo alto de una colina, he visto una tierra estéril. Me he dado cuenta de que hace tanto tiempo que no me enamoro de una manera real, que todas esas emociones o se han gastado o se han perdido en algún rincón del racionalismo. Quiero pensar que el pequeño campesino que se dedicaba a cuidar las tierras no ha muerto, que tan sólo se ha quedado dormido debajo de un árbol y que únicamente tengo que despertarlo para que el horizonte vuelva a estar verde. A lo mejor resulta demasiado relamido, pero puede que la solución sea volver a soñar.
Después de tanto anunciarlo hoy voy a cumplir con el encierro de Tavira. Está previsto que llegue a Portugal sobre las diez de la noche. Estaré sin contacto unos quince días. Para cualquier contacto por causa urgente madádme sms y yo respondo.
Acabo de regresar de casa de mi madre en San Fernando, provincia de Cádiz. La experiencia se podría resumir con la frase:¡Socorro, no quiero ser como ellos! Allí los roles sociales siguen siendo los mismos que cuando estaba en bachillerato, sólo que ahora me correspondería estar en el otro bando, el que se queja de la botellona y de la falta de respeto de la juventud hacia sus mayores. Por poner un ejemplo, cuando me siento en un terraza a ver a la gente pasar sólo me fijo en las niñas de entre 16 y 19 años. Eso no quiere decir que el hombre lobo que crece en mí cuando estoy en la ciudad de mi madre se dedique a explorar perversiones inconfesas. La explicación es que la situación de desamparo es tal que la gente se da prisa en casarse para no tener que afrontar esa nausea en soledad y se abandonan a la mirada vacía que poporciona una vida convencional. Por eso a partir de los 20 la mayoría de los hombres y mujeres de San Fernando han perdido la curiosidad... Hasta aquí, llega mi observación más egocéntrica, la que me impide ver la verdadera raíz del tedio que le tengo al lugar en el que me crié, pero supongo que hay más cosas como enfrentarme a familiares y amigos que me conocen desde que era un niño y que interpretan mis pensamientos y estrategias con total transparencia como si fueran letras vocales o colores primarios y me reprochan mi negatividad a la par que me recomiendan que deje de quejarme si no quiero seguir haciéndome daño. En realidad, creo que lo que me ocurre es que por más que lo intento... no consigo dejar de amar a la ciudad que más odio. Es lo que tienen las contradicciones, que no se pueden explicar.
Por unos días estaré en casa de mi madre. Ya daré parte de mis impresiones más adelante. Un breve adelanto: Esto sigue siendo como volver al instituto.