Dicen los críticos de la prensa musical británica que ahora lo que mola es el Neo Post Punk o Neo New Wave, o cómo puñetas le quieran llamar al rollito este musical oscurito heredero de los Joy División y los Jesus and Mary Chain. Lo peor de todo es que a mí me está cabiendo la movida y me estoy metiendo a escuchar un tipo de música que se empieza a parecer mucho al Noise Pop y al rollito indie del que tanto acabamos renegando a mediados de los noventa... y es que los que más o menos nos consideramos parte de ese fenómeno Borghese Bohemian (treintañeros peterpanes adictos a las cremas hidratantes) tenemos que pasar por tantas reinvenciones que es muy fácil caer en incoherencias y por eso mismo cuando renegamos de algo no debemos hacerlo muy alto, no vaya a ser que se nos escuche (ya pasó con los pantalones de campana y las hombreras). Bueno, el caso es que hace tiempo que estaba pensando en hacer apostasía, pero con todo esto me estoy viendo que termino como un viejo beato y no me apetece tener que volver a pasar por la pila bautismal con la toquilla de mi abuela. Aunque por otro lado, Buñuel se confesó antes de morir, para a continuación volver a renunciar. Si lo pienso, en ficción los personajes contradictorios son los más atractivos y como llevo diciendo desde hace unos meses, mi vida es un melodrama. Perdonad por esta reflexión tan kafkiana.

John Cale le pone una zancadilla a los Belle and Sebastian y se caen en una caja de ritmos de bases suvecitas a lo Flaming Lips. Hacía tiempo que no me emocionaba con el ruido. No sé si es tendencia o si es un revival, como cuando mi hermano se compraba aquellos horribles y pretenciosos discos de Roger Waters. El caso es que me encanta.
Cuando era adolescente, o lo que es lo mismo: un pajillero con problemas académicos al que la mala conciencia no le dejaba pensar con claridad; mi madre me mandó a una convivencia de estudios en un centro del Opus Dei, donde según ella me harían una especie de lobotomía y me harían un chico responsable. Aquello consistía básicamente en charlas sobre temas de psicopedagogía totalmente obsoletos y unos soliloquios larguísimos para prevenir la masturbación, que nos soltaba un cura argentino con cara de pampero reprimido. Mi madre lo hizo con toda la buena intención del mundo, para ver si me inculcaban algunos valores (los suyos, claro está). Lo cierto es que al año siguiente tuve que repetir curso, comencé a beber y perfeccioné bastante más mi giro de muñeca.
Ya hace tiempo que no hago caso a mi madre en nada y la responsabilidad me la tengo que inculcar yo mismo. Por eso cuando me vine a Almería tuve que concienciarme que tenía que pasar por este infierno para intentar sentar un poco la cabeza y conseguir meter en mi vida un poco de seguridad. Presuponía que un contrato de un año y nuevos hábitos me vendrían bien para empezar a pensar a largo plazo (como las hipotecas) y dejar aparcado el síndrome de Peter Pan, al menos hasta convertirme en un cuarentón separado.
Mucho me temo que esta penitencia autoimpuesta lejos de redimirme me está llevando a la perversión. En cuanto salga de este agujero voy a poner todo mi empeño en recuperar mi inmadurez ¿Alguién se une a hacer una eterna botellona?
Ayer me encontré un comentario en mi página que, en inglés y con un lenguaje despersonalizado, me felicitaba por el contenido del blog. Pinché el vínculo del autor y me llevó a una empresa de prótesis quirúrgicas o algo así. No deja de ser algo anecdótico, pero también hace pensar que las empresas se han dado cuenta del poder de convocatoria que tienen los blogs y están poniendo en marcha programas de spam para atraer a los lectores de las bitácoras a sus páginas, lo cual puede acabar bloqueando ciertos sites y arruinando los foros que se establecen en ellos a no ser que el administrador esté muy pendiente. En definitiva, que parece que un gran asteroide ha entrado en la blogosfera y se aproxima a gran velocidad hacia nosotros para jodernos un ratito.
He leído en no sé qué foro que si las elecciones norteamericanas fueran votadas por la población mundial, ganaría Kerry. Esto se extraía de una de esas encuestas que se realizan de manera absurda para obtener un titular de prensa igual de absurdo, pero que tanto gustan a los editores partidarios del periodismo espectacular.
Buena idea esa de que la presidencia de EEUU sea votada por todos los ciudadanos del mundo, me recuerda a aquellas películas en blanco y negro de serie B sobre invasiones marcianas, en las que el presidente de la Tierra (con acento californiano) se dirigía a la humanidad por televisión para declarar el estado de excepción.
Y es que los marcianos son unos desconsiderados. Estamos en el 2004 y todavía no se han dignado a invadirnos. Por eso es normal que mientras se prepara el conflicto interestelar nos entretengamos con las amenazas del Islam, que es lo más parecido que tenemos por aquí a la vida inteligente proveniente de otro planeta.
Orson, tú sí que sabías darnos espectáculo. We miss you...
Septiembre... Todas sus letras saben a melancolía.
Por estas fechas me acuerdo de cuando mi madre nos traía a los ocho hermanos los libros que no había podido conseguir que le prestaran. La casa olía a forro de plástico y papel. Era como si por unos días el ambiente de la librería Piorno se trasladara a vivir a la calle Héroes del Baleares; mientras de fondo, desde la sala, una tele a la que nadie hacía caso soltaba eslóganes sobre la vuelta al cole.
Para un niño, prepararse para volver al colegio supone la mayor de las angustias. Es algo así como un adelanto del existencialismo. Tal vez por ese hábito adquirido, en septiembre siempre se recapitula y se hace examen de conciencia, como en los cumpleaños y en los viajes en avión. Es como confesarse con un Dios que no te ofrece mucha confianza.
Luis García Montero dice en su poema “Canción 19 horas” que él quiere ser diciembre. Yo no sé que mes del año quiero ser. No quiero más libros inútiles en la mochila de mi conciencia, no quiero pensar ni en la muerte propia ni en las ajenas, no quiero cumplir años, ni viajar en avión. Definitivamente, yo no quiero ser septiembre.