La aventura es eso, la aventura
El hogar de los perdedores {y de los juegos antiguos}

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Era hermoso y rubio como la cerveza
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Alejandra tiene los ojos muy grandes y el pelo muy largo y lacio. Va por los quince o dieciséis años. Nunca le pregunto la edad a mis alumnos; supongo que es algo que me dicen ellos si quieren, y Alejandra no me lo ha dicho nunca. De sí misma habla poco, excepto con otra chica, Gema, con quien se envía papelitos en clase. "Ya estáis con el messenger", les digo, y se ríen.
La risa de los adolescentes, de las chicas, porque las chicas se ríen más, es una risa nerviosa. De la que te da cuando parece que te han pillado en falta. A veces me pone muy nervioso, otras me da igual, y otras les saco burla, con lo que se ríen aún más.
Alejandra es muy trabajadora, siempre viene con todo o casi todo el trabajo hecho. Sólo viene un par de horas por semana. Más de una vez ha mencionado lo que cuesta venir a la academia. Hace lo que está en su mano para sacar adelante el curso. Y lo está consiguiendo.
Me alegro mucho por ella, por Alejandra.