La aventura es eso, la aventura
El hogar de los perdedores {y de los juegos antiguos}

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joseangelmadrid en:
Bombillas {resuelto por María}
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Bombillas {resuelto por María}
Como algunos de vosotros sabéis, ahora me ha dado por ponerme botas de esas que tienen cuatro ruedas y echarme a la carretera a jugarme la vida. Me ha dado fuerte, y más ahora que he conocido a una gente estupenda con quien practicar. Supone una gran mejora: ahora cuando doy una voltereta involuntaria en el aire con recogida en el suelo con estas cada vez más prietas nalgas, tengo público que ya pasó por ahí.
No necesariamente, ahora que lo pienso. Más de uno de ellos y ellas parece que hubieran nacido con los patines puestos. Se parecen a la muchacha esta. Ayns, lo que le queda a uno por envidiar. Y por aprender.
Mi próximo objetivo: unos patines en mejores condiciones. Unos Seba o unos K2 Frontman. Ya os contaré.
Desde un enlace que se llama http://musicamatematica.4shared.com/ pueden ustedes descargarse las canciones que vaya poniendo. Disfrútenlas.
Me ha hecho gracia este cartel. Sé que hoy toca votar, y que no puedo evitar que me salga la vena arterial {la roja}. Pero sobre todo no puedo evitar que algunas personas me den la risa. Sobre todo cuando hacen payasadas
Ése es mi código de amigo en el Final Fantasy III para la Nintendo DS. Si alguien me quiere agregar, que lo haga. Bastaría con que me escribierais en los comentario, para poder agregarnos mutuamente, digo.
A ver si nos escribmos algún correo por ahí, aunque reconozco que es un peñazo escribirlos con la DS. Mayormente porque así se pueden conseguir objetos nuevos en el juego.
Por cierto, cada vez estoy más contento con mi DS
Aunque ya murió, he reencontrado, gracias a web.archive mis antiguas páginas. Cómo no recomendaros que las visitéis. Sobre todo la biografía de Lucía Candela.
Mirando, mirando, resulta que he encontrado dónde vivo. Y no, no es GoogleMaps.
¡Saludos!
¿Hola?
¿Hay alguien ahí?
En fin, yo lo suelto: Ya le he dado al César lo que es del César {críptico mensaje que sólo suelto para hacerme el interesante} y a dios, una patada {así me hago el rebelde}. Sigo sin conexión en casa, y por mucho tiempo, que ya bastante es con tener la Playstation {no, ésta no, la otra, a la que se le puede meter esto} de vuelta para perder bien el tiempo. Me sigo conectando desde la universidad, via inalámbrica. Los exámenes comienzan el próximo lunes 23 y no estoy estudiando casi nada {este defectillo me lo tengo que corregir}.
Para más inri, no vengo preparado para lanzar aquí un problemilla para resolver, qué fuerte. A ver si mañana me acuerdo. Besos varios y abrazos muchos.
Hey, lo siento, pero últimamente no ando muy lúcido ni con tiempo. Prometo que habrá algo en enero para todos.
Sé que éste tiene más sentido de ser, pero para mí, que ya estoy buscándome sustituto, me quedo con el blanquito, o con el caro.
Y dirán ustedes: "Oye, que no todo lo de Apple es bueno". Y yo diré que no, que hay mucho pijerío, pero a ver de dónde me saco yo un portátil con buenas prestaciones y de tamaño pequeño por menos de 2000¤. Acepto sugerencias, mejores cuanto más se aproximen a los 1000¤. ¿Ideas?
Dejo el piso que llevaba alquilado durante tres años y voy a otro durante un par de meses. El siguiente, quién sabe cuál será.
Todo este cambio me da mucha pena. Son muchos recuerdos, malos y buenos, como para cerrar la puerta y saber que ya no veré los mismos rincones donde ocurrieron
Pero, sobre todo, Regino y yo nos separamos físicamente. Ya se ha buscado un piso nuevo para setiembre. A mí, aún me queda por buscar, pero de momento, no nos vamos a vivir juntos.
Creo que estoy venga hacer cosas para separarle de mí, y me jode saber que estoy haciendo eso aunque le quiera muchísimo.
Me jode ser tan patético.
{Después de hablar con Regino, veo el futuro algo más claro. Qué poder tienen las palabras según de dónde vengan.}
El sábado 25 probablemente me vaya a Valencia a ver a Chico y Chica en la fiesta del orgullo que han organizado por allí. Supongo que habrá más de un curita. Pero hoy estarán muchos de ellos pisando el acelerador para llegar lo antes posible a manifestación de mañana. ¡Qué estrés!
Pese a la manifestación convocada para el próximo día 18, también creo que los católicos tienen derecho a casarse por lo civil si así lo desean. {Un hurra a PsycoByte por su agudo sentido del humor}
Aunque me temo que no voy a pasar de la primera fase, no voy a dejar de intentarlo. No, no, no voy a ser tan hipócrita para decir que lo que quiero es la notoriedad, el estrellato, entrar en el Parnaso de los blogueros. Yo lo que quiero son mis 3000 euros de fama. Para mis cosas, ya sabéis.
Así que, lector, si este blog te gusta, vótame en los premios del mejor blog que convoca 20minutos; tienes el enlace a la izquierda. Y si no te gusta, vótame también, qué más te da. Insisto, sólo quiero el dinero.
{Por cierto, menuda galería de fotos.}
Tiene ya su tiempo, pero sigue siendo muy triste. En El Mundo apareció publicado esto.
Los exámenes de selectividad de matemáticas cada vez se parecen más de una convocatoria a otra. Ejercicios iguales, que no obligan a pensar sino a saber hacerlos. No son problemas en sentido estricto, sólo ejercicios. Hecho uno, hechos todos.
Una compañera de clase en la Facultad de Matemáticas se me queja de que a ella no le enseñaron a pensar en abstracto. No tenía ni idea del pensamiento lógico, de desarrollar una demostración, de atacar un problema a partir de la teoría. {Sin embargo, sigue yendo a clase y estudiando. Olé su fuerza. Podrá}. Incluso fue a hablar con su antigua profesora de matemáticas en el instituto para contárselo.
Quizá su profesora no tenga mucha culpa. Es más fácil preparar para resolver ejercicios que preparar para resolver problemas. No la puedo culpar de intentar hacerse la vida más fácil. Total, si luego en selectividad no se va a premiar al que mejor piense.
Hoy somos 30 alumnos en clase de matemáticas. No hay limitación de plazas, ni falta que hace. Un alumno me contaba que fue junto con otros alumnos de segundo de bachillerato al campus. Iban a conocer las facultades donde presumiblemente aprenderían este curso que viene. Siete autobuses, unas 400 personas que se agrupaban según la facultad que fueran a visitar. A matemáticas sólo fue uno. Uno.
Y parece que sólo hablo de matemáticas. Sí, no sólo lo parece. Pero es la ciencia más abstracta de todas, y de la que más se huye. Es casi imposible superarla memorizando hoy y olvidando mañana, pero se está consiguiendo que incluso así se apruebe. No hace falta entender nada, basta con repetir, repetir, repetir para sacarla adelante.
Igual que en lengua, o en filosofía, o en historia. ¿Quién quiere entender pudiendo memorizar? Entender no lleva a resultados a corto plazo, entender es un sistema que se expande, se ramifica y amplifica. Pero hay que hacerlo crecer, y te obliga a pensar, a analizar, a sintetizar, a comparar, a buscar patrones, a innovar, a atacar desde otros puntos de vista, a equivocarte, a desmentir, a ser crítico, a estar despierto, a escuchar activamente, a buscar otras fuentes, a reforzar tu vocabulario, a definir, a entender lo definido, a enlazar causas y consecuencias, a ampliar la mirada. A esforzarte.
Y sin embargo qué maravilloso y sin esfuerzo apenas que es cortar y pegar. ¡Y se aprueba!
No queremos que en la escuela haya niños fracasados, así que se baja el listón y resuelto. Y si esto no nos consuela, la culpa es del profesor.
Matteo está pasando un mal rato, así que se hace necesario darle un empujoncito de ánimo. Aporta tu granito de arena y dile que le quieres. Se lo merece

Matteo, ¡te queremos! :)
{Por cierto, pronto lanzaremos la campaña "¿Quieres que Matteo sea gay?". Abriremos la cuenta de donativos a tal efecto.
{Gracias a Spell with flickr y a Oink!}
Qué pena de película. Con lo bonito que se ve todo, con la de chistes majos que hay, y van y hacen un guión de lo más deslabazado e incoherente.
Una pena. Con lo que me gustan los mecanismos, las ruedas dentadas que giran, los muelles que se expanden, las fichas de dominó que caen... {de todo eso hay un poco, o un mucho, durante la película}, y sin embargo no ha llegado a convencerme la película. Y mira que he babeado durante esas escenas. Y es que la historia hacía aguas por todas partes. Ni a los personajes les he cogido el punto, excepto a la Wonderbot {¡qué bonica!}; ni el doblaje lo he disfrutado lo que debiera, muy frío el de los protagonistas, casi sin emoción, excepto quizá el de Manivela; ni los guiños a tantas películas me han satisfecho {"Cantando bajo la lluvia", "2001, una odisea en el espacio", "La guerra de las galaxias" y "El mago de Oz", que yo recuerde}. E insisto en que lo peor de todo era la historia, lo arbitrario que parecían sucederse las acciones de los personajes, como si no hubiese una trama de verdad. Nada que ver con "Los Increíbles", cuya historia me dejó un estupendo sabor de boca.
En resumen, que no la recomiendo, a menos que se tenga un sobrino de poca edad y a quien no le importe que la película sea una acumulación de retales.
Esta mañana, en el baño. Los dos italianos, Domenico y Matteo, y yo cepillándonos los dientes a la vez. Cosas de las prisas de última hora. Le digo a Regino que él también cabía. Regino me oye, pero no me entiende.
"¿Qué?", dice. Matteo contesta: "que te vengas a limpiar los dientas". {Así, dientas.}
Domenico, tan escrupuloso, le corrige: "Dientes, se dice dientes".
La respuesta de Matteo me hace reír: "Es que lo he dicho en subjuntivo".
¡Por favor, qué vacía y limpia está la página! ¡Hagan sitio, hagan sitio! Esto de descuidar el sitio por una semana y pico fíjate lo que tiene, que se escurren las entradas por una esquina del navegador y se queda todo reseco. No más que un encabezado y un par de barras.
Mis disculpas por haber desatendido esto. Tenía pensado un nuevo tipo de juego para añadir, uno relacionado con ajedrez, pero ni me he puesto realmente en la tarea, ni encontraba una forma de representarlo que fuese clara y tal que las imágenes no ocuparan mucho espacio. Podría darlas en algún otro formato, pero prefiero que no sea así: asusta. Y el objetivo no es que el personal salga huyendo.
Para mañana lo tengo listo, prometido sobre la tumba de Winston Churchill.
¿Por qué, oh, por qué cuando se entrega un trabajo en la universidad, o aparecen colgados documentos en una web oficial, todavía se insiste en el software y formatos propietarios? ¿Por qué en formato .doc, propio de Microsoft Word, o .pps, propio de Microsoft Powerpoint? ¿Por qué si existen formatos para los que no hay que pagar un céntimo y que no te obligan a pagar por un software concreto? {Bueno, pagar, ehem, me gustaría a mí saber cuántos Word's hay por ahí corriendo por los que se haya pagado licencia}
La cosa tiene guasa, porque en realidad los formatos propietarios son más que esos sólo. ¿Sabéis que un archivo .gif también es de software propietario? ¿e incluso un archivo .mp3? {Bueno, mejor sería hablar de patentes, pero el efecto es parecido} ¿Y que ambos formatos tienen su alternativa en software libre, como el formato .png o el .ogg? La pregunta en realidad es ¿por qué seguir usando esos formatos que o bien obligan al usuario a pagar por algo que podría tener gratis, o bien no pagar e inclumplir un buen conjunto de leyes?
No lo entiendo, o sí.
Microsoft es omnipresente, a qué negarlo. Se lo ha montado de puto huevo, un aplauso. Ha conseguido que parezca que ordenador sea igual a Windows, internet igual a Iexplorer, editor de textos igual a Word, mensajería instantánea igual a Messenger, audio y películas igual a Windows Media... Maravilloso, segundo aplauso. Pero esas cuasi-identidades tienen un peligro, y el peligro se llama abuso de posición.
Sin caer en la paranoia, imaginemos la situación siguiente: Microsoft decide que no actualiza más Windows que no tengan la licencia registrada en su base de datos. Los Windows instalados comienzan a quedarse desfasados, con los agujeros de seguridad usuales en los productos Microsoft sin poderse tapiar. La gloria bendita para los virus, troyanos y gusanos. Miles de ordenadores afectados. Algunos comprarán la licencia, otros buscarán en emule una solución y quizá encuentren más problemas. Los menos, buscarán alternativas.
Porque haberlas, las hay.
Continuará...
Hoy he hecho mi primer examen. De álgebra, para más señas, y me ha salido redondo {lo cual incluso puede significar un 0, claro}. No creo haber metido la gamba en ninguna pregunta, excepto en una, en la que he caído cuando fregaba los platos.
Por que veáis la sutileza que se me ha despistado, escribo el texto íntegro de la pregunta:
"¿De cuántas formas se pueden elegir tres números entre los primeros 2005 números naturales de forma que su suma sea múltiplo de cuatro?"
¿Y dónde está la sutileza? Bueno, hay varias. Primero, ¿pueden ser repetidos los números? El profesor en clase ha dicho que "evidentemente, no", aunque yo no lo veía tan evidente, así que lo he resuelto en los dos supuestos. Es decir, con 3 números distintos, o pudiendo repetir números.
Segunda sutileza: ¿una elección en distinto orden es una elección distinta? Es decir, si elegimos 4, 20 y 8, ¿es distinto de de elegir 20, 8 y 4? Yo he supuesto que no, aunque tampoco lo he dejado dicho en mi resolución {cachis}
Y tercera y última sutileza: puesto que el 0 es considerado un número natural, "los primeros 2005 números naturales" son los que van del 0 al 2004. Y ahí sí que no tengo perdón de Diofanto, porque yo lo he resuelto escogiendo los números entre el 0 y el 2005. Espero y confío en que el profe sea igual de despistado que yo.
Me fastidian esas sutilezas, tanto las ambigüedades, como mis despistes. Supongo que un buen enunciado es aquel que, de forma elegante, sin usar muchas palabras y sin dar margen a interpretaciones, plantea un problema de lo más rebuscado. En fin, el miércoles sabré la nota. Ya contaré algo.
Pero, antes de despedirme, el problema: ¿Cuántas ternas diferentes hay de números naturales distintos menores que 2005 tales que la suma de sus elementos sea múltiplo de cuatro? Se entiende que dos ternas son distintas entre sí si difieren en al menos uno de sus elementos.
Eah, a por el 10.
Cada vez me parece más un baile de máscaras esto de la política. Cada vez es más flojo el debate, cada vez más parecen aferrarse como posesos a sus asientos, cada vez es menos racional y más sujeto a emociones. Cada vez las noticias políticas se parecen más al fútbol. Cada vez es más parecido a ser del partido X o del Y, y serlo, sin conciencia, sólo por ánimo o pálpito. Porque son del terruño, porque lanzan campañas publicitarias enraizadas en la demagogia y el escándalo, y qué malos son los otros, y fijaos en nosotros, pobres víctimas.
Y luego, los pelotazos. Que si me forro con esto, y luego paso un par de años en tercer grado, si es que alguna vez pasa algo. Que si ahora especulo con el suelo, y ahora demuéstralo. Que si me habéis elegido, os aguantáis. Voy a hacer lo que me plazca sin dar cuentas a nadie; ya las daré a la historia. Pasemos página, eso pasó hace tiempo, nadie se acuerda, fijaos en este nuevo cebo, en este otro escándalo. No intentéis descorrer el humo.
Y ahora hablan de una constitución a su medida, de la que apenas se entienden unos párrafos y para cuya redacción no me han preguntado nada. Y votad que sí, que lo que es bueno para nosotros lo será para vosotros. Nos vamos a cubrir el riñón, sí; nos vamos a cubrir de gloria, también; nos vamos a enzarzar en discusiones estériles, vale, eso también; nos vamos a crear una burocracia inútilmente perfecta, costosa, con agujeros de donde destilar euros, euros, euros para nuestros bolsillos, sí, sí, sí; nos vamos a asegurar la jubilación, sí. Pero es es bueno, ¿no lo entendéis?
Pues no.
Para ustedes, murcianos míos y murcianas mías:

{Y sí, sí pone 'Murciana Marrana' en la banda de la muchacha. ¡Con qué orgullo, pose y tronío ostenta tan alto rango!}
Bueno, qué miedo, esto de casi perder el blog. Quieras que no, ya le estaba tomando cariño. Y eso de ver cómo se van al carallo más de cien entradas a este sitio, pues como que acongoja.
A todo se acostumbra uno, eso sí, y supongo que si lo hubiera perdido todo, pues nada, volver a empezar. Lo que no te mata te hace más fuerte, como me señalaron. Pero no sé, tampoco es cuestión de tirarse por la ventana a la primera de cambio con eso de fortalcerse, ¿no?
Por si alguien no se había dado cuenta, ayer este sitio de ZonaLibre casi se pierde en el ciberespacio.
{Lo cual me recuerda un cuento/obra de arte precioso/preciosa sobre un astronauta que vaga por el universo totalmente alejado de toda forma de inteligencia.}
Suspiros.
Esta página necesita un cambio. Cuestión de mejorar no tan sólo su aspecto, sino tambien su 'usabilidad' {moderno palabro, que no sé si está en el diccionario de la Real}. Que aparezcan como enlaces fijos y en un lugar visible tanto lo relacionado con la búsqueda de libros descatalogados como lo referente a los apuntes de tecnología. Son de las entradas al post que más éxito han tenido y creo que no haría nada mal en ponerlos de cabecera, e incluso mejorarlo. No pretendo ser la fuente fundamental de información de ambos asuntos, pero sí poder echar un cable.
Respecto a los juegos visuales, lo tengo abandonado. Lo tomé con ilusión, pero se me ha ido desgastando. Ayer leí en El País de las Tentaciones de una web con una idea parecida a la de mis Estoques. Creo que no voy a poder pedir derechos de autor. Vaya, para una idea buena que tengo, me la roban y les funciona mejor. Parecen los de Microsoft. De todas formas, su idea es ligeramente distinta. La mía era de fotos raras de objetos mundanos, y la suya es la de fotos mundanas de objetos raros.
Pero de todo,lo de cambiar y lo de retomar con ímpetu estos asuntos, no basta con decir. He de hacer. Como dice Jesús, tengo una resistencia a la frustración bastante baja por no decir nula, y cualquier esfuerzo me supone la dimisión inmediata. ¿,Alguien sabe cómo se corrige?
Besos y feliz navidad.
... ahora que había hecho funcionar el BloGTK, va y se me rompe. Me pide una librería {una cosa del Linux} que creo que sí tengo instalada, pero se ve que no.
Vamos, que vuelvo a tener que escribir a pelo y lana estas entradillas. Eso me pasa por toquetear.
Por cierto, que les tengo pendientes a mis alumnos el dedicarles una entrada. Prometo no poner fotos, que si no se me echan encima.
Disculpen el caos, señores, pero es que acabo de instalarme Linux y aún lo tengo todo medio revuelto. Hace tiempo que tenía ganas, pero me está costando más de lo que pensaba.
Volveré, amenazo.
Estoy dándole vueltas a una idea. Aparte de cambiarle el aspecto a la página {quiero usar mucho el color rojo} quiero ver si puedo poner enlaces directos a los problemas aún sin resolver. Pero claro, tendría que dedicarle tiempo.
¿Lo haré? Ah, quién sabe.
{Por cierto intentad salir de esta cámara azul, que es la fácil. La difícil: ésta}
Esta claro como el atún que ahora le dedico poco tiempo a esta paginica. No sé si tomármelo a bien o a mal, pero sí que me lo voy a tomar con soda y ralladura de limón.
Sigue habiendo misterios sin resolver entre los que he ido colgando, y sigue habiendo dos temas que son los que más comentarios atraen: los apuntes de tecnología y la búsqueda de libros antiguos. Como no voy a reconvertir el sitio en una fuente de ambos, no le voy a prestar toda la atención y convertir esta página en la más puntera y que más pelas recaude. En primer lugar, porque no recaudo un duro con estas letras. Bien sea dicho que tampoco me cuesta más que la conexión a Internete desde casa. Y, en segundo, pero no por ello último lugar, por otras razones que no se me ocurren ahora. De todas formas sí que haré lo que pueda o sepa con quienes entren persiguiendo libros o apuntes.
{Negociantes del mundo mundial, dejaos de especular con los bienes inmobiliarios, que aquí tenéis el hermoso y al parecer fructífero campo de los libros descatalogados. ¿Que no hay una pagina en condiciones para conseguirlos aparte de la que dí en mi entrada?}
A todo esto, he de añadir dos informaciones nuevas:
Más besos y cosas así ñoñas.
En mi primera sesión de yoga, que fue la semana pasada, no lo pasé muy bien que digamos. Era el único que iba de negro, en plan escarabajo dando el cante entre tanta ropa blanca, {son la situaciones que se te crean cuando desconoces los códigos de vestimenta}; durante la relajación no hacía más que estar impaciente por lo próximo que fuera a decir la monitora, con lo que no pude relajarme en absoluto; y para colmo, salí de allí con la espalda dolida de estirarla.
Sin embargo hoy ha salido todo de perlas. Ya conocía algo más la mecánica de las clases, he ido de blanco impóluto y he agradecido haber estirado las piernas después del tute que me di ayer haciendo step. Ah, y en la relajación he tenido un breve lapso en el que me he quedado dormido.
Creo que ha sido buena idea el apuntarme a ese gimnasio. No pensaba lo mismo la semana pasada, tanto por el casi desastre del yoga como por la clase de body combat a la que asistí el viernes pasado. Me salí a los quince minutos porque no podía seguir a la monitora, quien pasaba como cuatro calles de los recién llegados. Pero como dice Jesús, qué poca resistencia tengo a la frustración.
Pues tendrá razón, que para eso se dejó los sueldos en yogures, pero prefiero las asanas.
Hoy me he ido de compras. De compras de las de verdad: he ido a comprar comida. Estos días trabajo como un verdadero currante y apenas tengo tiempo de nada, sólo de chatear rendido cuando llego a casa.
A partir de mañana acudo además a un gimnasio. Haré yoga, que me crea mucha curiosidad, y no sé qué más. Y digo que no lo sé porque no lo sé, ¿alguien sabe que es GAP, o bodypump? En todo caso, como no tengo pantalones de deporte, me he ido a pillar un par. Al final he terminado por llegar hasta el Carrefour, porque mucha rebaja pero chollos no he visto ninguno.
El caso es que en la avenida no sé qué que está cerca del centro comercial están construyendo un túnel y tienen la carretera medio levantada. Algo habitual en verano, el dedicarse a las obras magnas. El follón de tráfico es atronador, pese a que estén habilitando pasos por doquier.
Lo que me ha dado rabia es que para los peatones no han previsto nada. Ni un mísero pasito de cebra por el que cruzar. Nada. Quinientos metros de valla continua inexpugnable. O la recorrías hasta el final, o te arriesgabas a cruzar por algún hueco y caer en la jauría de coches incontrolados. He optado por lo segundo, con gran riesgo por mi vida {ehem, demasiado peliculero, ¿eh?}, pero es que no estaba dispuesto a chuparme quinientos metros de solana sólo porque algún concejal de cabeza hueca no piensa en los viandantes de su ciudad. O por lo menos, no piensa en ellos fuera del centro, que ese sí se está convirtiendo en un paraíso para andar y una pesadilla para buscar aparcamiento.
En fin, que ya tengo mis pantaloncicos cortos y blancos, como en el cole, y que pronto empiezo a yoguear. Ya contaré.
Antes de irme a la cama.
Pude ver a Víctor, en visita fugaz desde Rumanía, este domingo. Nos contamos lo poco {al menos por mi parte} que nos ha pasado estos meses atrás. Él, en Rumanía con amor, se da la oportunidad de ser en otra parte. Yo, desde aquí sigo siendo en esta parte.
Pero él y yo compartimos gestos. Nuestras facciones despliegan un arsenal de posturas exageradas. Muecas que intentan representar la más mínima emoción cuando ésta se lleva al extremo. Comedia y Drama mayúsculos, envueltos en un afán musculo-facial. Envueltos en la gran Tragedia de reírse de todo, porque todo es nimio cuando se radicaliza y extrema.
Me puse nervioso. No podía hacer todo lo que quería. Hubiera deseado mover la cara cien millones de veces por segundo. Quería estar con él, con mi Víctor, y quería embolias y colapsos y trombos. Dejar que mis ojos se llenaran de colores intensos, y mi mente de pensamientos fugaces, efímeros, caducos no más llegar, y mi cuerpo de movimientos espasmódicos que reflejaran todo eso. Quería encontrar la risa en todas partes y en todo él.
Te quiero, Víctor de mi vida, mi hermana.
Tú, si quieres ser dramática, selo.
Tú, arrebujada en una túnica de terciopelo negro como la noche del eclipse. Tú, al borde del más alto y peligroso de los precipicios, con la garganta a estas horas ya desgarrada, que has tenido que echarte réflex en las anginas para poder seguir gritando a la bruma tu desgracia.
Tú, sin lágrimas que afloren a tus ojos, ahora sufres los efectos de la deshidratación por culpa de tanto llorar. Tus manos ya se agarrotan en dolorosos calambres de sujetar los ochocientos clínex con los que has ido enjugando tu rostro, que te lo has dejado seco y con irritaciones, que ni diez quilos de nivea calmarían.
Tú, con esa vertiginosa tormenta batiéndose en pugna con el violento oleaje al fondo, mientras el viento huracanado arrastra los miles de pliegos de papel donde has sangrado hasta la última palabra con la que expresar tu dolorosísima y vívida pasión. Esa pasión inodora que arde como acetileno en tu corazón, en tu bazo, en tu apéndice, en tu vesícula biliar, que hasta las bacterias de tu intestino han decidido por unanimidad el marcharse con viento fresco porque no pueden soportar tanta angustia.
Tú, y cien mil niños tullidos y huérfanos mirando a la cámara con los ojos y los vientres hinchados, mientras tosen por culpa de esa tosferina que los llevará al nicho en pocos días.
Si te apetece drama, tírale, niña guapa.
Hace ya unos días que no entro por aquí. No estoy inspirado, qué le vamos a hacer. Quiero decir que no me preocupa, vaya.
Estoy rancio, que diría Regino. Como absorto en la mismidad y el bloqueo de estímulos. Si la televisión tuviera el conector adecuado, me tiraría unos días enganchado a mi playstation, peleándome contra los bichos del Final Fantasy VII o del IX, para mi gusto, los mejores de la saga.
Pero como no puedo jugar, rumio.
El dios católico es muy aburrido. Omnipresente, omnisciente, todopoderoso... si hasta Son Goku tenía debilidades, y eso es lo que lo hacía divertido. Pero este dios católico... nada que ver.
Mejor se lo montaron los griegos y romanos con sus dioses: Túnicas de quita y pon, hijos ilegítimos, transformaciones varias, infidelidades, amores absolutos, incesto... Fueron ellos los que descubrieron Crónicas Marcianas. O, dicho de otra forma, este programa junto con otros tantos ha redescubierto que los dioses sólo tienen que gozar de dos características: (a)La ubicuidad {tenerlos por todas partes}, y (b) que sean más humanos que tú, tan humanos que dejen de serlo.
Pero el Olimpo es pequeño. Los codazos y empujones {jaleados además por el público voraz} son el núcleo del espectáculo. La pervivencia en el parnaso está complicada, hay que morder yugulares, arrancar testículos y sugerir homosexualidades {con la hipocresía que implica decirlo mientras se sostiene lo de 'y no es que tenga nada en contra de los gays'}, amen de otras lindezas que harían palidecer a la mismísima Ángela Channing.
Añádase ahora que conviven dos Olimpos: el de los esperpentos sobre los que arrojar tomates, o pastillas de caldo Maggi {te quiere ayudar, aunque no pueda}; el otro, el de los esperpentos a adorar, donde futbolistas rubios de estantería, cocineros innovadores, tenistas de aire cansado y cada vez menos modelos de pasarela {son pocas las que sobreviven al hambre}, agitan su glamour subvencionados por Pepsi o Telefónica. Mientras, los primeros esperpentos se lanzan, como insectos a la luz violeta que les hará efímeramente relucir el aura antes de morir y resucitar, contra la invisible por inexistente membrana que separa un altar de otro.
Porque no hay diferencia. Todo es fruto de la necesidad de fagocitar y escupir, hijos de la prisa y la voracidad del gentío, patrocinio del mercado que te vende la libertad de comprar al módico precio de la libertad de elegir. Y sin que notes la diferencia, oiga.
Dios es aburrido. Ellos lo saben.
Con paso silencioso, como de tanque, Mabel fue comiendo terreno en casa. Mi respuesta también fue el silencio. Y así, callados los dos, la humedad fue impregnando la pared hasta que el moho enrareció nuestras vidas y no vi más solución que pedirle que se fuera.
Ser uno mismo es difícil. Pretendes ser bueno, cuando todo lo que haces es anularte para dejar hacer al otro y evitas la tensión y el conflicto. Hay quienes se crecen con ese comportamiento: Mabel con el mío, por ejemplo. E Isa, con el de Víctor. No es completamente culpa de ellas. Si riegas, es normal que las hierbas crezcan. Las buenas y las malas.
Pero hay otra gente a quien le desagrada que te anules. No te prohíben ser, y saben que un favor se concede, no se debe ni exige. Personas que saben que la bondad no es una pose, ni el actuar a regañadientes. Que admiten que puedes tener una opinión o un carácter distintos del suyo, y que agradecen incluso el que los manifiestes porque pueden aprender con ellos. No quieren máscaras risueñas, ni el favor del público que soy. Prefieren un no sincero y respetuoso a un sí eufórico y falso.
Aunque me joda, ser bueno no consiste en complacer al otro, que es una forma de no quererse, sino que es más bien ser jodidamente yo, quienquiera que sea ése.
Lo intentaré.
Sé que el Teléfono de la Esperanza es católico porque en alguna ocasión, al pasar junto a su edificio, he oído tañer las guitarras en canciones que de crío había escuchado en la catequesis. La iglesia católica está en todas partes. Es la secta más sólida que conozco, con imbricaciones en todas las ramas de la sociedad civil. Que alguien la extinga, o por lo menos que la aísle.
Nada ha dicho la santa madre iglesia que nos parió {o eso quieren hacernos creer} sobre el divorcio de Leticia Ortiz Rocasolano {hasta el segundo apellido sé}. Quizá porque fue un matrimonio civil, pero más bien por eso mismo deberían haber dicho alguna de las sandeces a las que nos tenían acostumbrados los obispos. Pero la familia real es intocable, nadie se mete con ellos, ni los obispos. Todas las televisiones y periódicos celebran el acontecimiento de mañana como si fuera la navidad de El Corte Inglés. Ojalá hubiera algún diario republicano, aunque seguro que también nos contaría sobre la boda.
El único partido que se autodenomina republicano, Esquerra Republicana de Cataluña {¿o debería escribir "Catalunya"?} pide que se devuelva a su tierra "El Gran Masturbador" de Dalí. No les he leído ni oído nada sobre la boda monárquica y heterosexual. Al parecer sólo buscan ese Gran Masturbador, tenerlo cerca, en su Comunidad, en su provincia, en su pueblo, en su aldea, en su casa, en su entrepierna.
Qué regocijo de estar tocándose mientras señoronas y dignidades ven agitar sus tules por el aliento del pueblo.
Hace una semana que tuve una cita con la médico del ambulatorio. Fue para una consulta acerca de un concurso para dejar de fumar. Cuando le comenté a la doctora al respecto, arqueó las cejas hasta elevarlas por encima de su estudiado peinado y me soltó que no sabía nada de ese concurso. Como ya iba yo encarrilado, le pedí cita en el C.A.D. , porque unos años atrás había acudido allí y casi conseguí dejar el hábito/vicio. Ni corta ni perezosa ni nada, la doctora me escribió un volante y me dió el teléfono de dicho centro. Así que yo, a mi vez, también ni corta ni etc. les llamé para pedir cita. A las 12h45 de ayer miércoles tenía que estar allí para empezar con la terapia.
Llegué a las 13h00 porque cuando me apunté la fecha y hora en la agenda, malinterpreté mi propia anotación y creía que llegaba a tiempo. Aun así, me atendieron. El C.A.D. estaba lleno de yonquis y de familiares de yonquis: algunos esperando a hablar con algún doctor, otros, esperando su ración de metadona. Lo cierto es que era una situación irreal -por más cierta que sea- porque algunas de las conversaciones que podía oír sobrepasaban mi mundo. Había una mujer de mil años, toda peinadita y arreglada y oliendo a colonia a granel -como lo hacen las madres cuando van al médico- intentando conversar con otra de unos cuarenta, más pasada de vueltas que Ricardo Bofill. Ésta última hablaba, o más bien pensaba en voz alta, acerca del mundo, de lo divino y lo humano, dando bandazos en su discurso, con la voz gangosa; mientras la señora mayor se esforzaba en mantener una conversación sobre lo cotidiano, toda educada y correcta. Pero tuvo que desistir porque la mente de su interlocutora no estaba para coherencias.
Cuando hablé con la médico, Rosa, que debía atenderme, me avasalló a preguntas acerca de mis hábitos y comportamientos. Que si con quién vivía; que si mis padres bebían o fumaban; que si sufría alucinaciones o tenía problemas al comprender; que cuáles drogas tomaba... Me sentí intimidado, porque la mujer hablaba con una profesionalidad rayana en la indiferencia, y a mí me parecía que me estuviera pidiendo que mostrara mis entrañas. Ése será el procedimiento, pero hay que ver lo brusco que me pareció.
Después me mandaron con otra doctora para empezar con el tratamiento, que ya conocía por la otra vez que acudí a ese centro. Básicamente consiste en desautomatizar el hecho de fumar. Me han mandado deberes: Primero, tengo que hacer una lista con los pros y contras de dejar de fumar. Y mientras la preparo, mi segunda tarea es anotar todos los cigarrillos que me fumo, a qué hora, en qué situación, cuánto del cigarrillo fumo y qué sensación de placer me causa.
Con la lista, aún no me he puesto, pero entre los pros tengo pensado anotar uno que es el que más me gusta: recuperar el olfato. En las ocasiones que lo he dejado por una temporada, me sorprende y me agrada mucho notar que las cosas huelen. Pasear por el mercadillo y darme cuenta de que hasta las lechugas tienen olor, es algo que estoy deseando conseguir.
Mientras, sigo anotando cigarrillos.
Acabamos de llegar a la estación de Murcia desde Elche, donde Esther nos ha llevado tras haber dormido en su casa. Regino y yo habíamos dormido hasta las once, casi, después de habernos acostado cerca de las tres de la madrugada, porque el concierto no terminó hasta esa hora.
Aunque en la entrada ponía que comenzaba a las siete de la tarde, llegamos cerca de las ocho y tan siquiera habían abierto aún las puertas del recinto. Decidimos irnos a tomar algo, que la tarde se presentaba larga, así que nos escurrimos en un bar cualquiera en San Vicente del Raspeig para hacer tiempo y calmar el estómago frente a lo que se avecinaba.
Esta mañana Pablo ha hecho un café de lo más extraño, como el de caldero que ponen aquí en las barracas los días de feria. No pretende tener cafetera, pese a lo incómodo que me parece eso de filtrar agua a través de un colador de tela donde has puesto el café molido. Pero el café estaba muy bueno, o al menos me ha sentado muy bien. Eso y los sándwiches de queso, jamón cocido y tomate rallado. Un desayuno acorde con lo intempestivo de las horas.
En casa de Esther no se fuma, y eso he hecho -o, mejor dicho, eso no he hecho. Sin embargo, ya cerca de las dos de la tarde tenía el mono de nicotina subido, así que me he bajado a un bar a tomar otro café y fumarme un cigarrillo. He tenido que comprar un paquete porque se me acabó el anterior casi al final de la noche, cuando Fangoria remataba el concierto.
Tocaron algunas canciones de los otros cedés, y casi todo el nuevo. Sólo se dejaron "Adiós" y "Teatro del dolor". Más de quince temas -tampoco los conté, pero más o menos fueron ese número- que sonaban genial. Pablo contaba esta mañana que iba casi todo grabado, pero no les resta mérito. De los grupos que vimos, el que mejor sonó.
Antes que ellos, Astrud. Geniales, también. Buen sonido y una pose muy graciosa, con comentarios breves y repletos de buen humor antes de cada canción. Muy distintos de Ellos, que no me convencieron. Poca voz, mal sonido y una actitud que pretendía ser, imagino, glamourosa y se les quedó en ridícula. Antes de hacer de contorsionistas con el micrófono, deberían comprobar que no se les acople.
Lo mejor: La amabilidad de Esther -cada día me sorprende más que le tuviera miedo cuando éramos adolescentes. Las clases de sonido de Pablo -¡quiero sacar un cedé!. La inteligencia y los mimos de Regino -un día tengo que contar algo malo de/con él, que se diría que todo es mentira de tan perfecto como lo cuento. El aluvión de temazos de Fangoria. Que habilitaran otros aseos en el recinto cuando vieron que las colas para el baño eran kilométricas. La sorpresa Prohibida.
Lo peor: El inexplicado retraso en el comienzo del concierto. El sonido de Ellos. Los camareros de la barra, pocos y parsimoniosos. En general, los fallos de organización.
Y ahora, en casita, a la amada rutina.
No sé cómo los políticos tienen la desfachatez de disculparse mediante el argumento: "No me informaron de eso". Este último año lo he visto utilizar como cientos de veces, presidentes negándolo todo y aduciendo que sus informadores no les fueron eficaces. Y sin mediar disculpas, cargan el muerto -los miles de muertos- de su fallo sobre aquellos que trabajan para ellos.
Estos días las noticias se centran sobre las torturas inflingidas a los presos iraquíes. George Bush Jr. carga contra Rumsfeld, a quien acusa de no haberle informado de que esa práctica estaba siendo utilizada por los soldados estadounidenses.
Regino me dijo que a él no le sorprendían tales prácticas. "Es imposible trazar una línea divisoria. Cuando envías a un soldado a matar a otras personas, tienes que cargarlo de odio contra el otro. Si el enemigo sólo merece la muerte, ¿cómo puedes hacerle dirimir entre lo que puede y lo que no puede hacer contra ese enemigo?".
Ni uno de nosotros puede pensar que las guerras son actuaciones limpias, entre caballeros que se baten en duelos de ancestrales ceremonia y reglas. Una guerra es un horror entre un grupo de seres humanos contra otro grupo. Mientras, lejos, unos se arrebujan en sus poltronas desde donde dirigen las piezas; otros nos terminamos las bolsas de pipas en el sofá, dispuestos a escandalizarnos en cuanto sea menester.
Hasta entonces, nosotros tampoco lo sabíamos. Yo tampoco lo sabía.
Acabo de llegar a casa desde el auditorio. Hace unas tres horas que sonó el telefonillo y ¡oh! ¡Chechu!. Le abro y me viene con sorpresa: el ultradelgado Julio con entradas para "la ópera".
Me niego dos veces, pero es gratis, así que a la tercera accedo. Ya no soy San Pedro. Julio se queja: "Llevo entradas gratis para la ópera, y ninguna mariquita quiere venir. ¿No se supone que somos culturetas?". El comentario me hace reír.
Llegamos al auditorio, después de haberme peleado con la llave y la cerradura, que funcionan cuando quieren. Los asientos están en el paraíso, es decir, en la parte más alta y casi en un rincón. Como el auditorio no está abarrotado, propongo sentarnos en un lugar más cómodo. Julio y Chechu acceden, no sin antes acordar que si nos preguntan las azafatas, que van vestidas fatal, juraremos sobre la tumba de nuestras madres, vivitas y coleando, que sabemos dónde están nuestras butacas.
Antes de la obra, cuatro personas sentadas en sendas sillas sueltan un rollo infumable acerca de la obra y la vida de Bertolt Brecht. Ninguno de los tres que somos soportamos escuchar de seguido toda la perorata, así que salimos a la terraza del auditorio a engullir unos cigarrillos. Cuando volvemos dentro, ya casi se ha acabado el plomo. Unos minutos más tarde, la obra.
La representan los alumnos de la escuela superior de arte dramático, junto con la orquesta del conservatorio de Cartagena y universidad de Murcia (copio literal de la entrada). La música es de Kurt Weill -ays, cuánto me suena- y me encanta. También me gusta mucho el uso que hacen del espacio y los elementos del escenario, así como uno de los chavales que interpretan, todo peludete y algo marcado, sin llegar al límite clembuterótico. Disfruto de cuanto puedo pese a que no me entero muy bien de qué va todo. Al parecer va de una familia de Louissiana que manda una hija fuera de casa para que gane los dineros suficientes para hacerse una buena casa. En su desventura extra-hogareña, la chica, Ana, cae en todos los pecados habidos y por haber. Enhorabuena por ella, pienso, pero se ve que la obra es de crítica social y yo no me entero de la misa la mitad, porque eso es precisamente lo que no debería hacer. O más bien, eso es lo que siempre pasa cuando el poderoso caballero Don Dinero entra en juego.
Si encima resulta que el 99% del texto era cantado y yo no entendía ni J, pues peor me quedo. Menos mal del peludete.
¿Alguno ha visto/leído la obra y me la explica?
De pequeño conseguí el secreto de la invisibilidad. Era capaz de estar sentado junto a un grupo de adultos, escuchando cuanto decían, sin que nadie se percatara de mi presencia. Bastaba con hablar poco, muy poco. Sólo dar las justas respuestas educadas cuando se me preguntaba. Leer también ayudaba mucho. Con un libro abierto sobre el regazo el hechizo de la desaparición fortalecía su poder, evitaba incluso que se me hicieran preguntas.
De esa forma, de pequeño pude oír todos esos asuntos que los mayores llevaban en secreto. Mientras que al resto de niños se les contestaba con evasivas, a mí no me hacía falta preguntar acerca de temas peliagudos, porque sabía las respuestas: las había robado con mi truco de la invisibilidad.
Fue un fastidio darme cuenta del tiempo que había invertido y perdido en hacerme desaparecer, porque, la verdad, esos secretos tampoco eran para tanto.
Acabo de comprar el cedé "Arquitectura Efímera", de Fangoria. En concreto la edición especial con el deuvedé. Y el dichoso deuvedé no lo puedo reproducir, que está defectuoso. Arj, con las ganas que tenía.
Al menos el cedé funciona y puedo disfrutar de eso...
Pero no me consuela, qué quieres que te diga.
Acabo de volver a casa después de haber cambiado mi copia en El Corte Inglés (de mangas). Antes he comprobado en uno de los reproductores que venden allí que el deuvedé se veía. Pero en mi ordenador sigue sin verse.
Me cachis
Hay que ver lo poco que me duran a mí las aficiones. O mejor dicho, lo poco que profundizo en ellas. Soy un aprendiz de todo y maestro de nada.
Musicalmente, aparte de Björk, no me he casado con nadie. Mejor dicho, no me considero un fan acérrimo y obsesivo, de los que saben hasta cuándo tuvo su primera regla esta cantante. No sigo a nadie milímetro a milímetro en sus giras, ni sé quién produjo o escribió todos y cada uno de sus temas, hasta las colaboraciones en discos de esos de recoger dinero para alguna causa. No escucho día tras día canciones de nadie, excepto por temporadas, que me da el jamacuco y necesito oír tal o cual canción de tal o cual cantante.
No uso nicks de los juegos de final fantasy. La playstation la tengo abandonada sin mucho dolor en un cajón, pese a haberme tirado unos meses sin darle tregua. Vale que desde el FF VII hasta el X los tengo todos, pero ahí están, acumulando polvo y sin asomo de preocupación por mi parte por terminar los que aún me quedan.
No juego a las cartas de El Señor de los Anillos en mucho tiempo, pese a haber estado durante unos meses sin parar de quedar con Carlos o con Miguel para echarnos unas partidas. Vale que el año pasado me dio un arrechucho y me dio por comprar cuantos sobres podía para ampliar mi colección. También conseguí un álbum donde guardarlas y el listado completo, pero ahí siguen desordenadas mas de la tres cuartas partes de las cartas que tengo.
Hace ya casi meses que no leo un libro de un tirón. Esas temporadas de avidez lectora en las que coges un libro y se te queda pegado en las manos y no lo sueltas. No me ha pasado ni siquiera con alguno de ciencia ficción -de la que por cierto aún no tengo ni la quinta parte de los cien libros que recomendaban en un libro. Perdón, esto no es del todo cierto: en semana santa le cogí "El libro de las ilusiones", de Paul Auster, a Regino y me lo zampé en tres días.
No me descargo con el emule los vídeos de Les Luthiers, ni tengo la discografía completa de Mecano, ya no sigo a José Luis Marina. De Fernando Savater apenas sé qué es de su vida, pública y literaria. Los deuvedés de Martes y 13 siguen en El Corte Inglés y yo sin comprarlos. De vez en cuando aún cae algún libro de Martin Gardner, pero muy de vez en cuando, u ojeo el volumen que tengo sobre Álgebra en casa, pero ya no estoy matriculado en la facultad. Ya no escribo cuentos, ni jamás he llegado a terminar ninguna animación en flash, ni actualizo mi página web, pese a que sigue a medio hacer.
Ya no juego al Scrabble ni al Rummikub. Perdí mi álbum de cromos -y lo tenía ¡completo!-de La Pandilla Basura, y nunca me pregunté quién era su dibujante.
No sé si será bueno esto de tener obsesiones que me duren seis meses. ¿Algún analista en la sala?
En fin, al menos que os pueda dar un par (es decir, tres) de vínculos:
Esta mañana me he afeitado. Ya llevaba barba de una semana. Me choca esto de segregar pelo y uñas. Desde la adolescencia, con esa barba que no es más que pelusilla, filamentos de algodón oscuro, toda la vida segregando pelo. ¿De dónde saldrá? No hablo del fenómeno fisiológico, de esos folículos pilosos enhebrando proteínas. Me pregunto de dónde salen, qué he comido, qué he bebido, qué he respirado. Dónde estaban antes esas partículas de carbono e hidrógeno, de qué estructura compleja formaban antes parte.
Sé que en mi cuerpo se producen cambios a diario. Pierdo células epiteliales, mi piel se va quedando en la ropa, en las sabanas, se va disgregando y flotando en el aire que otros respiran; porque otra piel viene a ocuparme. Mis mucosas renuevan su materia eliminando la antigua, sustituyéndola por una más nueva, recién nacida.
Echando cuentas, probablemente no sea más que un pequeño porcentaje del ser que era hace quince años.
Y menuda contradicción esta de considerarse un yo cuando ese yo está en continuo cambio. Y asusta un poco pensar que voy dejándome la identidad en el camino, y que el camino me va generando el yo. Lo que toco, con quien hablo, lo que miro, lo que leo, lo que oigo, lo que digo, lo que como, lo que bebo, lo que froto, lo que respiro, lo que espiro, lo que ignoro, lo que me pongo. Todo llevándoseme partículas e impregnándome.
¿Quién seré mañana?
Ayer fue el día del bando aquí en Murcia. Me desperté con Regino al lado, lo cual es de agradecer. Siempre y cuando no sea 15 de agosto y haya 40º a la sombra y ni asomo haya de aire acondicionado, claro.
Tuvimos nuestro ratico y nos levantamos para encarar el día. El cielo estaba limpio, sin rastro de esas nubes que habían estado aguando los días anteriores, echando hectólitros de agua sobre los pasos de la semana santa. Regino se fue a la ducha y yo me quedé desayunando mi colacao del mercadona con leche y café -yo inventé el nescafé mix pero no di de alta la patente. Al poco me llamó Chechu. Me tenía dicho que a lo mejor el día anterior se pasaba por la noche, pero no lo hizo. Me telefoneó para ver si estaba en casa, que quería pasar por allí.
Y lo hizo. Llegó todo trajeado de huertano, con el disfraz de su padre, que tenía el chaleco plagadito de pins. Una cosa digna de verse y muy entretenida, porque te quedabas ahí mirando y preguntado "¿y este de qué es?, ¿y este otro?". Mucho juego y mucha conversación para el ligoteo. Ay, Chechu, que sabes más que los ratones coloraos.
Me pilló bajándome vídeos musicales por el emule. De Spike Jonze, de Michael Gondry y de Chris Cunningham. Más que nada porque sé que han dirigido cada uno de ellos algunos de los mejores vídeos de Björk, y como ahora han editado unos deuvedés con las obras de esos directores, pues estaba ojeándolos a ver qué más ofrecen. Por cierto, indangando, indagando en la red, he encontrado un tal amv, que ya no sé ni quién es o quiénes son, aparte de que dirigen videoclips y que me han picado la curiosidad.
Dejé un poco de lado la frenética actividad descargadora, la cual consiste en pinchar de tanto en cuanto el emule y ver si de una ##@##! vez ya ha caído algo, para hablar un rato con Chechu. Como siempre, la risa. Tuvimos nuestro rato también de confidencias a mediodía y de ponernos al tanto de los planes para ese día.
Se supone que a las doce había quedado con Julio en su casa para una marifiesta, pero en vez de eso nos fuimos Regino, él y yo al María María, lugar que este menda nunca había pisado y que lo regentan dos chicas la mar de graciosas. Allí cayeron las primeras cervezas, una ronda pagada por cada uno. No aspiraba a más porque me quedaban pocas pelas y no podía tirarle a los cubatas, lo cual al final resultó ser una ventaja, por cierto. También es verdad que a mediodía tampoco te vas a poner con el vodka a palo seco, en plan Sue Ellen.
Aterrizó en la terraza del María María nuestro Paco de Bullas, famoso en el mundo entero, también convenientemente pertrechado de huertano, junto con dos amigos, Javi, que era la primera vez que lo veía, y otro que sí conocía, Rodrigo. Resultaban muy majos, muy normalicos y muy amistosos, como debe ser. Luego Regino me dijo que Javi era clavado a un primo suyo, que cada vez que le miraba, veía a su primo. Qué paranoia. Supongo que acaba uno conociendo tanta gente que al final se tienen que parecer. Y eso que no somos chinos, que si no, ya exagerao.
Paco nos dijo de ir a comer a su casa. Era una buena idea, porque en un día como el del bando también hay que comer, pero yo no sabía qué hacer. Me daba palo eso de que hacía un siglo que no le veía ni nos llamábamos ni nada, y hala, plantarnos en su casa a dar cuenta de un arroz y conejo. Es que la generosidad ajena tiene eso, que luego me miro a mí mismo y no veo más que cochambre y egoísmo.
Pero nos decidimos. Trabajo nos costó dar con el piso de Paco, allá por la clínica Belén. Mensajitos al móvil, llamadas y por fin, el piso. Un primero con mucha luz, sobrio en muebles y algo Pryca. Pero acogedor y funcional, un pisito de soltero, vaya.
La comida ya estaba en el fogón. Rodrigo se afanaba allí mientras nos presentábamos a un par de amigos de Paco, Juanjo e Inma -si es que se llamaba Inma, que no me acuerdo bien. Un rato charlando y después a poner la mesa y servirnos la ensalada y el arroz con conejo. Juanjo casi ni lo cató, porque ese tipo de carne no le iba. Bromas con lo del conejo, claro. Y vino y cerveza y unos cubatas de ron con el café. Día del bando, en resumen, que debería patrocinar Ballantine's. Yo encontré el arroz algo flojo de sabor, pero me callé por deferencia al cocinero Rodrigo, que supongo que hizo lo que pudo con lo que había. Ya me tocará a mí lidiar en la cocina del piso de Paco.
Luego, de vuelta al centro, donde nos cruzamos con Isa Qué-pena-doy y su novio Javi. No hicieron amago de habernos visto, casi que mejor, pero sin el "casi que". Fuimos directos a El Sentío, pero apenas se podía entrar con la de gente que abarrotaba la puerta. Nos quedamos fuera mientras visitaban el aseo un par de los que íbamos. Es que eso es lo peor en el bando: mear. Hay quienes se desahogan en la calle, generalmente en la misma calle todos, con lo que luego te ahogas tú cuando pasas por ella. De ahí, al Queens. Antes de entrar me dijo Regino que había quedado con Manuela y su novio en la puerta del Teatro Romea. Así que hicimos unos bailes allí dentro antes de ir a buscarlos.
Tardaron un poco. Ya los vimos cuando nos íbamos, cansados de esperar. Nos fuimos al cafetín árabe, donde fumamos en narguile y nos tomamos unos tés. Yo tomé un cortado, que soy muy occidental, y le di unas cuantas caladas al narguile. Se supone que era de semilla de uva, pero a mí me sabía a regaliz. Total, que se nos hicieron las tantas, casi las once, en aquel ambiente casi decadente.
Al salir hicimos recuento de euros. Cuatro me quedaban a mí, y tres a Regino, poca cosa, pensé, así que estaba por irme a casa aunque ganas de seguir teníamos. Menos mal que Regino me convenció: "anda, que si fuera por las pelas que no salgo, pocas veces hubiera pisado la calle". Así que nos fuimos al Warhol, que tenían todavía la barra en la calle y podíamos pedir cervezas baraticas. Qué grande es Regino.
Luego, a El Sentío Noche, donde nos encontramos a Javi, uno de mis iconos sexuales, más ciego que Marifé de Triana. Iba con un amigo muy majo, quien le hacía de bastón y de conciencia. Se me escapó en una de mis incursiones al aseo. Unos bailecillos y se nos hicieron casi las dos. Hora de llegar a casa y descansar.
Un buen día del bando. Largo, pero se me hizo de lo más corto. Con el puntillo alcohólico, pero sin caer en el descontrol. Con gente por todas partes y buenos conocidos donde y cuando menos me lo esperaba. Con Regino que se salía de guapo y de buen mozo. Un bando con un tío de bandera.
Ya han terminado las vacaciones de semana santa. Dos días apenas, que dando clase no hay más hueco que el que mi jefe disponga, que son las fiestas de guardar. Y los días de guardar en cama, que son pocos. Tampoco he viajado a ningún sitio, excepto visitar a Regino en Cartagena - y quedar allí con la Chichi - e ir a ver a mis padres en sus tierras.
Salir por Cartagena ofrece pocas perspectivas. Quizá quien allí viva se conozca mejor los sitios y haya descubierto ese rincón secreto y maravilloso donde poder escuchar buena música y echar un buen baile y tomar una copa nada cara. La Casa Bar, que es el que conozco, pero también es cierto que como lo regenta Amalia y trabaja allí José Luis, pues que mis afectos se inclinan por dicho bar. Quizá haya más, vaya usted -a Cartagena- a saber.
Cuando voy por esas tierras siempre vamos al Mulayem (o Molayem, nunca recuerdo el nombre). Tiene un reservado, Pecatta Minuta, donde se supone que pinchan house, pero vaya, si acabamos allí es porque está lleno de mariquitas y lesbianas y siempre da alegría el ver un poco de libertad. Claro que llamar libertad a acabar en diez metros cuadrados encerrados tras una puerta inmensa es como llamar Internet al Teletexto.
El viernes por la mañana se me fue en el despertar y el viaje hacia casa de mis padres. Apenas comí nada, que tenía el estómago revuelto de las cervezas del día anterior. Le hic