“Por ejemplo, mira ‘Price I Pay’” , continúa Navarro. “El año pasado tocamos en Corea y teníamos previsto salir de juerga al terminar. Perry volvió a su habitación y empezó a componer letras en el portátil, que es donde suele trabajar, con ritmos electrónicos y esas cosas, y luego lo escucha con los auriculares. Cuando fui a recogerle para ir a la fiesta le escuché cantar una y otra vez ‘The price I pay! The price I pay!’. Gritaba tanto que tuve que aporrear la puerta, pero con los auriculares no había forma de que me oyera. Cuando al fin conseguí sacarle de allí, le dije: ‘¡Fuera lo que fuera lo que estuvieras haciendo, sonaba genial!’ De vuelta a Los Ángeles, cuando fuimos al estudio nos acordamos de aquel momento y entre los cuatro lo convertimos en una canción. Creo que eso muestra cómo hacemos música: no seguimos un enfoque concreto, simplemente sucede.”
“El disco está más centrado en lo que son las canciones”, observa Navarro. “No hay piezas de ocho minutos, aunque algunos de los temas son en realidad bastante épicos, pero no tienen por qué durar nueve o diez minutos para transmitir el sentimiento. Hemos aprendido a ser épicos en tres minutos y medio, lo cual es bastante más complicado.”
“Intento mantenerme lo más positivo posible”, afirma Farrell. “Mi principal prioridad es asegurarme de que la gente se divierta, pero en toda burbuja de felicidad tiene que haber un momento serio. Como pregoneros que somos, estamos muy interesados en la promoción de los combustibles alternativos, que es precisamente a lo que se refiere el tema que da título a este trabajo. Corremos el riesgo de que todas las leyes medioambientales escritas del país se vayan al traste, y la voz que más llega al público es la musical.”
“Creo que todos somos muy conscientes del poder que nos confiere la música”, admite Perkins. “Además de hacer que la gente dé saltos, también quiero que la gente llegue a casa, haga el amor y piense acerca de su mundo.”
Escrito por The Thief a las 09.08.2008 19:08