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23 de Enero de 2004

Esta bala tiene tu nombre

El mismo día que nací yo... no, no nacieron todas las flores. Más bien al contrario, ese día vio la luz uno de los grandes genios de la filosofía y la historia de la teoría de la resolución de conflictos y disputas, que no soy yo, claro. Gracias a su ingenio en muchos puntos del planeta dejó de haber broncas por doquier, peleas, puñetazos y malos rollos.

Ese día, pero unos cuantos años antes que yo, en 1814, nació Samuel Colt, el inventor del revólver, tremendo hierro brillante con el que se solucionaron los problemillas en el lejano oeste de las pelis americanas, rodadas en el Monument Valley o en Almería, que está mas cerca y es más bueno-bonito-barato.

Se me enamora el arma

Quien diga que su invento no ayudó a conocer al prójimo más de cerca miente. De hecho pienso que el desarrollo de la economía de los EEUU durante el siglo XIX no se debió a la llegada del tren, el comercio, los inmigrantes, la luz eléctrica o la industria. Se debió al negocio de las pompas fúnebres y sus accesorios directos o indirectos: fabricantes de ataúdes, industria de la madera para esos ataúdes, cultivadores de flores para las coronas, curas que cobraban por el entierro, enterradores, fabricantes de palas para cavar las tumbas, marmolistas, rotuladores que escribían el nombre en la lápida, propietarios de saloon donde ahogar con whisky o zarzaparrilla o una mezcla de ambas la pena negra de los familiares del fiambre, transportistas de carreta (la gente se moría muy lejos), ganaderos que crían mulas que tiran de esas carretas funerarias, periodistas que escribieran la crónica de sucesos, editores que publicaran las esquelas en sus periódicos, carniceros que vendían carne para darle de comer a los primos de fuera, sastres que arreglaran los agujeros de las balas en la ropa, abogados que resuelven pleitos de herencia, banqueros donde guardar los ex-bienes del difunto, etc. En fin, todo un mundo floreciente.

Hicieron de la industria de la muerte la base del concepto global de negocio. El revólver y su filosofía de la amistad es el origen de muchos capitales que hoy se dedican a otros asuntos, hamburguesas, petróleo, pelis de Disney con alegres bichitos y cosas así. Así que igual que nosotros decíamos 'Bienvenido Mr. Marshall' y les pedíamos tractores ellos dicen 'Bienvenido Mr. Colt', y luego soplan. Claro, nosotros inventamos el botijo y la fregona, es normal la posición que ocupamos en este mundo de mierda.

Trapo | Enlace permanente | Categoría: Neuras

Comentarios

Triste invento. Saludos.

Escrito por salva a las Enero 23, 2004 05:19 PM

Esto... ¿Lo has leído en algún reportaje de la revista "Adiós" o algo así? :D

Escrito por Germán a las Enero 23, 2004 11:20 PM

Nooo... Si al final ¿Qué sería de nosotros sin ellas? ; )
Muy buen post.
(...y lo de " Se me enamora el arma" jajajajaja)

Escrito por Ike Janacek a las Enero 25, 2004 09:30 PM

Al fin y al cabo, Dios hizo al hombre y Samuel Colt los hizo iguales. -Solo es una frase.

Escrito por xabe000 a las Enero 27, 2004 08:04 AM

el hombre morira con su propio invento

Escrito por daniela a las Mayo 11, 2004 04:41 AM

Echadle un vistazo a este
otro punto de vista.

Escrito por lince a las Junio 15, 2005 09:17 PM
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