Cuando comenzaba mi relación con María le escribí esta nota dentro de una carta:
...
"El hada, viéndolo correr y retozar por la habitación, ágil y alegre como un gallito joven, le dijo:
-Así que mi medicina te ha hecho bien.
-¡Mucho más que bien! ¡Me ha devuelto al mundo!...
-Entonces, ¿por qué te hiciste rogar tanto para bebértela?
-¡Nosotros los niños somos así! Tenemos más miedo a la medicina que a la enfermedad".
(Carlo Collodi: Pinocho)
...

Ahora, al verla escrita varios años después, me parece que vuelvo a entender mi propio comportamiento en muchas situaciones. Es lo que ocurre cuando has escrito cosas que no recuerdas, y luego vuelves a encontrarlas. Esto de las cartas antiguas tiene su miga. Es Uno mismo, el que Era (y sigue siendo, pero con más mala leche), aunque no se sabe a dónde lleva esto, y ese es el misterio de lo que queda escrito para siempre, que a veces no sabemos lo que éramos, ni lo que somos ahora, y mucho menos la piltrafa que seremos.
¿Y qué hago yo leyendo cartas antiguas, que aunque haya escrito, no son mías? ¿Eh?. Me pregunto.
Si me pusiera un traje de arlequín hecho con rombos
podrías pesar, tal vez, yo soy uno de vosotros
y si dijera que todo es nada y nada es eterno
querríais creer que mis palabras solo son bostezos
Si yo pudiera coger la piedra y convertirla en oro
me haríais salir con mi mejor sonrisa en vuestras fotos
si amaneciera en mi cama convertido en un insecto
yo sé muy bien que ni siquiera me leríais mis derechos
Si te cantara que me miré al espejo y era otro
te oiría decir que es un farol; me tomarías por loco
si yo tuviera el diapasón que afina sentimientos
te haría volver y te diría que el amor no ha muerto
No me hagáis caso hoy
debo advertirte que en realidad
estoy hablando en sueños
estoy hablando en sueños.
"Hablando en sueños"
Jose Ignacio Lapido