Tenemos el grave prejucio de considerar a la gente presa de sus propios nombres, como si fueran responsables de algo que sus padres no podían preveer cuando nacieron. De nada tienen culpa los Jonathanes, Kevines, Sarais o Maikels.
Le envié un emilio a mi amigo Emilio y se enfadó, porque dice que qué culpa tiene de llamarse Emilio y de llamarse como los emilios, si la criatura nació antes de que se inventaran los correos electrónicos. "Es lo mismo que llamarse Adolf en la Alemania de Hitler, o apellidarse Pantoja, Aznar o Franco en España, o lo que sea, qué has hecho para merecer semejante castigo si tú no has hecho nada".
Tiene toda la razón, a partir de ahora sólo le mandaré telegramas.
Pues es totalmente cierto, pero uno puede cambiárselo. Lo que uno no se puede cambiar (salvo de orden) son los apellidos. Que además en España, como somos más chulos, tenemos dos (el de la madre también.
Escrito por Pistacho a las Mayo 12, 2006 04:05 PM
Completamente de acuerdo. La cosa es que uno arrastra su nombre a lo largo de su vida. Pero en el tema patronímico hay que tener suerte. Llamarse Pedro, por ejemplo, no es lo mismo que llamarse Higinio, que es una putada.
O Cecilio, Patricio, Federico, Hipólito o Gregorio...
Hablando de Gregorio ¿conocéis la campaña de Gregorio de AXE? Es brutal.
Escrito por Joe a las Mayo 14, 2006 10:45 PMY tanto, aunque acabas haciéndote a él.Por mi caso personal,he de decir que después de toda la vida aguantando las bromitas,preguntas "ese nombre,qué significa,a qué viene?" ..etc,acabas pensando que realmente los "malos" ni son tus padres(sobretodo los que nacimos en años de la Transición) ni tú ni nada, si no el descaro.Pensé en cambiármelo alguna vez,de jovenzuela,pero ya paso.Ahora los facilones juegos de palabras,las comparaciones y todo lo demás,lo hago yo primero cuando veo la intención del otro.Ademñás,bien guapo que es!!!
Un saludo!