Desde la otra orilla, de Mabel Galán, es un libro que, como bien dice en su contraportada "pone en tela de juicio la naturaleza de las emociones haciendo que se tambaleen los arcaicos pilares de las relaciones de pareja".
En este libro hay una especie de carta que hoy ha llamado mi atención y creo resume muy bien cómo algo tan simple como el amor a una mujer puede "remover" tanto en la vida de otra:
"Cuando te acercaste a mi por primera vez, aún no estaba preparada para recibirte. No es que no entendiera tu forma de vivir, ya ves, había pensado en ello muchas veces, pero estaba asustada. Nadie me había educado para saltar tantas barreras ni desdeñar tan controvertidas normas. Reglas sociales, que, qunque arbitrarias, parecían promulgadas po run ser divino al que resultaba imposible desobedecer.
La primera vez que tus manos me acariciaron en silencio, yo me rompí en mil pedazos, y mi voluntad dejó de pertenecerme, para comenzar ese largo viaje del que no ha retornado jamás: la necesidad de amar tu cuerpo y retenerte a mi lado.
No fue ácil remover el mundo, provocando aquella revolución, ni desarticular tantas ideas tan arraigadas, que formaban parte de todo lo que me rodeaba, y que tuve que sanear una a una hasta que no quedó títere con cabezo, y, por fin, comencé a sentirme bien del todo. Tenía miedo a conocer tu mundo. Fíjate, como si hubiera muchos mundos distintos que recorrer, y no uno solo con infinitos vericuetos y posibilidades. Tenía miedo de ser como tú. Temor a que la gente me señalara con el dedo y me encasillara, acusándome de ser diferente. Diferente de qué, me pregunto ahora.
Tantas cosas han cambiado desde entonces. Tantas, desde aquel día en que te sentaste frente a mí por primera vez, sincerándote; y por otro lado tan pocas, que hoy no entiendo cómo alguna vez pude temer nada de ti.
Fue tan fácil amarte, te entregaste a mí de una forma tan dulce, de un modo tan sincero, que desde el principio me fue imposible rechazarte. No quería que te alejaras de mi lado, aunque, bien sabe Dios, que no sabía muy bien qué hacer contigo tampoco. Me dejé hacer..., el tiempo y tú me lo enseñasteis todo, y poco a poco me fui encontrando a mí misma, lentamente, entre tus manos".
"A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante".
Oscar Wilde
Hoy quiero dejar akí escrita una historia que me contó una vez una buena amiga, y de la que hoy ha llegado de nuevo a mis manos otra versión...
No sé cómo, pero siempre llegan en el momento adecuado.
Es como cuando abres un libro por cualquier página y, siempre tiene algo que está relacionado con tu situación en ese momento, o con un problema al que le das vueltas desde hace tiempo...
Supongo que los libros, como el resto de las cosas que tenemos alrededor (personas incluidas) están ahí por y para algo...
EL BILLETE DE 50 EUROS
"Pablo, con el rostro abatido de pensar, se reúne con su amiga Laura
en un bar a tomar un café. Deprimido, descargó en ella sus angustias... que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su vocación!...
Todo parecía estar mal en su vida. Laura introdujo la mano en su bolso, sacó un billete de 50 EUR y le dijo: ¿Quieres este billete?
Pablo, un poco confundido al principio, le contestó: Claro,
Laura... son 50 EUR, ¿quién no los querría?
Entonces Laura tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta
hacerlo una pequeña bola. Mostrando la estrujada pelotita a Pablo, volvió a preguntarle: Y ahora, ¿lo quieres también? Laura, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 50 EUR. Claro que lo cogeré si me lo das.
Laura desdobló el arrugado billete, lo tiró al suelo y lo restregó con el pie, levantándolo luego sucio y marcado. ¿Lo sigues queriendo?
- Mira, Laura, sigo sin entender a donde vas, pero es un billete de 50 EUR, y mientras no lo rompas, conserva su valor...
Pablo, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres,
aunque la vida te arrugue o pisotee, sigues siendo tan valioso como siempre lo has sido...
Lo que debes preguntarte es cuánto vales en realidad y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado. Pablo se quedó mirando a Laura sin atinar con palabra alguna, mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro.
Laura puso el arrugado billete a su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice agregó: Toma, guárdalo, para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal... pero me debes un billete nuevo de 50 EUR para poderlo usar con el próximo amigo que lo necesite. Le dio un beso en la mejilla y se alejó hacia la puerta.
Pablo volvió a mirar el billete, sonrió, lo guardó y con una renovada energía llamó al camarero para pagar la cuenta...
¿Cuántas veces dudamos de nuestro propio valor, de que realmente merecemos más y que podemos conseguirlo si nos lo proponemos? Claro que no basta con el mero propósito... Se requiere acción y existen muchos caminos"