Solo, soledad.
A veces voy al bar y me tomo un par de cañas, y miro a la camarera, ella es preciosa. Tres hombres más la miran. Esos hombres tienen sus mujeres en casa. Mujeres que les preparan, quizás, la cena en estos momentos. Ellos tienen un hogar y niños que reclaman juguetes e ir a dar un chapuzón a la piscina. Yo les miro atentamente. Yo no tengo mujer, no tengo hijos. Yo solo tengo 39 años y una vida solitaria. Miro los periódicos. Veo y leo tragedias. Quisiera parar las guerras, calmar el hambre en el mundo, pero ...¿quién es capaz de hacer eso?. Quisiera sentirme útil. Yo en estos momentos tan solo puedo apagar mi cigarrillo en el cenicero, y pedir a la camarera que me sirva otra caña "muy fría, por favor". Que calme mi sed y ahogue esta extraña soledad.
Miro a la calle, por los grandes ventanales del Bar. Y aprecio que apenas pasa gente caminando por la acera, ¡hace tanto calor!. Miro de nuevo a la camarera, mientras dos hombres más la miran. La observan mientras beben a sorbos acelerados su copa. Ellos son albañiles, se les nota en su ropa, en sus manos, en sus ojos.
Yo solo soy un parado más. Un parado que vive con su madre. Alguien que sueña con el amor, que sueña con encontrar una mujer digna para mi. Pero no la busco, y supongo que ella tampoco a mi. Soy uno de esos hombres que piensa que a este paso se va a quedar solo el resto de la vida. Que mi vida se va a basar en la misma rutina cada día. Rodeado de esas cosas que ahora mismo amo: mi madre viendo las noticias de las tres, cocidos madrileños, tardes y noches en el bar e infinitas madrugadas mirando la Televisión o escuchando la radio. Quisiera cambiar mi vida. Yo no soy precisamente feo, sólo un poco calvo, me falta algún diente, afeitarme un poco más y cambiar algunos detalles más de mi físico. A mi me queda por hacer eso, cambiar, pero cuando me miro en el espejo me bloqueo y no se realmente como dar ese paso que me impulse a ese mundo nuevo que se que me espera, algún día, en algún momento.
Miro a la camarera, me la imagino mirándome fijamente. Me guiña el ojo. Y yo le respondo con el mismo gesto. Yo muevo la pierna nerviosamente en el taburete que está cojo y se mueve de un lado a otro, moviéndome a mi con él...creando un balanceo que resulta hasta agradable. La camarera, de la cual desconozco el nombre se acerca a mi, se sitúa delante de mi cara y me dice que la espere a la salida del trabajo. Así que nervioso y muy excitado, por la situación, le planteo la opción de que me llene la caña mientras la espero. Me la llena. Esta tan fría que cala mis dientes, pero me da igual. Me imagino a la chica acercándose a mi boca, con la intención de robarme un beso rápido pero suave a la vez. La imagino acariciándome la mano en algún cine. Pidiéndome que no me separe de ella en la vida. Echándome de menos si no voy al bar. Me la imagino dejándome mensajes de amor en el contestador. Y me imagino a mi, loco de amor, tumbado en el sillón de casa pensando en ella, deseando encontrarme con ella, pero inmerso en mis miedos y mis dudas, casi llorando como un crío, y mi madre desde su habitación diciéndome lo que casi todas las madres suelen decir alguna vez: "hijo te estás equivocando".
Me imagino presentándome en el bar a las 1 de la madrugada, y pidiéndole que huya conmigo. Que deje el Bar. Que huyamos donde nadie nos pueda encontrar. Donde nadie pueda meter cizaña en estar relación. Planeo una huída perfecta para los dos. Ya me imagino 3 o 4 niños corriendo por la casa, una casa con su hipoteca correspondiente, con sus facturas correspondientes, con todo.
Una casa con mi mujer dentro. Mi mujer preparando la cena, los niños gritando "devuélveme el coche, no me gusta esa comida, quiero agua, no quiero dormir". Me imagino a mi mujer en la cocina, fregando los platos, después de meter en la cama al pequeño, y el más travieso de todos, el que se parece más a mi. Me imagino a mi, acercándome por su cintura, acariciando su piel.... pero....de repente noto algo extraño, algo que no concuerda con mi imaginación. ¡Soy yo!, soy yo mismo. Soy yo el que está fregando los platos. Miro, y no hay niños, no hay mujer, ni casa, ni hipotecas, nada. No hay nada. La imaginación se rompe. Y me encuentro dándole un sorbo a la caña fría, que ya está caliente. Y miro a la camarera que saluda a otro chico que acaba de entrar en ese instante al Bar. Un chico joven, alto, moreno de ojos claros, bastante guapo.
El se acerca más a la barra, y le pide la mano para acariciársela. Y luego la besa. Le da un largo beso en los labios. Es entonces cuando me doy cuenta de que ese chico es su novio.
Me termino la caña, pido la cuenta, pago y me acerco a la puerta del bar, pero antes de salir miro hacia atrás. Y me doy cuenta de que aquellos hombres buscan justamente lo que yo hace años buscaba, un refugio, una huída con alguna nueva conquista, algo que nos transporte a otra realidad. Mi vida antes era hermosa. La vida de aquellos hombres también lo es ahora. Pero las rutinas cansan, y te llevan a querer vivir locuras de adolescentes. Ellos no valoran en esos instantes a sus mujeres, a sus hijos, a su hogar, yo tampoco lo valoré en su momento, por eso mi mujer me dejó. Tal día como hoy, a esta misma hora, cuando llegué del bar en muy buenas condiciones pues tan sólo me había tomado un par de cañas esa noche. Mi mujer me estaba esperando sentada en la cama. Al entrar en la habitación yo tenía por costumbre no encender las luces para no despertarla, pero esa noche no dormía y las luces estaban encendidas. Fumaba sentada en la cama. Ella nunca había echo eso, estaba totalmente prohibido fumar en la habitación, pero en esos momentos eso carecía de importancia. Me miró a los ojos, y me dijo que todo se había terminado, que quería separarse de mi. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo, si que me habían salido caras las cañas esa noche -pensé-. Me han costado perder a mi mujer, a mis hijos, mi hogar, y eso si que no tiene precio. Yo recuerdo que lo intenté todo. Le supliqué, le dije que a la mierda el bar, que no iba a beber ni gota de alcohol. Que la quería, le dije que la quería, que sin ella no sabría vivir, que por favor se quedase a mi lado. Que si me dejaba yo iba a ser un desgraciado más en esta vida. Pero no pude arreglar de ningún modo aquel error que yo mismo llevaba cometiendo desde hacía ya algún tiempo. Al siguiente mes ella ya tenía las maletas echas, y la separación preparada. Firmé, todo de mutuo acuerdo, aunque yo no quería perderla. Me encontré delante de su abogado, delante de ella, que no echó ni una sola lágrima. Porque ya lloró bastante todas esas noches en las que yo no estuve a su lado. Y yo aguanté mis lágrimas para que me viese fuerte, pero por dentro me moría de dolor. Luego vi a mis hijos por la tarde, ellos estaban ajenos a todo, me dijeron que se iban de vacaciones a casa de la Abuela a Valencia con Mamá y me preguntaron que por que yo no iba con ellos, y yo les sonreí y les mentí, les dije que tenía que quedarme aquí trabajando, para que ellos no se dieran cuenta de que yo estaba mal.
Lo perdí todo y me sentí el hombre más idiota del mundo. Me fui a vivir a casa de mi madre, con una depresión de caballo. Perdí mi trabajo, me echaron porque no atendía bien a los clientes y a la empresa les llegaron noticias mías, todas muy malas, y el jefe me puso de patitas en la calle por mi comportamiento. Yo no tenía ganas de buscar otro trabajo, me sentía inútil.
Sin trabajo no podía pasarle la pensión acordada a mis hijos, y eso era lo que más me dolía. Por eso perdí a mis hijos, han pasado ya varios años sin verlos, sin hablar con ellos. Mi mujer tampoco me llama, ni yo a ella, porque cuando cojo el teléfono para marcar su número caigo en el llanto y la desolación, se me cae la cara de vergüenza y me convierto en un cobarde.
Ahora extraño tanto aquello que perdí. Por eso voy al bar, para intentar buscar el recuerdo de aquello que perdí, y aquello que no encontraré.
A mi mujer, y a mis hijos, ya no los puedo recuperar. Y ahora me encierro en la idea de volver a tener mi vida cerca de mi, pero eso ya no lo puedo conseguir, porque la vida no es un juego, como no lo era mi mujer, que tantas noches se dormía a solas con la soledad de una cama vacía mientras yo me perdía en la barra de algún Bar. Todo aquello hoy me pasa factura. Y sé que me lo he ganado a pulso.
Por eso yo he mirado a esos hombres y he deseado rescatarlos y llevarles a sus casas, con sus mujeres y sus hijos.
Porque ellos aún están a tiempo, para mi ya es tarde.
Autor@: eigual
Aunque de igual te lo dijo eigual a las 02:51 AMTu relato es precioso, no dejes de escribir porque "no encaje" en el estilo de quien quieres que te lo publique. Has probado a enviar estos relatos a un concurso de esos que hacen algunos ayuntamientos??? igual es el trampolín de salida no???
En cualquier caso porfa no dejes de escribir! Un beso