Mayo 14, 2004

Miércoles, 5 de mayo de 2004

Las clases de hoy en el colegio –sólo dos horas los miércoles- han sido bastante anodinas, nada digno de ser reseñado, nada digno de nada. He estado con mi tía T entre clase y clase; tengo los miércoles un pequeño hueco de nada (total, 4 horas y media: el intervalo máximo entre la primera hora de clase y la última), obra de la atenta persona que planeó los horarios para todo el curso; siempre voy a su casa, mucho más cercana al colegio que la mía, a pasar la mañana y hacer algo. Hemos hablado de Isabel II y sus circunstancias, tema en el que soy casi totalmente lego, y me ha contado algunas cosas interesantes que, al parecer, ayer le recordó un documental televisivo bastante cutre, de ésos que tan bien engañan (te crees que sabes algo). Luego ella tenía trabajo y yo también, así que lo hemos dejado. Tengo ganas de volver a verla el sábado.

Por la tarde he tenido clase con C; antes, mientras aún vivía con mis padres éramos vecinos, ahora ya no. Estudia 2º de bachillerato, y es una chica encantadora. Tiene un novio, R, que creo que no le llega a la suela del zapato y, no obstante, debe ser simpático, por lo que me cuentan unos y otros, y muy estudioso (o mejor aplicado) pero nada serio. Ahora han tenido algún problema, que si no sé si te quiero, que si sí, esas cosas. El lunes fue el cumpleaños de C (18; quién los pillara) y lo había celebrado el sábado con sus coleguis: comida a mansalva y bebida algo menos, fue en su casa y hay que controlarse, que en cualquier momento aparece el padre y nos lleva a todas a casa de las orejas. Es muy simpática, pero tiene que aplicarse más con los estudios o, al menos, con la asignatura en la que le ayudo.
Ayer tenía clase con mi otra alumna particular, M, se llama como M, y, durante el transcurso de la clase, llamó, delirante, la madre de mi amiga, mi superamiga N, mi N sólo. Mi compañera de piso Na se comió el marrón enterito por no interrumpirme y me lo contó después extasiada del asombro. Al parecer, la madre de N, A, ha visto la espantosa factura de teléfono en la que nuestro número aparece casi a diario, y quiso saber quién vivía en esta casa, o sea, yo. La pobre Na tuvo que hacer piruetas lingüísticas para no darle cuerda y al mismo tiempo no decirle claramente si a quien su hija llama es hombre o mujer, porque no sabía qué hacer ni decir. Lo hizo muy bien. Dice A que hace tres semanas que no habla con su hija, mi N, pero la verdad es que no me lo creo, porque cuando yo estaba también allá, en el extranjero, donde N continúa, hablaban casi a diario o a diario, o dos veces el mismo día. Cuando hable hoy con N la abroncaré un poco por haber dado lugar a que me llame su madre (!!!) Aún estoy perplejo.
Mañana como de nuevo con mis padres; a ver cómo están. Creo que aún no se han acostumbrado a no tenerme en casa y, sin embargo, tan cerca, a 20 minutos de coche, en la misma ciudad, muy asequible. Todavía no han visto la casa que alquilo, ni la habitación en la que duermo, ni la cocina en la que cocino, como, ceno y desayuno y río con mis compañeras; aún no han visto el lugar en el que vivo, y no me gusta. No. Sospecho que mi padre no vendrá jamás ni me llamará nunca por teléfono y evitará el tema en todo lo que pueda, salvo para zaherirme cuando meta yo la pata en alguna bobada, y que mi madre sólo vendrá tras hacerse mucho de rogar e insistir en que no quiere y no quiere y no quiere. Mi hermana B ya ha venido; supongo que habrán cotilleado bastante.

Escrito por Desubicado a las Mayo 14, 2004 09:04 PM
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