
Sí, pero también resulta que, las tazas con las rodillas lastimadas y la foto que alguien se tomó a las 3.47 de esa precisa tarde que hubieras olvidado de no ser por, una voz que asesinaste y sin embargo, el paso lento de la lava y la ceniza haciendo coágulos en la esperanza cuando querés arrugar la hoja de ruta de tu vida para empezar de nuevo pero, una llave de arcilla para una puerta que sólo puede abrirse una vez y todavía no usaste por si mañana, la página del libro que leías antes de la congoja de este instante mortal que ahora se fue a dormir el mismo sueño de tus fantasmas, tres moneditas islandesas que te sangran por las veces que te quedaste del lado del que no se fue, el próximo movimiento que te suspenda como un alfil en el aire para ubicarte en una casilla igual a todas pero nueva porque, ese paso que ahora sentís no podés dar, la mano de alguien que no esperabas encontrar del otro lado del puente donde dejaste el eco y dice yo te sostengo, aunque no sea más que un espejismo.
Alguien que no esperabas encontrar y dice yo te sostengo.
El espejismo que te da la mano en lugar de.