Mayo 31, 2004

abrí los ojos V

Subo las escaleras. Ya estoy en casa. Al final del pasillo le veo, sentado en la cocina, las manos le sujetan la cabeza, mira hacia el suelo, los codos en la mesa, los ojos cerrados, pensando, triste.
Atravieso la distancia hacia donde está. Le abrazo. Le pido perdón. Me mira, sus ojos están llenos de lágrimas. Cogemos el coche. Meto las llaves, pongo primera. Cómo ha pasado todo tan rápido. No sé de qué ni cómo. Pero ha pasado. “Ha muerto” eso el lo único que me ha dicho. Alberto no me habla ahora. Volvemos al hospital. Estamos cerca. Subimos las escaleras y corro al final del pasillo. Ana, allí está. Todos se abrazan. El nerviosismo me puede. Lloro como una niña. Yo que nunca lloro por nada, que puede que me lo guarde todo,… no puedo aguantar. Me duele. Me duele mucho se ha ido, se ha ido y no sé… María.
Alberto me abraza, hace tiempo que no lo veo tan triste y emocionado. Al verme me estrecha en sus brazos, me agarra para que me de cuenta de que él está ahí. Le quiero. Desde el primer beso sé que le quise y ahora más que nunca le tengo ahí. Desconsolada vuelvo a casa. Ahora es él quien conduce. Está atardeciendo. Veo el sol desaparecer entre las montañas. Todo se ha ido en cuestión de nos minutos. Todo desaparece.
Según los médicos tuvo un ataque al corazón: “era joven, pero a veces se dan estos casos”. Ana ha tenido que ser atendida por psicólogos, yo simplemente debería calmarme y no pensar en nada negativo, me consuela tenerle. El funeral es mañana, descansaremos.
Alberto hace la cena, aunque yo no tengo hambre él me anima a comer. Intenta sacarme una sonrisa, aunque sea sólo una para alegrarme, pero mi tristeza es profunda. Me tumbo en la cama y él me arropa. Me quedo dormida. Me besa en la frente.
Me despierto. Son las siete de la mañana. Una pesadilla no me deja dormir. Me levanto. Despierto a Alberto. Sigo cansada. Él me estrecha entre sus brazos y me acaricia el pelo. Me siento segura. Hoy a las doce es el funeral. Nos vestimos. Nos vamos. Todo el mundo está allí: Ana, la hermana de María, Pablo su otro hermano, Manuel su padre. Dura una hora y después nos vamos con la familia. Les acompañamos durante todo el día. Llega la noche y nos vamos a casa.
Al día siguiente ya es lunes. Todavía tengo una conversación con Alberto. Tengo que hablar con él pero ya se ha ido. A la hora de comer sin falta lo haré. No entiendo que ha pasado. Lo hablaremos.

Escrito por lluna a las Mayo 31, 2004 10:45 PM
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