Diciembre 21, 2005

ALBERTO SATO dicta lecciones de cómo usar el cepillo de dientes

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EDITORIAL DEBATE- Colección Actualidad.
Articulo publicado el Miércoles, 9 de noviembre de 2005. Por:Venezuela Analitica

Un curioso grupo de reflexiones sobre los hechos más comunes de la vida queda reunido en Cotidiano. Manual de instrucciones, la más reciente obra del reconocido diseñador industrial y arquitecto Alberto Sato Kotani, quien desde las dimensiones de lo externo y lo interno del entorno más inmediato a todo ser urbano, se dedica a observar y contar

Más allá de su utilidad, los objetos que inevitablemente narran la crónica del quehacer cotidiano de los seres humanos, son en sí mismos pequeñas expresiones de libertad. El diseño, tal como lo concibe Alberto Sato Kotani, está más allá de ese halo que siempre se le ha puesto encima, únicamente relacionado con la estética y se manifiesta como la forma más tangible de pensamiento –o de resolución de problemas-, para quedar definido como metáfora de esa libertad tan extrañada a diario por el hombre.

Este particular tema es abordado por el diseñador y arquitecto en el nuevo título de la colección Actualidad de Debate, a través de una serie de anotaciones hechas sobre el entorno de trabajo, que es a la vez campo de observación: la realidad de todos los días.

Impresiones, datos históricos, costumbres y algo de fantasía quedan retratados en 66 capítulos que recrean esa constante e inconsciente relación del ser humano –y urbano- con el alma de los objetos que le rodean, que viene manifestada también en el alma que él mismo les aportara al crearlos a partir de la materia prima.

Este libro viene a complementar la colección Actualidad de Debate, en ese deseo de mostrar también lo que la mirada única de un conocedor y estudioso, que recopila información y analiza datos durante años, es capaz de reflejar.

Como no resulta sencillo explicar lo que Sato aquí refleja, valga citar aquí algunos capítulos que sirvan de ejemplos ilustrativos: “La lección de la banana”, una fruta que nos enseña cómo el diseño de la naturaleza puede facilitarlo todo; “La orfandad de los anuncios”, que relata cómo el hombre de hoy dejó de llevar un cartel en el pecho (aquél patético hombre-sandwich del pasado) para llevarlo en la conciencia; “Sonidos residuales”, una visita a la alienación de los audífonos y “El sonido de las cosas” que pone oído al tambor de las vibraciones producidas por lo que nos es más cercano.

Alberto Sato Kotani es diseñador industrial y arquitecto. Fue profesor y director del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas de la UCV y actualmente se desempeña como decano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Andrés Bello, en Santiago de Chile.

Escrito por Parafrenia a las 09:37 PM | Comentarios (1) | TrackBack

EL VIAJE

Excelente relato escrito por uno de mis humoristas venezolanos favoritos

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Escrito por: Otrova Gomas

Creo que fue a fines de los años sesenta cuando conocía a Estufio Valbuena. Ya pare esa época se había iniciado en la droga y prácticamente estaba bajo su completa dependencia. Esto no habría tenido nada de particular si Estufio Valbuena hubiera sido un drogadicto cualquiera, un adicto a la marihuana, a la coca o a cualquiera de los materiales duros. Pero lamentablemente estaba enviciado con el más mortífero y peligroso de los estupefacientes: la electricidad. Sí, la electricidad, Estufio se había iniciado al mundo de las drogas masticando pilas cuando era niño, luego siguió con las baterías de carro y finalmente se la suministraba con los enchufes de ciento diez voltios.

Recuerdo que siempre estaba nervioso. Miraba a los lados y cuando creía que nadie lo miraba, desenroscaba los bombillos metía los dedos en el sócate y luego pasaba el interruptor. Su rostro se transformaba. El éxtasis se reflejaba en la blancura de su cara iluminada y los ojos le brillaban como dos faros. Al principio duraba un minuto enchufado, mas tarde supe que a veces permanecía hasta dos horas conectado a una lámpara.

La última vez que lo vi antes de que lo hospitalizaran ya solo sentía placer con las descargas de 220 voltios. Dadas sus escasas posibilidades económicas que le impedían pagar los excesos de luz, se empleó en un taller que trabajaba con alto voltaje. Aprovechando las horas e descanso del personal se metía los cables pelados en el ombligo y en las encías. Después del impacto quedaba azul y bamboleándose. Las orejas lo delataban como un enfermo, y su jefe, al darse cuenta de donde venían los altos recibos por electricidad optó por despedirlo. Fue muy impresionante para aquél hombre ducho en el manejo del personal cuando Estufio le pidió que le pagara sus prestaciones en corriente de 220 voltios.

También supe mas tarde que lo habían botado de la clínica en donde lo internaron para desintoxicarlo, ya que no podían impedir que se robara la luz, y al final, para sentir placer tenía que estar mojado antes de agarrar el enchufe produciendo a cada momento un apagón. Ya harto el director del hospital lo echó a patadas una mañana cuando disfrazado de otro paciente trató de suplantarlo en la sección de electrochoque.

Vuelto una piltrafa humana, Estufio correteaba por las calles de la ciudad tratando de conseguir la costosa droga, pero incapaz de trabajar, recurría a subirse a los postes del alumbrado y como un desesperado desgarraba con los dientes y las uñas los cables de alta tensión. Lanzaba al piso algo para hacer tierra y se guindaba de ellos hasta caer completamente exhausto víctima de la sobrecarga energética.

Lamentablemente, como ocurre con todos los drogadictos, que siempre quieren algo mas fuerte, en los últimos tiempos Estufio no se conformaba con dos mil kilovatios; y en las noches de tormenta eléctrica se le vía solo, caminando como un zombi por los campos abiertos con una enorme vara metálica para atraer los rayos. Seis veces lo agarraron. Me dicen que en aquel viaje quedaba como fulminado batiéndose en un paroxismo delirante y revolcándose de placer mientras tomaba los colores del firmamento. Según cuentan los que han tenido viajes con drogas duras debía coger una nota increíble y sentirse como un iluminado dueño de toda la fuerza cósmica del universo.

Hoy, a doce años de haberlo conocido siento una honda preocupación, porque solo díos sabe cual será el próximo paso de mi desdichado amigo en la mortífera escalada de la droga.

Escrito por Parafrenia a las 09:27 PM | Comentarios (1) | TrackBack

Espiral de asfalto dudosamente silenciosa

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Por: Newton
(Recorrido “moderno”) Caracas como una arcologia

Calles y/o plazas de casi nulo tránsito a través de un paneo a la arquitectura ecléctica caraqueña, haciendo énfasis en el cóctel de imágenes sobre una transferencia en forma de plantilla traslucida, dejando como fondo el sonido de lo urbano. Se empieza con fotos de quintas antiguas, pasa por callejuelas solitarias llenas de garitas y termina con múltiples avenidas congestionadas.
Un recorrido “moderno” que no implique necesariamente una reflexión aguda, es un simple transitar por parte de la historia; del libro académico a lo actual, y de ahí, a lo dinámico de un futuro lleno de montañas de basura sin reciclar…
El proyecto utópico, el “render” como imagen fantástica y esas estructuras flotantes como espacios inexistentes, sociológica mente hablando, en la realidad y sin esperanza de futuro…
Una imagen cabeceando (mi video), una imagen cruzando un rayado sin mantenimiento (mi otro video), una onda creada, un sueño que no termina, una Caracas sin historia presente…

Escrito por Parafrenia a las 07:27 PM | Comentarios (0) | TrackBack