Que pena que sigamos cometiendo los mismos errores. Una y otra vez. Como si se tratase de un ritual semanal.
Nos equivocamos más de lo que creemos diariamente. Pero nos auto compadecemos de nuestros errores, cuando lo único que hay que hacer es intentar cometer menos. Los errores son como la muerte, que cuando ocurren ya no hay marcha atrás. Te marcan. Te condicionan para el resto de tu vida.
Lo único bueno que tienen los errores es, que a la vez que nos joden la vida, nos enseñan la verdad de la misma: aprendemos de nuestros errores, porque aunque no lo notemos crecemos con ellos.
Pero es una pena. No podemos desperdiciar ni un día quejándonos por lo que no hicimos, o dijimos o queremos hacer pero no podemos. Tenemos que despertar por la mañana, mirarnos en el espejo y sonreír porque estamos vivos, porque no es tarde para nada: todo lo que te propongas puedes conseguirlo, solo tienes que comenzar a andar, a caminar ese camino, para alcanzar esa meta que tanto anhelas conseguir.
A veces no quejamos porque el amor nos ha dejado secuelas, porque ella nos dejó, y la seguíamos queriendo, porque se fue con otra, o porque en realidad nunca nos quiso: porque te engañó.
¿Por qué no pensamos en lo bello que fue amar en vez de en el veneno que nos dejó?.
Porque ese veneno desaparece cuando se termina el rencor y los malos pensamientos.
Si ella no te quiso, ella se lo perdió.
Tu corazón se volverá a abrir desde que tú abras los ojos y veas a esa persona, que tiene otro cuerpo, otro rostro, otro corazón. Verás a esa persona que se muere por compartir un trocito de su vida contigo (o muchos trocitos).
Sí, estoy hablando de que nunca tienes que cerrar las puertas al amor. Porque amar y ser amada es lo más bonito de este mundo. Y todos necesitamos el amor para vivir. Todos necesitamos sentirnos queridos y necesitados.
Todos necesitamos compartir nuestra vida y nuestros sueños con alguien.
Que gracioso, ayer mi madre colocando unas estanterías, ha cogido tu camiseta, la que yo cogí “de nuestra casa” y la ha doblado muy bien y colocado encima de mis camisetas, y el olor a ti que aún perduraba en la camiseta ha contagiado la camiseta blanca que uso para ir a trabajar, y cuando me la he puesto me ha dado un vuelco el corazón porque te he olido y he mirado asustada a todas partes, con el corazón acelerado, hasta que me he dado cuenta de donde procedía el olor.
Las cosas de la vida. Cuando tienes las cosas no las valoras 100 por 100, pero cuando no las tienes, hasta un olor te sorprende y te pone el corazón a 1000.
Esto es ni más ni menos que un aprendizaje para aprender a valorar lo que nos rodea de una forma más intensa.
Quizá sepa quererte más y mejor ahora que no te tengo.
Si podéis, escuchar una canción de la 5º estación que se llama: La frase tonta de la semana. Es preciosa.
Salir a la calle con esta tristeza debería estar prohibido.
No debería existir.
Desde que cierro la puerta de esta casa me pongo las gafas de sol.
Mientras camino por la calle temo encontrarme con alguien que me conozca y descubra mi tristeza.
Voy a trabajar, sacando fuerzas de una ilusión quizá. Y porque cuando estoy trabajando soy capaz, si me concentro bastante, de estar media hora sin pensar en todo esto: en lo que me provoca la tristeza y este nudo en la garganta.
Siento vértigo. Las calles me parecen empinadas montañas.
Voy por la calle escuchando una canción que me guste mucho y mi cabeza se pone a pensar: ¿me irán las cosas bien? ¿qué me tendrá preparado la vida de ahora en adelante?
¿me llamará ella? ¿espero su llamada?
Mejor no espero. Mejor no espero.
Señores y señoras quiero colgar carteles y ensuciar vuestro pueblo con mi historia. Quiero contarles lo que me provoca esta tristeza.
Quiero colgar en las paradas de autobús mi corazón partido, si eso es necesario para que vuelvas.
Decidle vosotros lo que siento. Vosotros que me veis llorar detrás de las gafas de sol cada mañana, cada tarde.
Decidle cuantas veces miro el móvil cuyo silencio hace que me pierda en mis pensamientos.
Decidle que sigo aquí. Que escuche de nuevo aquella canción que le escribí.
Que todas aquellas palabras que un día le hicieron llorar son ciertas.
Decidle que ¿que va a ser de mi? -sin ella-.
Pero decírselo ya, por favor...
Si te falta una camiseta, no la busques intranquila.
Te falta porque yo te la he quitado, y la he metido en mi maleta.
Por las noches, cuando me meta en la cama, tu camiseta también se meterá conmigo. La abrazaré pensando que te abrazo a ti.
Comenzaré a llorar. Te echaré de menos. Aspiraré tu olor impregnado en la camiseta.
Deslizaré mi brazo, mi mano, por la cama, sin encontrar tu cuerpo.
Cuando al fin consiga dormirme soñaré contigo y diré tu nombre en sueños.
Por la mañana despertaré y buscaré tu camiseta de forma desesperada. Y la encontraré enredada entre mis piernas.
La cogeré con cariño y la meteré debajo de mi almohada.
Durante el día me arrepentiré una y mil veces de tener tu camiseta en mi cama.
Pues tu olor a la vez que me da paz me causa tristeza.
Porque quiero abrazar tu cuerpo, no tu olor.
Porque quiero que sientas mi abrazo, no mi ausencia.
Porque quiero que te pongas la camiseta.
Porque quiero quitártela.
Porque ya no se como decirte: NO TE VAYAS.
No se si te acuerdas........, o si te suena de algo esta foto:

Esa foto la hice un día, con el móvil. Estábamos juntas, tomando café, en aquella cafetería que nos encantaba, y que luego nos dejó de gustar porque en vez de ColaCao te servían otros polvos.
Tu siempre te pedías café: café sólo sin azúcar.
Pero ese día nos pedimos dos tazas de chocolate: una para ti y otra para mi.
Hice esa foto porque mi madre siempre dice que las personas que están enamoradas hacen eso con las servilletas y suelen dejarlas encima de la mesa o en el suelo.
Yo estaba enamorada, y sin darme cuenta, mientras te miraba acumulé un montón de servilletas rotas encima de la mesa.
¿Sabes? En esos momentos tenía que haberte dicho muchas cosas. Como por ejemplo lo guapa que estabas. O lo mucho que me gustaba pasar mis horas contigo.
Tenía que haberte dado un beso donde me viniese en gana, o buscar tu mano mientras caminábamos por la calle.
Pero no fui capaz. Pensaba en la suerte que tenía de compartir contigo "tantas cosas" y me quedaba sin voz, inmóvil y al final resulta que no hacia nada.
Aún puedo recordar el vuelco que me producías en el estómago cuando te veía llegar. O cuando te mandaba un SMS, y en ese preciso instante aparecías tú.
Aún recuerdo tu cara. Y eso que tengo muy mala memoria. Pero esa sonrisa y esa mirada que me ofrecías es imposible que la olvide.
A pasado tiempo. El tiempo es inevitable que no pase. Las cosas han cambiado. Pero yo sigo sintiendo ese cosquilleo en el estómago cuando pienso en ti.
Que miro el reloj y pienso en que ya te queda menos para llegar a casa.
El tiempo, como digo, ha pasado. Y no he sabido aprovecharlo contigo.
No he sabido hacer las cosas como debiera.
Y ahora, cuando ya es tarde pretendo hacerlas todas a la vez. Intentado deshacerme del nudo que se forma en mi garganta.
Te sigo esperando: y no es costumbre. Es que sigo enamorada.
"Ismael Serrano"
------------------------------------------
He llamado a mi psiquiatra.
Le he dicho que las pastillas esas azules y naranjas no me hacen efecto.
Que sigo estando "loca de amor".
Ella se va de mi lado, tiene usted que hacer algo -le digo-.
Él me dice que el amor se cura, que un amor se va pero que otro llega, y todas esas cosas que te dice un psiquiatra que cree conocer lo que te pasa.
Me meto en la cama, y allí intento revivir aquellas caricias que una vez fueron reales y ciertas.
En un arrebato de desesperación cojo el teléfono y llamo a mi psiquiatra:
¿Ella no va a volver, verdad? -le pregunto con la voz quebrada-.
No, ella no va a volver.
Ya no le necesito Doctor. No quiero más pastillas, ni sus consejos, esos que hasta yo misma me puedo dar. Ya no necesito hablar con usted.
Cogeré el teléfono y la llamaré, solo ella me puede dar la esperanza que necesito. Y esa esperanza no me la puede dar usted, ni las pastillas naranjas.
Adiós Doctor. Ya no le necesito, ni a usted, ni a su confortable sofá.
La llamo a ella. Los dedos me tiemblan al marcar. La boca se me empieza a secar. ¿Qué le digo?. Toso, me aclaro la voz.
Me contesta... pero no es su voz. Es otra voz, otra voz más dulce que la mía.
Más triste y más cansada vuelvo a la cama.
Una ventana me sonríe, me tienta con que la atraviese. Con que me lance al vacío.
Alargo la mano hasta el reproductor mp3, y escucho esta canción...mientras otra, quizá, escuche tu voz en una cama grande, grande como esta tristeza y soledad que siento sin ti.
Rescato este vídeo.
Después de buscar durante media hora en el Youtube y no encontrar la canción exacta que me gustaría dedicarte......sí. Sigo gastando la misma torpeza.
Y para eso siempre estás o estabas tú, para venir y darle al play y hacer sonar justo la canción que yo estaba buscando.
Tienes o tenías la suerte de conocerme más de lo que yo misma me conozco.
Para mi era una forma más de amarme.
Dicen que solamente sucede en las películas. O en los cuentos de ficción.
Es mentira.
Ahí fuera, hay una vida llena de sorpresas. De esas sorpresas que no encuentras en los cines, ni en el videoclub y ya ni en el E-mule.
Porque estas sorpresas no son como las que venden en las taquillas de cine, o en el Corte Inglés, en el panel ese de la suerte.
La mejor sorpresa te la encuentras en la puta calle.
Cuando vas en el auto bus y un joven no hace más que mirarte.
Y mirarte.
Y tu te escondes bajo tus gafas de sol y la tristeza que ahora mismo sientes.
Y le miras. Y piensas: ¿Porqué coño me mira tanto?.
Seguro que me ve delgada y fea. Que triste me resulta todo.
Le doy al pulsador rojo. Mi parada a llegado. Sólo quiero bajarme de este auto bus y volver a subirme mañana: mañana será otro día. Mañana vuelve a salir el sol: solo le pido al día de mañana estar un poquito mejor.
Me pongo de pie, el auto bus está apunto de llegar a la parada.
El muchacho que miraba también se pone de pie. Se acerca a mí.
¿Tú eres eigual, la del blog? -me dice-
¿Cómo? -exclamo- -esto debe ser un puto sueño-.
Perdona, quizá me estoy equivocando. Es que estaba ahí sentado, y te he reconocido por las gafas de sol, pero si no eres tú disculpa...
[le miro, le miro, porque nada de esto puede estar pasándome a mi, ya son unas cuantas las veces que me han reconocido por la calle, y me parece muy extraño todo esto]
Sí, soy yo, eigual -le digo sonriente-.
Me llamo Sergio, te leo casi desde que empezaste el blog. Te he comentado varias veces, pero nunca me has dicho nada. Me encanta tu blog, es una lástima que te hayas ido de esta manera.
[Yo solamente puedo mirarle, su mirada es de admiración. Como si hubiese conocido hoy en el auto bus a su futbolista favorito o a su cantante preferido. Me siento importante].
Te admiro mucho. Lo que escribes siempre me a ayudado a afrontar algunos problemas en mi vida: te debo unas cuantas.... -me dice agarrándome el hombro-
Mi parada llegó.
Me tengo que bajar. Déjame un comentario en mi blog con tu dirección de correo: tienes una amiga - bajo rápidamente del auto bus-.
Y escucho a voz en grito:
Vuelve a escribir: Nosotros no merecemos tu ausencia.
Y el corazón me ha dado un vuelco, y sólo deseaba venir aquí y escribir un post.
Y entregar a partir de ahora varías horas de mi tiempo a escribir y a darle un cambio de imagen a este blog. Así parecerá uno nuevo.
GRACIAS POR TODO SERGIO.
Que no soy imprescindible ni única ya lo sé. Nada en esta vida lo es.
Como tampoco lo eres para la persona que te ama. Porque un día, el menos pensado, se despierta y te dice "que te ha dejado de querer como antes".
Y quizá no te ha dejado de querer como antes, sino que ambas, os habéis dejado de querer como antes. O que simplemente estabas enamorada de algo que no existía: de una ilusión.
Digo adiós a este blog con los que tantos buenos ratos he pasado. A Internet. Le digo adiós con la mano alzada y la boca pequeña. Porque decirle adiós a algo que has amado tanto te produce una herida en el pecho difícil de curar.
Os digo adiós a toda la gente que con sus comentarios, e-mail e incluso llamadas telefónicas siempre habéis estado ahí para lo que he necesitado.
Para entregarme cada palabra en el momento justo y adecuado.
Me voy simplemente porque ya no se estar aquí. Porque me pierdo en mi vida a la hora de escribir, y no se por donde empezar.
Porque ahora mismo mis palabras en vez de agradar, pueden doler: porque es dolor lo que siento.
Un dolor que tengo que curar yo sola, con la ayuda del tiempo.
Me voy con mi maleta, sin rumbo a ninguna parte. No se donde terminaré, pues en mi bolsillo solo quedan 60 Euros y un montón de ilusiones y promesas rotas.
Os doy las gracias a los que , cuando mi rumbo se ha perdido junto con mis ganas de seguir adelante, me habéis ofrecido vuestros corazones e incluso vuestra casa.
Me demostráis cada día que lo más importante en esta vida es la amistad.
Espero de ahora en adelante cuidaros más de lo que anteriormente he hecho.
Tengo miedo ¿y quién no lo tendría?.
Algún día nos volveremos a ver. Tendré otra vida, y espero: otro Blog. Más bonito. Menos oscuro. Más alegre. Y desde el lugar que esté os diré que soy feliz. Creo en esto. Porque aún creo en la vida y en el amor.
Porque si tienes sueños, tienes vida.
Os dedico esta canción con mucho cariño, a todos:
"Allí donde yo tenía un defecto, encajabas tú con una virtud".
Una de ellas es esta:
PUDOR.
De David Ulloa y Tristán Ulloa
La otra, es esta:
ENTRE MUJERES
Vente conmigo.
La ciudad está maldita; es una asesina.
Asesina de sueños: te roba las alas, y las convierte en polvo.
Vente conmigo.
Eres pequeña y yo soy grande,
necesito que me beses con tus ojos.
Vente conmigo.
Huyamos a donde tú quieras,
yo ya no se elegir,
porque lo que quiero es un sueño,
y mis sueños los engulle esta ciudad.
Vente conmigo.
Hagamos el amor por el camino.
Quiero que tus manos me deseen y tus ojos
no puedan, ni quieran dejar de mirarme.
Vente conmigo: se que crees en el amor.
Yo creo en ti y en mí.
Igual que creo en esas personas que mueren cada día
un poco más, por hacer realidad sus sueños.
Esta ciudad es asesina de sueños y de ilusiones,
y lucho contra ella.
Cada mañana, me despierto y la miro a los ojos,
tiene los ojos rojos, como un amanecer,
como un corazón que de dolor, sangra.
Me pregunto cuantas personas follan ahora en habitaciones de hotel como esta:

En esta ciudad, como en cualquiera, supongo, hay bastantes personas, no miento.
Y cuando salen del hotel con su pareja de la mano, parecen felices y enamorados.
Yo, y esta ciudad, les miramos con envidia escondid@s en cualquier esquina.
Y me quedo pensando: en si follar en una habitación de hotel es la felicidad....

La felicidad debería ser dormir abrazado a tu pareja por las noches: todas las noches. Y notar un cosquilleo a mitad de la noche por la espalda, porque ella te acaricia la espalda con la yema de sus dedos, y con el borde de sus labios.
Entonces te despiertas, y en la oscuridad, la miras a los ojos.
Ojos que en la oscuridad brillan.
Y dejar que en mitad de la noche se desate la pasión.
Y por la mañana despertar, y no saber si tus bragas están debajo de la cama o encima de la mesita de noche, o donde...
Oler a café y escuchar el sonido de sus pasos al otro lado de la habitación, de vuestro hogar....

Me he secuestrado a mi misma. Solamente me alimento de gusanitos Aspitos y zumo de naranja. Como tortura me he puesto un vídeo en el que cantan Marta Sánchez y Alaska. Pero parece que no son ellas, porque desafinan como nadie. En vez de cantar gritan. Van cada una por su lado. Asfixiadas. Casi les cuesta cantar. Pero no se de donde sacan las fuerzas para gritar. Y en vez de cantar gritan, y se saltan parte de la letra. Alteran su contenido.

Que tortura para mi, si no, véanlo con sus propios ojos:
La tortura hacía mi continuará. Hasta que consiga escribir algo que merezca la pena.
Entonces me soltaré. Dejaré de comer mierdas, y de ver a Alaska gritando y desafinando.
Y para más INRI veo un vídeo de Ana Torroja con David De María.
Veo a una Ana muy guapa, mucho. Y a un David intentado hacer la canción suya.
Si nos fijamos se ve también al Príncipe Felipe con Letizia y me quedo impactada.
Porque me hago preguntas, como por ejemplo que si es que hacen conciertos exclusivos para ellos o qué. Allí sentaditos. Uy, que lujo.
¿Qué? ¿Quieres que escriba?
[....]
Yo escribo porque escribir me hace ser grande. Porque crezco con cada palabra que escribo, con cada palabra que cobra vida desde que yo la escribo.
Soy capaz de escribirte sobre este mundo. De decirte que el mundo, que toda esa gente que camina por la calle, tienen corazón.
Soy capaz de decirte que ella piensa en ti. Que no se ha olvidado de que existes.
Yo puedo coger un lápiz y dibujar... hacer un dibujo con palabras.
¿Qué es eso? -me preguntas-
Yo te explico:
Eso es un dibujo con letras, que si las lees pueden gustarte o no. Pueden estremecerte o no. Pueden llenarte de colores, o no.
El día que mis palabras no te alcancen, no te rocen…tampoco lo podrá hacer mi piel.
Esto te lo podría escribir, decorarlo con palabras bonitas y de amor.
Pero a veces sucede que las palabras ya no sirven, ya no bastan.
¿No te ha ocurrido alguna vez? ¿Dime?
¿El querer decirle a alguien cuanto le quieres y no saber de qué forma o como hacérselo llegar?
Porque sabes que escribirlo en un papel no basta.
Porque sabes que escribirlo aquí no basta.
Porque en un SMS, no basta.
Es como si caducase en el momento en que se termina de leer.
[…]
Entras aquí.
Cuanto polvo. Cuanto tiempo sin mirar el negro/azul de esta página.
Página que hoy miro y duele, y hace un poco de daño, aquí, en el pecho.
El sueño de ganar el concurso de 20 minutos ya ha quedado lejos.
La gente que pensé que ganaría no ha ganado. Tampoco lo he hecho yo, aunque esto último estaba más que cantado.
Dicen que los sueños: sueños son.
Sigo mirando esta página y ahora por mi cabeza ronda la idea de dejar de escribir aquí.
Ocurre un día, un día que se te pasa por la cabeza hacer eso. Porque quizá te han pasado cosas, que marcan otras cosas, y en fin...
Aún tengo la decisión en el aire. No sé que haré. Ya veré. Mientras: escribiré.
Un saludo a todos....y a esa gente que estos días entraba a esta página y la actualizaba una y otra vez, a la espera de verme aparecer.
Mil gracias a todos.