escaladegrises


Con una automática en las manos todos los colores del mundo dejan de tener sentido
 
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Enero 02, 2004

Boiling blood

Los platos se amontonan en el fregadero, sumergidos en algo que en su día fue agua, agua corriente, y ahora un excelente objeto de estudio bio-bacterológico, mientras dentro de mi se repiten las mismas preguntas acerca de un puñado de cosas de naturalezas bien diversas, las de siempre, la muerte, el tiempo que ha transcurrido desde la última vez que follamos, la génesis de la belleza y el propósito de la existencia de ésta y su fragilidad y su poder y su capacidad para esquivarme, la enfermedad, el destino, el tiempo que transcurrió durante la última vez que follamos, mientras lo hacíamos, todavía lo recuerdo (es extraño).

El olor de tu sexo... no es de aquí. La muerte como síntesis última de la enfermedad, como resultado a una ecuación malévolamente simple. Tu boca, contra mi aliento, el olor de tu sexo sedando la locura del que ha pasado demasiado tiempo huyendo y esquivando puñetazos y balas y filos mellados de navajas y bromas inadecuadas y chistes sin gracia.

Y tu cuerpo.

Envía esos putos mails con esas asquerosas referencias a mensualidades no pagadas, cobra esa mierda de una vez. Busca clientes. Lava los platos. Ordena el dormitorio (¿Quién pudo dormir ahí anoche, en medio del huracán?). Deberías empezar a maquetar el número de febrero. Nueve. Ya nunca hace demasiado frío. Dormir en el sofá con frecuencia incrementa la inestabilidad emocional y cualquier desequilibrio psicológico que sufra uno. Hoy había sangre por todos lados. Y cagar dolía como desde hace algún tiempo. La muerte también escribe relatos breves. He llamado a tu casa, temía que lo cogiera él, como ha sucedido. He escuchado por vez primera su voz y he tropezado con tu nombre tetrasilábico como un oligofrénico borracho. No estabas. Habrás salido a pasear. La belleza, contigo. Miro alrededor, encuentro entre el desorden, esa sombra, en la esquina donde duerme, vestida de negro de noche y de día, sonriendo.

Buenos días, susurra.
Buenos días, respondo.