Black  Feelings

 

 
« Abril 2004 « Principal » Septiembre 2004 »

Agosto 25, 2004

Postcard

#01




Agosto 17, 2004

Ícaro

Deberías saber que no voy a estar aquí, para ti, cuando vuelvas.
Deberías saber que te querré siempre...

Como si uno de los dos hubiera muerto.




Agosto 13, 2004

Rocas

Mi perro murió ayer. Mira, todavía se reconocen sus arañazos en mis brazos, una hora después de ocasionar estas marcas estaba muerto. Tieso. Duro. Tenía diez meses. ¿Te duele la nariz? Me gusta mucho este disco. Mi familia es un poco pija. Mi padre, facha, de los de antes. Vine a buscarte y no estabas. Tenía un novio, y éste, a su vez, una personalidad abstracta... No sabría definirlo de otro modo. Se corría en cinco minutos. La mayoría de las veces. Mi Smart aparca en cualquier lado, ¿Ves?, Cambio de marchas automático, ideal para conductores incapaces, como yo ¿Quieres conducirlo? Voy a sacarte de aquí esta noche. Sé donde quieres ir. El agua está caliente, limpia y tranquila. Amanece. Nos parecemos demasiado. Me gusta la gente que compra fármacos genéricos. Mi hermana se asusta cuando acelero. No puede decirse que sea una intelectual. Me gusta venir aquí en invierno. Lo entiendo perfectamente. No sé lo que me ocurrió cuando nos conocimos. La verdad es que sí. Mucho. Solo no, cortado. ¿Porqué la internaron? Por favor. Ten cuidado, no te caigas. Ya no tiemblas. Sangra mucho. Lo siento. Lo siento. La verdad es que sí. Lo entiendo perfectamente.

Niégalo cuanto desees...
Tienes un cuerpo precioso.




Agosto 09, 2004

Sudor, pecas y horchata

Porque ni someter la voluntad de un cuerpo desconocido desentrañando la perversidad que encierra la naturaleza de su arquitectura vaginal, ni el ruido de los coches, derrapando, son lo mismo en verano.

-Perdona.
-Dime.
-¿Tienes fuego?

La conozco, viene al bar, sobre todo los Miércoles.
Suenan los primeros acordes de la pista número siete, otra vez, desde el reproductor portátil y pienso en romperle el vestido mientras, saco el mechero del bolsillo y se lo alcanzo.
Enciende el porro.

-Gracias.

Suele mirarme como si yo fuera un joyero, ella oligofrénica, y quisiera encontrar algo bonito adentro con que adornarse las orejas.

-¿Quieres fumar?
-No gracias, no consumo drogas.
-¿Ninguna?
-Ninguna ilegal.
-Eso está bien.

Sonríe.
Cuento mentalmente: Uno, dos, tres...
Amplía la sonrisa.
Cuatro, cinco, seis...
Se va.

Debo añadir, en su defensa, que sigue siendo más absurdo tumbarse en medio del desierto con objeto de broncearse, intentando sacar algún provecho de la circunstancia de haberse perdido, que desearme.
Aunque no sea guapo, aunque nunca haya merecido los problemas que ocasiona serlo.

Me dijeron que era bailarina, preciosa y que quería follar conmigo, hace unos días, unas amigas suyas. Lo siento, les expliqué, estoy comprometido desde hace un par de años con una chica increíble, producto de mi imaginación. No me creyeron.

Dos minutos después y calle abajo silbo al perro que llega corriendo.
La noche es fresca, amable. Tan solo.
Sin ti. Sin pajas.