Miércoles 07 de Abril del 2004

TIM

Chico OstraEl hombre desborda una fantasía cálidamente oscura. Además de dirigir buenas películas, despunta el vicio de la escritura en pequeños poemas.
Diminutos seres, tan extraños ellos, que desfilan por las páginas de un libro también extraño. Tal vez por esa cualidad, resultan queribles. Y tendemos a enternecernos cuando leemos palabras como las que componen La melancólica muerte del niño ostra, tal el nombre de las estrofas que le dan título al libro.
Espero que disfruten este pequeño regalo de Pascua. Eso sí, una recomendación para los padres: No hagan esto en sus casas... =P

Se le declaró en la costa, y en la playa fue la boda.

Su larga luna de miel
en la isla de Capri fue

Para la cena el mesero
les puso un solo platillo:
un gran caldo de mariscos.
La novia pidió un deseo.

Y el deseo se realizó.
Dio al fin a luz un bebé.
Pero éste ¿era humano o no?
Bueno, quizá. Tal vez.

Diez dedos en pies y manos,
y demás órganos sanos.
Podía sentir y escuchar.
Pero ¿normal? No, ni hablar.

Este engendro antinatura,
Este cáncer indecente,
Era la imagen viviente
de toda su desventura.

Ella se quejó al doctor:
No es hilo de mi madeja.
¿De donde sacó ese hedor
a salmuera, pez y almeja?

Y ha sido usted afortunada.
Yo la semana pasada,
traté; a una niña con pico
y tres orejas. ¿Me explico?
Si es mitad ostra su niño,
búsquese a otro a quien culpar.
-Y añadió con cierto guiño -
¿Se ha puesto a considerar
una casita en el mar?

No sabían como llamarlo.
A veces le decían Carlo
y a veces -con voz perpleja-
eso que parece almeja

Encogido el corazón,
Ninguno en verdad sabía
si el chico ostra algún día
rompería el caparazón.

Los cuatrillizos Montalvo
cierta vez se lo toparon.
Le espetaron un ¡Bivalvo!
y enseguida se escaparon.

Una tarde en que llovía,
Carlo se sentó en la calle.
Y miró arremolinarse
el agua en la alcantarilla

Aparcada en la cuneta,
conmovida y afligida,
su madre daba salida
a su congoja secreta.

Ya se habían acostado
una noche, y ella dijo:
Cariño, huele a pescado
y yo creo que es nuestro hijo.
Y aunque dicen que una dama
debe callarse esas cosas,
me parece que le endosas
tus problemas en la cama.

El probó cuanta loción
pudo hallar en el mercado.
Tenía el cuerpo colorado
y comezón, comezón.
Y de rascar y rascar
la piel le empezó a sangrar

El doctor, tras una pausa,
dijo: El remedio a su mal
podría ser su misma causa.
Las ostras, como sabéis,
dan gran potencia sexual.
Supongo que si os coméis
a vuestro niño podréis
saciar el ansia carnal.

Se acerco muy de puntitas,
muy a oscuras y en celada,
porque no notara nada
quien le daba tantas cuitas.
Y en voz muy baja le dijo:
Carlo queridísimo, hijo:
no quisiera interferir
ni causarte desconsuelo.
Pero ¿has pensado en el cielo,
o te has querido morir?

Carlo parpadeo al oírlo
pero no le dijo nada.
Su papi apretó el cuchillo
y se aflojó la corbata.

Cuando lo levantó en vilo,
Carlo le mojó el abrigo.
Y en su boca ya la valva,
se escurrió por su garganta.

En la costa lo enterraron,
en la arena, junto al mar.
Una oración murmuraron
y se fueron a cenar.

Una cruz que daba pena
marcaba su sepultura
y unas letras en la arena
prometían vida futura.

Pero al subir la marea
una ola grande y fea
borró sin pena ni gloria
para siempre su memoria.

De regreso en el hogar,
él se le empezó a acercar.

Le besó y le dijo: Bella,
hagamos otra faena.
Pero esta vez –susurró ella-
pidamos que sea una nena.

Escrito por J.E.L.
Comentarios
Escribe un comentario









¿Recordar datos personales?

Vista previa automática






 
U.R.L. para Referencias a esta entrada:
http://www.zonalibre.org/cgi-bin/mt-tb.cgi/6117

Lista de referencias a esta entrada.