15 de Noviembre del 2005

Carta a un profesor que siembra y cosecha

No soy rencoroso y me cuesta reconocer que alguna vez lo haya sido, pero me pones en serias dudas sobre si debería o no hacerlo. Desde luego no es porque no te merezcas la misma falta de respeto hacia ti que profesa hacia los demás.

Quiero creer que eres así porque los traumas infantiles persiguen a la gente allí a donde van. Que en el fondo eres una persona honrada que lo que más le interesa es que aprendamos, por encima de sentirte un poderoso profesor con ese poder de decir lo que se te antoja esperando que nadie te diga al oído lo equivocado que estás y lo que pensamos cuando lo haces y levantas la barbilla.

No seas tímido, yo invito Me decepcionas como profesor y como educador, si bien es cierto que "el que sabe aprende, el que no sabe enseña" y en tal caso nadie mejor que tú. Tú estás condenado a enseñar. Aunque sí te recomendaría que te lavases la boca y la dignidad que te queda para no decir algo que delata tu precaria posición en los eslabones de la evolución social cuando, algunas veces, sonríes con una mueca y abres la boca.

Para que todo el mundo pueda opinar de forma objetiva, y obviando muchos más datos acerca de lo ocurrido en el examen de hoy, comento tan solo una de tus acertadas frases: "este exercicio poñenllo a eses vellos que teñen Alzheimer para probar a sua axilidade mental" es decir "este ejercicio se lo ponen a esos viejos que tienen Alzheimer para probar su agilidad mental". Palabras a la altura de su autor.

Pero yo no te guardo rencor ni te reprocho nada, bastante tienes ya con ser como eres y no poder ser de otra forma.

Pensado por algo más que huesos a las 18:21 | Categoría: cebollas con hueso
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